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Madrid no es solo esa olla hirviendo en la que bullen los juicios contra los grandes protagonistas de nuestro tiempo y los combates políticos que mantienen entre la vida y la muerte la tenue llama azul de una gobernabilidad hecha añicos. En el hervidero que es Madrid también ocurren cosas fascinantes, inspiradoras. Y una fue la presencia esta semana de Mary Beard, la gran experta en Grecia y Roma y premio Princesa de Asturias, con la que pude charlar un buen rato.

La demanda colectiva que preparan los hoteles españoles contra Booking por exigirles condiciones abusivas va tomando forma. Jaime Concheiro, socio director del despacho CCS Abogados, el elegido por la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Cehat) para la interposición de una demanda colectiva, precisa que el proceso ya reúne a unas 1.400 empresas (hoteles, y en concreto algunas de las grandes cadenas del país, además de los denominados alojamientos alternativos, como balnearios y apartamentos turísticos). Se trata de un procedimiento de gran envergadura, al que se sumará a lo largo del año otro con más de 700 representados. “El número de demandantes no equivale exactamente a hoteles. Entre los que se han adherido, hay algunas empresas con decenas de hoteles. Solo una de ellas tiene 10.000 habitaciones y luego hay otras en las que cada hotel está representado por una sociedad diferente”, explica Concheiro a EL PAÍS/Cinco Días.
No hay un protocolo específico para contarle a una víctima de violencia de género que ha sido drogada y violada, cuando ella no se acuerda de nada. Hay guías para contener a quienes se acercan a denunciar después de una agresión y preguntas que se pueden hacer para evocar un recuerdo traumático y registrarlo en una declaración. Eso ―combinado con empatía y sentido común― es de lo que se valen los cuerpos de seguridad y la justicia en casos de sumisión química para informar a la mujer lo que ha sufrido.

Alberto Núñez Feijóo lo corroboró esta semana en su entrevista en El Hormiguero al valorar la situación actual de Junts en el Congreso: “Hay cosas que se están moviendo”. Y luego precisó que los últimos “pronunciamientos” del partido del fugado expresidente catalán, Carles Puigdemont, eran impensables hace apenas dos meses. Junts, efectivamente, vota cada vez más a menudo con el PP, incluso con Vox, defiende también como esos partidos que deberían convocarse ya elecciones, pero sigue descartando cualquier moción de censura que implique a la formación ultra. En el Gobierno, PSOE y Sumar, pero también entre los socios más recurrentes en el Parlamento, se relaciona esa alianza con el escenario futuro que se abrirá el 16 de julio tras la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la ley de amnistía.
Verde chillón, pardo, oscuro, con lunares o casi disfrazado de arbusto, el camaleón, rey del camuflaje, amplía su territorio en la península Ibérica, donde vive la mayor población europea de la especie protegida. Ha salido de sus feudos históricos en Málaga, Cádiz y Huelva, para asentarse en nuevos enclaves en Almería, Granada, Murcia, Alicante y Valencia, avanzando por el litoral mediterráneo. Pero no viaja solo. Buena parte de su expansión se debe a las personas. “Va de un lado a otro porque la gente se lo lleva. Es un reptil que cae bien, a diferencia de las serpientes. ¡A nadie se le ocurriría coger una víbora! Y, además, no muerde, no escupe y es bonito”, describe Emilio González Mirás, presidente de la Asociación Serbal y uno de los autores del nuevo mapa de distribución de la especie.


La sonrisa serena de Concha Martínez no logra esconder su profunda preocupación. Esta aragonesa de 75 años lleva más de media vida comprometida con la cooperación al desarrollo y no esperaba asistir a un desmantelamiento de la solidaridad como el que vive su región desde la formación en abril de un nuevo Gobierno entre el Partido Popular (PP) y Vox.

Todo Presupuesto es un documento político, y el que han empezado a negociar los líderes europeos es una declaración de intenciones sobre el futuro de Europa y la correlación de fuerzas para definirlo. La cumbre de ayer evidenció las posiciones ante el proyecto de Presupuesto comunitario de 2028 a 2034 que la Comisión Europea presentó hace 11 meses. El proyecto ha sido criticado de origen por falta de ambición para un momento histórico cuyos riesgos no discute nadie. Esa coyuntura obligaba a diseñar unas cuentas no solo para seguir garantizando los tradicionales beneficios al sector agrícola y a la cohesión territorial, y apoyar las agendas verde y digital. El mundo vive un cambio acelerado del que la UE puede quedar descolgada, y esto exige financiar las nuevas prioridades de una defensa autónoma y una industria tecnológica competitiva.
Estos meses de gira intensa con mi última novela rara ha sido la vez en que las lectoras no me han preguntado por las raíces. En efecto, el regreso a localidades rurales (físico o emocional), el rescate de saberes ancestrales y tradiciones, o la reivindicación del habla popular, participan de preocupaciones extendidas entre la gente, de las que la literatura se ha hecho cargo en una suerte de neorruralismo que invita a pensar la España vaciada mediante la revalorización de su patrimonio cultural. A partir de la modernidad, la historia se ha convertido en una máquina de producir desarraigo y alienación; ha expulsado a poblaciones de sus espacios originales —cuando no las exterminaba el colonialismo—, transformándolas en migrantes; y prácticas contemporáneas como el turismo masivo han homogeneizado tanto las geografías urbanas que, por momentos, las ciudades han perdido su connotación hogareña. Las raíces, por tanto, se sitúan en un terreno simbólico más allá de los libros, aunque estos las hayan albergado entre sus páginas, pues, desde Simone Weil hasta Pasolini, pasando por Marc Augé y su crítica de los no lugares, o el ecologismo de Eliane Brum, no paran de reaparecer como la constante perdida; por eso mismo, representan la necesidad existencial que merece ser satisfecha. Del cómo y en qué términos depende un futuro teorizado a partir de todas las ideologías.
Hay algo más valioso que cualquier patrimonio o título: el honor. Por eso Pedro Sánchez encomendó a los suyos defender “el buen nombre de Zapatero” en cuanto supimos que igual no era ese cándido cervatillo que muchos nos habían querido vender durante años.