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Los nervios se han intensificado desde que ayer se conociera que la guerra en Oriente Próximo ha entrado en una nueva fase en la que las infraestructuras energéticas se han convertido en objetivo militar. El ataque de EE UU e Israel al mayor yacimiento de gas natural explotado por Irán tuvo respuesta inmediata: Teherán cumplió sus amenazas y el miércoles golpeó la mayor planta de gas del planeta y varias instalaciones petroleras saudíes en el Mar Rojo. El temor a un shock de suministro dispara los precios del crudo y del gas y reactiva los miedos a un repunte de la inflación en plena desaceleración económica.
El presidente de EE UU, Donald Trump, ha asegurado este miércoles en la Casa Blanca en una rueda de prensa conjunta con la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, que la guerra contra Irán va a acabar muy pronto” porque Teherán “ya no tiene líderes”. Antes, el secretario de Defensa estadounidense, Peter Hegseth, ha asegurado que EE UU está “ganando de manera decisiva” la guerra. “Nuestros objetivos no han cambiado desde el primer día”, ha subrayado en un mensaje triunfalista mientras el conflicto entra en una nueva fase, centrada en los ataques contra el sector petrolero —sus infraestructuras y su transporte—, y sin visos de fin. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha urgido a hallar “una salida” al conflicto. Las fuerzas armadas de Irán, sin embargo, han anunciado que las represalias por el ataque israelí del miércoles a Pars Sur, uno de los mayores yacimientos de gas del mundo, no han terminado. De hecho, esta tarde ha alcanzado la refinería israelí de Haifa, la mayor del país, sin causar daños graves, según el ministro de Energía israelí. Mientras, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha vuelto a justificar la guerra y ha dicho que confía en que los aliados encuentren una solución para reabrir el estrecho de Ormuz.

Los jóvenes de la generación Z (entre los 15 y los 30 años aproximadamente) solo ven la hostelería como un empleo provisional. Al sector le reclaman horarios más previsibles, estabilidad laboral y mejores salarios para entrar a formar parte de sus plantillas, que actualmente aglutinan a 1,9 millones de ocupados de todas las edades con condiciones a menudo precarias, según el II Barómetro sobre Hostelería. El estudio, que han presentado este jueves en Sevilla la Fundación Cruzcampo y la Cámara de Comercio de la ciudad, señala que el 71% de los jóvenes encuestados ven la hostelería como un trabajo de paso; y el 87% exigen horarios más ordenados para tener vida más allá del trabajo.

Un tribunal federal canadiense ha decidido revocar la ciudadanía a un militar guatemalteco señalado de participar en una masacre ocurrida en 1982 en Guatemala, en la que fueron asesinadas más de 250 personas. Se trata de Jorge Vinicio Sosa Orantes, un ex subteniente y miembro de las fuerzas especiales kaibiles, el cuerpo de élite del Ejército guatemalteco tristemente célebre por cometer atrocidades durante la guerra civil que desangró al país centroamericano y cuyas heridas aún siguen abiertas.
Durante las últimas semanas, el mercado cripto parecía un oasis de calma. Cuando estalló la guerra en Irán, los activos digitales fueron los primeros en reaccionar con caídas, ya que cotizan las 24 horas, los siete días de la semana. Pero sus retrocesos fueron más moderados respecto a las Bolsas: bitcoin, que suele amplificar las caídas de las acciones estadounidenses, aguantó el pesimismo en los mercados. Las caídas de las grandes tecnológicas durante los primeros días del conflicto no lo arrastraron consigo; al contrario, logró incluso retomar su senda alcista. Después de meses estancado, rozó los 76.000 dólares el pasado martes. Pero tras la reunión de la Reserva Federal, que optó por mantener los tipos sin cambios, y los ataques de Irán a varias instalaciones energéticas, las criptomonedas no han aguantado la presión ni han podido aguantar el deterioro del sentimiento externo y han sucumbido a la volatilidad: bitcoin cae un 7% en dos sesiones y vuelve a situarse debajo de los 70.000 dólares.
La imagen de un niño con gorro de conejo y una mochila de Spider-Man, rodeado de agentes federales, no solo recorrió Estados Unidos: se convirtió en símbolo de una política migratoria cada vez más agresiva. Liam Conejo Ramos, de cinco años, pasó de ser un estudiante de preescolar en Minnesota a una de las caras más visibles del endurecimiento migratorio impulsado por la Administración de Donald Trump. Ahora, su caso entra en una fase decisiva. Un juez federal de inmigración en Nueva York ha negado la solicitud de asilo de su familia, lo que ha abierto la puerta a su deportación, aunque el proceso aún no está cerrado.
Los hermanos Escribano han anunciado que renuncian a vender a Indra su empresa familiar Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), después de que la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) anunciara que existe un conflicto de interés insalvable para seguir adelante con la adquisición. Ángel Escribano, además de presidente de Indra y propietario junto con su hermano Javier del 14,3% del capital social de Indra, es el dueño del 100% de EM&E.