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El viento será el protagonista de este domingo en Cataluña, de componente norte y especialmente entre mediodía y primera hora de la tarde, informa el Servicio Meteorológico autonómico (Meteocat), que alerta de una situación peligrosa para realizar actividades en el exterior. Por ahora, el vendaval que azota el norte de Cataluña ha registrado rachas de hasta 168 kilómetros por hora en Portbou (Alt Empordà), 154 en el santuario de Queralt (Berguedà) o 135 en Darnius (Alt Empordà). El tiempo estará también alterado en el extremo norte del Pirineo, con nevadas continuadas y más de 30 centímetros de nieve nueva en cotas altas. Protección Civil recomienda restringir la movilidad en seis comarcas: Solsonès, Berguedà, norte de la de Cerdanya, Ripollès, Garrotxa y Alt Empordà. Solo hasta las 8 horas de la mañana, Protección Civil ha recibido 111 llamadas vinculadas al episodio de viento en el tercio norte. Y los Bomberos han recibido 170 hasta las 10:30, la mayoría por objetos caídos.

No hay grandes epifanías, ni momentos asombrosos. No son conciertos que pasmen ni que marquen un antes y un después en la vida de quien los escucha, de los que sale bajo los efectos de una conmoción. Suzanne Vega es como la vida misma, una pequeña colección de acontecimientos que gana peso en su conjunto, viviéndose sin grandes aspavientos, sin alharacas, casi sin ruido. En un momento en el que parece que la música es estrépito mediante ventas descomunales, suma de conciertos enormes, grandes montajes y giras sin fin, esta artista que ya vivió la explosión de la fama de jovencita es ahora esa hermana mayor que cuenta sus historias agridulces siempre con dulzura, y que como todo espectáculo se pone un sombrero de copa al iniciar y acabar con su ristra de relatos. Es como salir de casa para estar en casa fuera de ella.
Que Mercedes iba a estar por delante en el arranque del Mundial de Fórmula 1 era una sensación que empezó a calar en el paddock del campeonato mucho antes de que los monoplazas diseñados en base a los parámetros del nuevo reglamento pisaran la pista por primera vez. Los primeros tres grandes premios de la temporada han dado una medida aproximada de cuál es la dimensión de esa ventaja, aunque no es fácil saber si el coche de la marca de la estrella ha mostrado ya todo su potencial, o si circula a medio gas y se reserva más madera para más adelante en caso de que la competencia empiece a apretar. Al margen de la gresca de las primeras vueltas, potenciada por la naturaleza de la nueva normativa, el estreno en Melbourne y el paso por China ya dejaron clara la superioridad de las Flechas de Plata. Por distintos motivos, la tercera cita, en Suzuka, no ayudó demasiado a acotar la magnitud de esa superioridad. Por la torpeza de Kimi Antonelli, que se quedó clavado en la salida y con los neumáticos quemando goma —pasó de la pole a la sexta posición—. Y por la mala suerte de George Russell, su compañero, a quien la aparición del coche de seguridad en la vuelta 22, por el accidente de Oliver Bearman, hundió en la miseria cuando lo tenía todo de cara para llevarse la carrera. Ese mismo safety multiplicó las opciones de Antonelli, que ganó 12 segundos y dos plazas en el cambio de gomas. Una maniobra clave que le sirvió en bandeja al italiano su segundo triunfo en el Mundial, y le convirtió en el líder más joven de la historia.






Quisiera decir que Nicolás Maduro es el único que ha envejecido. Él, que tiene más canas que cuando lo presentaron por primera vez ante el tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York, hace casi tres meses, traído por la fuerza en una operación militar de Estados Unidos y acusado de delitos relacionados con narcotráfico, posesión de armas y corrupción, con el uniforme caqui de reo federal. Él, que se pone los lentes de la presbicia para revisar papeles y tomar notas de la segunda audiencia ante el juez, donde se discute si Estados Unidos debe autorizar o no que use fondos venezolanos para pagar su defensa privada. Pero han pasado más de 25 años desde que nos conocimos, un cuarto de siglo desde que su partido y las fuerzas militares gobiernan Venezuela, mi país. Yo tenía 23 años cuando conocí a Nicolás Maduro y a Cilia Flores: ambos eran integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente que se instaló en Venezuela en 1999 y yo trabajaba como reportera de política para diarios venezolanos. Y ahora que vuelvo a verlos en persona, durante la audiencia que se celebró este jueves en Manhattan, tengo casi 50 y una mezcla de incredulidad, pérdidas y amarguras que se me han ido acumulando por largo tiempo.
En unas horas, Arianne Betancourt tendrá enfrente a una de las culpables de que su padre esté encerrado en el centro de detención para migrantes Alligator Alcatraz, de Florida. Es la tarde del 2 de marzo y Arianne sube a un vuelo de la aerolínea American Airlines, en Miami. Luego aterriza en Washington, sale del aeropuerto, se dirige al centro comercial de Pentagon City y localiza la tienda de Macy’s. Busca ropa que “resalte”, no quiere ir “vestida de luto”. “Si me sacan del lugar, que la gente sepa que fue a mí a quien arrastraron porque no podía quedarme callada”. Elige un pantalón y una chaqueta color rosa, paga por el conjunto y se va al hotel. Está casi lista para mirar a los ojos a Kristi Noem, la entonces secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien comparecerá al día siguiente en una audiencia ante el Comité Judicial del Senado que acabará en su despido.