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Paqui López, Mari, Eugenia, María, Paz y Pepi mantienen la formación de sillas y sombrillas en un círculo tan prieto e inquebrantable que parecieran legionarias romanas en plena batalla. Solo abren su colorido escudo playero cuando aparece Paqui para completar el corro. La más joven del grupo, de 47 años, llega justo a tiempo. “El único, el 14, el 52, el licorcito, el 25, la niña bonita...”, repiquetea López veloz, mientras saca los “boliches” de una bolsita. El resto de las amigas tachan los números con moneditas y piedras de colores en sus cartones, enganchados con alfileres de tender en tablas de corte. El canturreo binguero obra el micro milagro en el último lunes de agosto de la playa de La Caleta de Cádiz. Una parejita joven con pinta de guiris contemplan la escena ojipláticos. La italiana Ludovica, fascinada, no se reprime: “¡Bellísimo!”. Y López para un segundo para contestarle resuelta: “Te gusta, ¿a que sí, cariño?”.
La cantante y actriz Olivia Rodrigo fue descrita hace unas semanas como “la jefa soñada” por uno de los guitarristas que le acompañan en su gira. ¿El motivo? La generosidad de la californiana, que paga la terapia de todo su equipo, dentro y fuera de la gira. Un gesto en consonancia con su discurso sobre salud mental, tema sobre el que se ha pronunciado en diversas ocasiones señalando la importancia de acudir a profesionales cuando sea necesario (su propio padre es terapeuta de familia y ella lleva desde los 16 años acudiendo a terapia). A sus 22 años, Rodrigo es uno de los nombres del momento en la industria de la música y parece empeñada en alejarse de esa imagen de diva inaccesible y jefa tiránica que tanto daño ha hecho a la reputación de muchos artistas (hola, Mariah Carey. Hola, Liam Gallagher).
El mapa de la financiación territorial en España promete reconfigurarse tras la condonación por parte del Estado de una porción de la deuda autonómica. El Gobierno prevé elevar al Consejo de Ministros la medida, pactada hace años entre el PSOE y ERC, en el arranque de este septiembre, con la idea de aprobarla en las Cortes antes de fin de año. La quita, además de a Cataluña, beneficiará a todas las comunidades que lo soliciten. Sin embargo, aquellas gobernadas por el PP han cargado contra ella por haberse diseñado, denuncian, a placer de la Generalitat. Todo apunta a que la quita embarrará un terreno ya marcado por tensiones históricas y por una creciente falta de transparencia. Porque al mismo tiempo que se negocian condonaciones y modelos singulares de financiación, los ciudadanos desconocen desde hace casi dos años cuánto invierte realmente el Estado en cada comunidad.
Cuando Francis Ford Coppola anunció que al fin realizaría Megalópolis, su filme soñado durante cuatro décadas, hubo celebraciones y temblores. Júbilo, porque la leyenda capaz de crear El Padrino o Apocalypse Now cumpliría su mayor deseo. Preocupación, por si la película no estaba a la altura de sus sueños. O de sus obras maestras. Entre tantas reacciones, el director Mike Figgis, simplemente, le mandó un correo. Le felicitaba y se ofrecía como “mosca desde la pared”. Es decir, para filmar el rodaje, sin interferir. El maestro no contestó durante un tiempo. Hasta que un día envió un escueto mensaje.
Comer kiwi ayuda a ir al baño. Eso ya lo intuía mucha gente. La novedad es que ahora esa sospecha está respaldada por evidencias científicas, así que la Comisión Europea ha dado luz verde para que se pueda utilizar este argumento en la publicidad de esta fruta. Es la primera vez que se autoriza una declaración de salud para una fruta fresca en Europa, lo que podría abrir la puerta a otros alimentos similares.
El último informe anual de la OTAN, publicado este jueves, confirma que el gasto en defensa de España ha alcanzado un hito que hace solo un año ni siquiera formaba parte de la conversación nacional. Según el cálculo de la Alianza, España ya destina este año a defensa el 2% de su PIB, y ha alcanzado así el compromiso sellado en la cumbre de Gales de 2014. Los 31 socios (Islandia no entra en el recuento) cumplen ya ese hito, conocido dos meses después de que la OTAN aprobase en La Haya la mayor subida de gasto militar de su historia: los aliados establecieron un objetivo del 5% del PIB para 2035. Los datos conocidos ayer refuerzan, sin embargo, la idea de que el acuerdo de La Haya fue más una manera de aplacar temporalmente a Donald Trump regalándole un titular que un verdadero compromiso: 24 países están por debajo del 3% y solo dos (Lituania y Polonia, que tienen frontera con Rusia) alrededor del 4%.
En el otro lado del Atlántico acaban de proferirse, contra Europa y contra cualquier responsable que aplique la Ley de Servicios Digitales (DSA) —la normativa europea sobre las grandes redes sociales—, nuevas amenazas de sanciones, acompañadas de más barreras aduaneras y unas restricciones tecnológicas sin precedentes.
Casi todos los sábados por la noche, mi esposa y yo participamos en Tel Aviv en una vigilia silenciosa, en la que cada uno sostiene una fotografía de un niño de Gaza asesinado por los recientes ataques de las Fuerzas de Defensa de Israel. Son muchos. Permanecemos allí durante una hora.
A estas alturas del verano, es probable que todo el que tenga vacaciones las haya consumido, al menos parte de ellas. Puede que haya planeado unas vacaciones perfectas para olvidar rápida y eficazmente el estrés del día a día. Si de paso las fotos que nos echemos sirven para arañar unos me gusta en las redes sociales, mejor aún. Otro argumento para buscar unas vacaciones ideales es, como comentó hace unas semanas Guillermo Alonso en el A Vivir de la Cadena SER, superar los “veranos memorables y superlativos” de la infancia. Contó que, para él, “cada verano es una promesa” y no se enfrenta “al estrés continuo de tener que comparar todos mis veranos actuales con aquellos”, ya que durante su niñez no vivió grandes vacaciones.