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Pocas risas. Ese mantra que la moda de lujo parece haberse autoimpuesto en esta época incierta que nos ha tocado vivir no ha hecho mella en Francesco “Nik” Gallo (Bari, Italia, 37 años). Resuelto a huir de esa solemnidad corporativa que ahoga a la industria, el diseñador entiende la moda no como un ejercicio de repetición comercial, sino como un territorio donde conviven la alta tensión visual, la pintura de Francis Bacon y un sentido del humor agudo y sin complejos. Y todo ello con el punto como denominador común. Formado en el IED de Milán en Diseño de Moda y Textil, Gallo lleva años en la industria, aunque su idilio con el punto tardó en llegar.
La única vez que he estrechado la mano de un francotirador fue en 2017 en Madrid cuando entrevisté a Kevin Lacz, miembro del famoso Team Three de los Seals del que formaba parte el legendario Chris Kyle (el de la peli de Clint Eastwood). Le pregunté si el día antes había sido fácil (por el lema de su unidad), pero no lo pilló. Para lo que nos ocupa, no diría que Kevin fuera un tipo elegante; tampoco creo que le importara. Vestía unos tejanos y un polo que parecían a punto de explotar a causa de su musculatura. Claro que para juzgar bien su forma de vestir –o la de Kyle– habría que haberlo visto con la ropa y el equipo de trabajo que usaba en los tejados de Ramadi (Irak), incluidos el uniforme táctico, el casco EXF, el fusil MK 13 y las botas de asalto Oakley.
Nadie puede negarle a la industria de la belleza su capacidad de innovación. Pese a desarrollar miles de lanzamientos cada año, el sector sigue siendo capaz de crear novedades que sorprenden y que acaparan la atención, en un mundo en el que esta se ha convertido en uno de los bienes más preciados. Además, en el caso del maquillaje, el precio relativamente asequible de muchos de sus productos hace que sea fácil que la viralidad se traduzca en compras por impulso.
En el jardín se piensa en flores de todos los colores. Habrá quien las prefiera solo de un matiz, mientras que otros querrán contar con la más amplia gama de tonalidades que su vivero le permita. Cuando se habla de estos delicados y fascinantes órganos reproductivos, en la conversación aparecerán las rosas rojas, los tulipanes naranjas, las magnolias blancas y un sinfín de especies más, a las que imaginamos con un color predominante. Es muy posible que a nadie se le ocurra asociar dos colores a las flores: el negro y el verde.


Hasta hace poco, pensaba que la vaporera de bambú era uno de esos utensilios de cocina que solo iba a utilizar para preparar dumplings y gyozas de vez en cuando. Sin embargo, tras incorporarla a mi cocina, he descubierto que puede dar mucho más juego del que imaginaba en un principio. Ahora la uso para elaborar otros platos en muy poco tiempo y (la mejor parte) sin apenas ensuciar. Y es que este accesorio, además de permitir una cocción más ligera al no necesitar aceite, cuenta con distintos niveles que permiten preparar diferentes alimentos a la vez. Diez de diez.






El mercado de la IA vive quizá su peor semana desde el inicio de la carrera imparable de esta nueva tecnología. Todo ha fallado. El resultado de las elecciones de mitad de mandato en EE UU, en las que los demócratas han dado un baño al Partido Republicano de Donald Trump y se han asegurado a partir de enero el control de ambas cámaras del Congreso, ha precipitado una dura corrección en el sector tecnológico. El detonante ha sido la amenaza que pesa ahora sobre el desarrollo de los centros de datos, que han despertado el rechazo de la opinión pública estadounidense por su consumo de energía y agua, y que son una pieza fundamental para la IA. Pero las tecnológicas ya acusan desde hace semanas un goteo continuo de ventas que refleja las dudas crecientes no solo sobre los centros de datos sino sobre la sostenibilidad de las faraónicas inversiones del sector, de la deuda que están asumiendo las tecnológicas y de la demanda futura. La inquietud estalló el jueves en la peor sesión para el Nasdaq desde abril de 2025 y sembró de números rojos a toda la cadena de valor de la IA. El índice tecnológico de referencia cayó el 5,5% y entró en terreno de corrección al caer más del 12% desde sus máximos de octubre.
Cuando pensamos en la gama cromática de un plátano, solemos ir del verde de su estado más inmaduro al marrón de la fase en la que empezamos a contemplarlo más bien como ingrediente para un banana bread, pasando por el amarillo que caracteriza a esta fruta en su momento álgido. El rojo y el azul, sin embargo, no se nos suelen pasar por la cabeza en ningún momento, pero desde hace unos años, se cultivan en nuestro país estas dos variedades, originarias del sudeste asiático. Allí, y también en algunos países tropicales de Latinoamérica, se consumen tradicionalmente, pero en España, son las Islas Canarias ―especialmente Tenerife, donde encuentran condiciones climáticas favorables― las pioneras en su producción, aunque en el caso de los plátanos rojos también los encontramos, a menor escala, en algunas zonas de la costa andaluza.
¿Cómo es posible que un vino nacido en una región vinícola apartada se haya convertido, a lo largo de los siglos, en el símbolo universal de la fiesta, del lujo y de la convivencia?, se pregunta Aurélie Soubiran al comienzo del libro Champagne: El vino más famoso del mundo (Cinco Tintas). “No fue Champagne (la región) el primer lugar donde este vino espumoso se hizo popular”, matiza Becky Sue Epstein en Champán. Una historia burbujeante (Siruela). Ambas autoras, con sus respectivos libros, indagan en la historia, cultura, naturaleza y peculiaridad de la bebida espumosa más famosa del mundo.