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El mueble debe, sobre todo, ser útil y cómodo. Y si en él hay poesía, mucho mejor”. Con esta premisa, Pierre Paulin (París, 1927-Montpellier, 2008) se convirtió en la figura más conocida del diseño de interiores francés, que casi 20 años después de su muerte sigue volviendo a él como icono del futurismo y, muy a pesar del propio Paulin, del arte pop. “¿Pop, yo? ¡Ridículo!”, decía el personaje, que no escondía su genio. El suyo es uno de esos rostros difuminados por la fama de algunas piezas singulares, como sus coloridas sillas con tejidos elásticos sobre una simple estructura tubular. Aquellas formas orgánicas revolucionaron la concepción de los asientos y pusieron la ergonomía en el centro, pero escondieron el bosque: la obra de un hombre que pensaba no solo en términos de objetos, sino de espacios y arquitectura.

“No sé si tengo que aguantarlo o no, si tengo que normalizarlo o no. No lo sé”. Anas Aouin (Tetuán, 20 años) llegó a España por Ceuta en 2021, siendo un adolescente, en la última entrada masiva desde Marruecos antes de la ocurrida este verano. Lo hizo persiguiendo un sueño que hoy es realidad: papeles, un trabajo —en un restaurante del puerto de Málaga, cuenta con orgullo—, una vida en España. Ha habido sobresaltos y fatigas en el camino. No solo tres años en un centro de menores. También el racismo de “una parte” de España. “Solo una parte”, recalca. Pero “más ahora” con “lo de Ceuta”. “Comentarios malos”, resume, en un castellano sencillo y confiado, con fuerte acento. En su día a día hace lo posible por quitarles hierro. Es lo que llama “normalizarlo”. Aunque sigue sin parecerle normal. No le parece normal observar cómo el lenguaje se recalienta cada vez más, sobre todo en las redes sociales, al abrigo del anonimato. “Leo cosas como ‘tenemos que echarlos de aquí’. ¡Pero si nosotros también levantamos el país!”, protesta.




“Yo soy muy del PP, pero represento a todos los ceutíes. No puedo echarle la culpa al ministro por hacer lo que yo le pedí”. Son declaraciones del presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, a EL PAÍS en agosto de 2021, tras la crisis migratoria desatada en la ciudad con la llegada de 10.000 personas en apenas dos días, y mientras su partido pedía la dimisión del titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Tras visitar a Pedro Sánchez en La Moncloa, declaró: “Gracias a la reacción del Gobierno de España, con el presidente al frente, se evitó el desastre”. Hoy ambas administraciones se acusan mutuamente de “cronificar” una crisis de una dimensión mucho mayor tras la entrada a finales del pasado julio de unos 80.000 inmigrantes, casi el equivalente a la población original ceutí. El Ejecutivo calcula que permanecen en la ciudad cerca de 10.000. Las razones detrás del enquistamiento del problema hablan de todo lo que ha cambiado en un lustro dentro y fuera de España. Ni el discurso del Gobierno, ni el del PP, ni el de la comunidad internacional es el mismo que en 2021. Expertos de distintas disciplinas explican a EL PAÍS cómo la evolución del contexto político nacional e internacional ha condicionado la relación entre las instituciones que han de aportar las soluciones.
La inteligencia artificial será uno de los protagonistas absolutos de la cumbre en la Casa Blanca el próximo jueves entre el estadounidense Donald Trump y el chino Xi Jinping, los líderes de los dos países más poderosos del mundo y más adelantados en esa tecnología. El debate está servido: ambos gobiernos consideran que los avances en esos modelos son fundamentales para su competitividad económica y militar. Las diferencias no son solo geopolíticas. También, de mentalidad. Sus poblaciones tienen percepciones muy distintas sobre los riesgos y las bondades de estos sistemas. Mientras en Estados Unidos, una mayoría de personas los ve con preocupación, en China los adoptan con entusiasmo.
Un mundo en llamas se dispone a reunirse la semana que viene para el tradicional debate general anual en una ONU en ruinas.
El contraste del lunes no podrá ser más evidente. Pedro Sánchez arrancará, con un acto sobre los peligros de la inteligencia artificial (IA) y un viaje a Nueva York para la cumbre de la ONU, una semana volcada en su agenda internacional y en su papel como uno de los pocos resistentes del progresismo en el poder mundial. Sánchez protagonizará un acto con Zohran Mamdani, el alcalde progresista de Nueva York, y multiplicará discursos sobre los grandes debates del momento, especialmente el control de la IA y las redes y sus efectos sobre los menores, una batalla que compartirá con el presidente francés, Emmanuel Macron, y que ya ha hecho girar la posición de la UE hacia la prohibición de redes para los menores de 15 años. Mientras, Alberto Núñez Feijóo estará en Ceuta intentando estirar el efecto político de una crisis que ha debilitado al Gobierno tal vez más que ninguna otra, porque ha complicado su discurso en positivo de la inmigración y ha cuestionado a fondo su capacidad de gestión con errores evidentes en las primeras semanas.
No es, como avisaron Javier Ambrossi y Javier Calvo, una película sobre Federico García Lorca. Entre otras razones, porque ni Lorca iba sobre Lorca. Se aproximó un poco Jorge Guillén con su famosa frase: “Cuando está Federico no hace ni frío ni calor, hace Federico”. Pero hasta sus asesinos tenían su original idea de cómo tenía que ser Lorca: un cadáver que España no encuentra.
Cinco minutos más es la apuesta arriesgada del concurso del festival de San Sebastián. Porque se proyecta en sábado, el día grande del certamen. Y porque es una película de ciencia ficción con notas cómicas, en una competición más centrada en cine de autor contundente. A cambio, la nueva película de Javier Ruiz Caldera, que ha nacido de un guion de Berto Romero, también coprotagonista, deja un poso muy amargo, pesimista, al gusto del público más cinéfilo.

Cuando, a finales de julio, Saber y ganar publicó en sus redes sociales un mensaje pidiendo respeto para sus concursantes, todos sus seguidores pensaron en un participante en concreto. Todos, menos él. “Sinceramente, cuando lo leí no tenía claro por qué era”, explica Martín Escolar (Madrid, 35 años). Hacía una semana que habían dejado de grabar por el parón del concurso en verano —los nuevos programas en los que él participa arrancan en la semana del lunes, 21 de septiembre— y desconocía que enviarían ese mensaje. “Cuando lo vi, dije, ‘a saber por qué será’. Luego vi que los medios apuntaban a mí, aunque ellos no dijeron mi nombre. Pero, por lo visto, era yo”. Así que él también escribió otro comunicado en su cuenta de Instagram para aclarar que estaba perfectamente y que las críticas se las tomaba como una motivación más. “Que parezca que la comunidad más tóxica en internet sea la de Saber y ganar es algo que nadie vio venir”, bromea Escolar, sentado en la terraza de la cafetería de EL PAÍS en Madrid a principios de septiembre.
