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Una riada de aficionados del Atlético colapsó la entrada a La Cartuja desde el Puente de la Barqueta a eso de las seis de la tarde. La afición rojiblanca respondió a la llamada de su equipo en la final. Más le costó a los jugadores, sorprendidos por un gol inicial, golpeados por una salida a destiempo de Musso. En ese intervalo, el Atlético vivió de los fogonazos de Griezmann, los intentos de ordenar el tráfico de Koke y, sobre todo, de Lookman. Hay algo que desconcierta en el fútbol del nigeriano. No se sabe muy bien si es un extremo o un delantero. Lo que sí le sienta bien es el estadio de La Cartuja. Su gol sostuvo al Atlético en el primer tiempo, aunque Simeone se la jugó. En el minuto 62, el entrenador argentino tomó una decisión arriesgada. Sacó del campo al nigeriano, que se estaba marcando un buen partido, para meter a Sorloth. Dejó en el campo a Julián, que no estaba jugando a un nivel brillante. Algunos, en la grada, apostaron por la salida del campeón del mundo. El Cholo decidió tirar de galones y acertó. Al menos hasta la tanda de penaltis definitiva.
El juzgado número 2 de Violencia sobre la Mujer de Móstoles ha admitido a trámite la querella de una exconcejala popular de la localidad madrileña por acoso laboral y sexual (y otros delitos) contra el alcalde, Manuel Bautista, y contra el PP. La mujer decidió acudir a los tribunales tras pedir amparo a su partido durante meses y después de que EL PAÍS desvelara el caso el pasado 4 de febrero. A partir de ese momento considera que fue objeto de una campaña de desprestigio por parte del regidor y de distintos dirigentes del PP madrileño, hechos que ha llevado también ante la justicia.
Como hace 39 años en aquella histórica final de Copa de La Romareda, la Real volvió a echar mano de la épica para hacer historia y conseguir un nuevo entorchado copero, el tercero de su historia, de acuerdo con las cuentas de la RFEF —el club cuenta cuatro: la primera sería aquella que ganó el Club Ciclista de San Sebastián, considerado el germen de la Real actual, el año 1909—. Si aquel 27 de junio fue Luis Arconada el héroe blanquiazul, este sábado en Sevilla lo fue otro portero, salido también de la cantera de la Real Sociedad, quien llevó al equipo blanquiazul a tocar el cielo con las manos. El héroe de la noche no fue otro que Unai Marrero. En esta ocasión también hubo que esperar al último lanzamiento para hacer bueno el trabajo del meta, el que guio a los suyos hacia la Copa.
Real Sociedad y Atlético glorificaron la Copa del Rey con una final intrépida, titánica por el desgaste del tórrido calor, los vaivenes del marcador, y decidida en la siempre cruel tanda de penaltis que gratifica al ganador y ahoga en lágrimas al perdedor. Se coronó la Real desde los once metros después de que los caprichos de fútbol calcaran el 2-2 de la final del 87. Marrero emuló a Arconada y detuvo los dos primeros lanzamientos, de Sorloth y Julián Alvarez. Musso añadió más taquicardia al adivinar el golpeo de Óskarsson. Fue Pablo Marín, un canterano, el que le dio a la Real de Matarazzo la tercera Copa de su historia —el club cuenta cuatro, por aquella que ganó el Club Ciclista de San Sebastián, considerado el germen de la Real actual, el año 1909—. La frescura y la valentía del técnico estadounidense han revivido en apenas cuatro meses a un equipo que languidecía. Su apuesta por Marrero fue definitiva.

Por fin. Ya era hora. Por fin, esta tarde hubo protestas en La Maestranza. Ocurrió a la salida del quinto toro de Victorino Martín, que tardó en pisar el ruedo varios minutos mientras su lidiador, Manuel Escribano, lo esperaba de rodillas en los medios. Pero fue atisbar la puerta de toriles, y muchos espectadores manifestaron su desagrado, y no era para menos. Mirandés, que así se llamaba, de 539 kilos de peso según la tablilla, era un novillete impresentable para una plaza de primera categoría, esmirriado y escurrido, una sardina vergonzante. Las protestas fueron a más, arreciaron cuando Escribano se empeñó en banderillearlo, lo que hizo nervioso y sin acierto, y, al final, cuando el animal se comportó con desbordante sosería y sin clase alguna en la muleta.

Toros de Victorino Martín, justos de presentación -el quinto, anovillado y protestado por el público-, cumplidores de modo desigual en los caballos, nobles y con clase en la muleta.
Manuel Escribano: estocada caída -aviso- y dos descabellos (ovación); estocada -aviso- (silencio); estocada baja (silencio).
Borja Jiménez: estocada algo caída -aviso- (petición y vuelta al ruedo); dos pinchazos hondos y un descabello (vuelta al ruedo); tres pinchazos y media (silencio).
Plaza de La Maestranza. 18 de abril. Octavo festejo de abono de la Feria de Abril. Lleno de "no hay billetes".