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Las tensiones políticas y diplomáticas entre México y Estados Unidos durante la Administración Trump parecen no tener un respiro. Terrance Cole, director de la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), ha advertido sobre la “peligrosa conexión” entre los carteles y el Gobierno mexicano. Las declaraciones del titular de la DEA se han producido este lunes en el marco de la primera Cumbre por una América Libre de Fentanilo, que se lleva a cabo en Orlando, Florida. Estas afirmaciones se dan en un momento en el que ambos países tienen varios frentes abiertos en materia de seguridad, desde la acusación de vínculos con el narcotráfico y pedido de extradición de nueve autoridades de Sinaloa, entre las que se incluye el gobernador con licencia de ese Estado, Rubén Rocha Moya, hasta los fantasmas de la intervención de Washington en territorio mexicano por el secuestro y traslado del capo Ismael El Mayo Zambada al norte del Río Bravo.
Antes del estallido último, del rugido de éxtasis colectivo, en el estadio de Dallas, tierra de rodeos, se escucharon olés. Varios minutos de olés mientras España distraía el balón y Francia, el equipo más celebrado del Mundial, contemplaba desconcertado el final de una prodigiosa exhibición de fútbol. La Roja se clasificó para la segunda final mundialista de su historia con una función memorable con la que dejó a cero por primera vez en el torneo al equipo de Deschamps, el único equipo que había ganado todos sus partidos. Hasta que se encontró con España, el día que España sacó su versión mandona y hermosa. Como en la Eurocopa, pero distinto, porque no necesita ni a Nico Williams ni a Lamine. La selección de Luis de la Fuente se maneja ahora con un libreto inalcanzable que se pondrá a prueba de manera definitiva el domingo en Nueva Jersey, en la final de la Copa del Mundo, contra Inglaterra o Argentina (21.00, La1 y Dazn).
Como hombre de fútbol, Didier Deschamps admitió la palmaria superioridad técnica española sobre Francia, aunque dejó sus dudas sobre la preparación del colegiado, el salvadoreño Iván Barton. “Los jugadores están desolados», declaró Deschamps tras el partido. “Pero hay que ser lógicos, fuimos técnicamente inferiores. Es culpa nuestra. Pero voy a preguntar: ¿estuvo el árbitro a la altura para arbitrar una semifinal? No voy a responder a eso. Hubo varias situaciones… Pero la razón principal es que simplemente no estuvimos a la altura, con algunos errores técnicos, pases que podrían haber generado ocasiones. Este es el máximo nivel, aunque duela. Jugaremos el partido por el tercer puesto. No quiero desestimar todo lo que se ha hecho, pero en este partido, España demostró algo más".
El enfrentamiento ya tenía suficiente carga política: dos vecinos históricos, enfrentados en la efeméride de la toma de la Bastilla, por un acceso a una final mundialista con la que Francia concatenaría tres finales seguidas y España alcanzaría la segunda de su historia. Y, por si fuera poco, el expresidente popular Mariano Rajoy decidió el sábado enturbiar aún más la previa del partido con una columna publicada en El Debate titulada “Hoy llegó el desquite”. La pieza contenía declaraciones consideradas por Francia como “racistas” y “estúpidas”, según el Ejecutivo de Sébastien Lecornu. “Tiene, además, una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”, escribió entonces el expresidente.
Ya no es casualidad: en las grandes citas, Mikel Oyarzabal. En Berlín, cuando España derrotó a Inglaterra para llevar la cuarta Eurocopa a las vitrinas de Las Rozas, el delantero de la Real Sociedad, ese tipo serio que compaginó el campo con las aulas —se graduó en ADE—, apareció para firmar la victoria. Ayer, contra Francia, volvió a dejar su huella. Nada menos que para mandar a España a la final del Mundial.