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El buen tiempo y las vacaciones son momentos perfectos en los que reunirse con todo tipo de amistades y familiares que hace tiempo que no vemos disfrutando de una completa y enriquecedora barbacoa. Este tipo de eventos contribuyen a reducir el estrés, compartir la comida en buena compañía y aprovechar al máximo la zona de la terraza y el jardín, menos utilizada en otros momentos del año. Sin embargo, su disfrute también tiene su lado menos amable: debemos limpiarla en profundidad cuando toca recoger. Por ello, una soluciones más eficaces pasa por eliminar cualquier atisbo de grasa y restos de comida recurriendo a un cepillo específico para parrillas.






La crisis migratoria de Ceuta ha desencadenado un nuevo cruce de reproches entre Roma y Madrid, el último este mismo viernes, hoy gobernadas por proyectos políticos antagónicos, y ha vuelto a poner de relieve las discrepancias que separan a Giorgia Meloni y Pedro Sánchez en cuestiones como la inmigración y el rumbo que debe seguir la política europea en esta materia.
La crisis provocada el pasado 30 de julio por la entrada irregular de al menos 72.000 migrantes irregulares a nado en Ceuta ha puesto el foco en la supuesta vulnerabilidad de la frontera con Marruecos de esta ciudad autónoma. Un informe interno del Ministerio del Interior al que ha tenido acceso EL PAÍS detalla que desde 2019, tras la llegada de Pedro Sánchez al Palacio de La Moncloa, el Gobierno ha invertido 37,4 millones en la modernización y mejora del perímetro y los puestos fronterizos de esta localidad, y 42,7 millones en los de Melilla. En total, 80,1 millones de euros en proyectos ya ejecutados o en vía de ejecución, según el “balance financiero” incluido. El documento detalla que, antes de la tragedia que ha costado la vida a más de 80 personas en España, había previstas otras actuaciones por 99 millones en ambas localidades, la mayor parte para renovar viejas instalaciones de la Policía Nacional y de la Guardia Civil.

“Ya está, no quedan más. Otra vez”, certifica una trabajadora de Cruz Roja en la playa del Trampolín de Ceuta. Entrega la última bolsa de plástico blanco con comida y agua, y agita los brazos en dirección al resto de migrantes que se apelotonaban en una cola caótica para recibir su ración y que hoy no comerán. “Lo siento, no hay más”, se excusa, alzando los brazos en señal de ausencia. Este jueves, la organización ha entregado más de 2.500 raciones, 500 más que los días anteriores, y siguen sin ser suficientes. En este trozo de costa, tanto la Policía que la custodia como los trabajadores humanitarios afirman que hay más de 2.000 personas, la mayoría subsaharianos. Una cifra que discute las dadas por el Ministerio del Interior, que el pasado martes aseguró que de las 72.000 personas que entraron en Ceuta, ya habían vuelto 70.000 a Marruecos, por lo que quedarían unas 2.000 en la ciudad. Una cifra que fuentes de Interior confirman que mantienen, porque no disponen de otros “datos fiables” que les permitan cambiarla, aunque subrayan su carácter estimativo.
La actividad de los grupos que reclutan migrantes para Ceuta y Melilla a través de las redes sociales en Marruecos se ha vuelto menos visible, pero sigue operativa. “La red [de reclutamiento] ha sido desplazada, pero no desmantelada. La actuación policial ha degradado la observabilidad [de los grupos que fomentan la migración ilegal] más rápido de lo que ha degradado su capacidad”, concluye el informe elaborado por la empresa Golden Owl, una startup vinculada al Parque Científico de la Universidad de Alicante.
Colombia se suma al giro a la derecha que está cambiando gobiernos uno detrás de otro en el continente americano. Abelardo de la Espriella, un abogado sin trayectoria política previa, es desde este viernes el nuevo presidente. Sucede en el cargo a Gustavo Petro, que ha sido el primer presidente de izquierdas de la democracia colombiana. El cambio decidido por los colombianos en las urnas es grande: durante los próximos cuatro años, el país tendrá un Gobierno que promete políticas de libre mercado, mano dura contra la delincuencia y una visión conservadora en cuestiones sociales. La falta de antecedentes políticos de De la Espriella le ayudaron en su elección, al poder presentarse como ajeno a las estructuras del poder. Pero esa misma falta de credenciales arroja una sombra de incertidumbre sobre cómo administrará en la práctica un país de 50 millones de habitantes, una economía con crecimiento mediocre, hondos problemas de violencia y desigualdad y grandes expectativas de cambio.
La camiseta de Jaime Zamorano enumera los eclipses de sol que ha visto como si de una gira de conciertos se tratara: Venezuela, Francia, Libia, Australia, Isla de Pascua, China. “El espectáculo de un eclipse total no se puede comparar con nada”, dice el catedrático de astrofísica de la Complutense. “Estar a la sombra de la luna es una carambola cósmica que produce una sensación indescriptible”. Desde que se retiró de la docencia, disfruta de la vida rural en Villaverde del Ducado, pedanía de Alcolea del Pinar (Guadalajara), donde ahora tiene unas gallinas a las que grabará para ver la reacción que provoca en ellas el repentino anochecer.

En EL PAÍS, queremos saber cómo se preparan ustedes, nuestros lectores, para el fenómeno astronómico del 12 de agosto. Envíanos a participacion@elpais.es tu testimonio de cómo te preparas o cómo recibirá tu pueblo o ciudad el eclipse. Puedes incluir fotos si quieres. El próximo lunes, 10 de agosto, publicaremos algunas de las historias del eclipse de nuestros lectores.
A Laureano Oubiña no le importa que lo llamen rey del hachís, pero mira con lupa lo que los periodistas dicen de él, por si alguno se olvida de poner el “ex” antes que narco, aunque los jueces han tumbado todas sus demandas. “Tengo un jurado popular en Instagram con 85.000 seguidores y lo someto todo a su escrutinio para que opinen sobre lo que dicen de mí”, proclama Oubiña.

No hay constancia de que Pep Guardiola y José Mourinho hayan salido para comer juntos alguna vez, ni siquiera en Manchester, cuando eran vecinos, siempre separados por los dos clubes antagónicos de la ciudad a los que entrenaban: el City y el United. Igual que cuando el catalán dirigía al Barcelona y el portugués al Madrid y la distancia que mantenían era la misma que hay del Camp Nou al Bernabéu. La rivalidad llegó a ser tan enconada que partió el fútbol en dos bandos irreconciliables sin que los protagonistas hayan compartido nada más desde entonces que las condolencias por la muerte de uno de sus progenitores: Félix Mourinho y Dolors Sala. Nadie diría que mantuvieron una buena convivencia durante cuatro años en el Barça (1996-2000).
Vivo en Madrid, lejos de cualquier costa. Como tantos habitantes del interior, crecí sabiendo que el mar era un destino, algo que exigía planificación y kilómetros. Pero el deseo de agua no entiende de distancias y en verano ese deseo se resuelve de otra manera: en ríos, pozas, embalses y lagos, esos lugares de baño que casi nunca aparecen en las guías. Empecé creyendo que era un fenómeno de pueblos remotos, condenados por la geografía a inventarse su propio mar. Me equivocaba. Muchas veces la playa no está tan lejos y, aun así, la gente prefiere quedarse. Elige la poza de siempre, el recodo del río donde se bañaban sus padres, la orilla del embalse donde se reúnen los vecinos. Son lugares más cercanos, pero no en el sentido geográfico: más cercanos emocionalmente, más íntimos. Bañarse allí es una forma de estar en casa.