Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Antes del estallido último, del rugido de éxtasis colectivo, en el estadio de Dallas, tierra de rodeos, se escucharon olés. Varios minutos de olés mientras España distraía el balón y Francia, el equipo más celebrado del Mundial, contemplaba desconcertado el final de una prodigiosa exhibición de fútbol. La Roja se clasificó para la segunda final mundialista de su historia con una función memorable con la que dejó a cero por primera vez en el torneo al equipo de Deschamps, el único equipo que había ganado todos sus partidos. Hasta que se encontró con España, el día que España sacó su versión mandona y hermosa. Como en la Eurocopa, pero distinto, porque no necesita ni a Nico Williams ni a Lamine. La selección de Luis de la Fuente se maneja ahora con un libreto inalcanzable que se pondrá a prueba de manera definitiva el domingo en Nueva Jersey, en la final de la Copa del Mundo, contra Inglaterra o Argentina (21.00, La1 y Dazn).
Queda aún más de una hora para el encuentro y Lula M. y Nora A. hacen juntas una larga cola, ambas con la camiseta de su selección, para entrar en el centro de la juventud de Barbes, uno de los barrios más multiculturales de París, donde se va a proyectar gratis el partido entre Francia y España. Saben que será complicado lograr la victoria. Los padres de Nora nacieron en Senegal y Lula vive en un distrito acomodado “algo lejos de aquí”. Ambas se conocieron en una beca Erasmus en Madrid y vienen a defender a su selección, “la de esa Francia en la que no hay franceses”, ironiza entre risas Nora, en referencia a la polémica desatada tras el artículo del expresidente Mariano Rajoy.
En tiempos en los que la igualdad, la libertad y la fraternidad están seriamente amenazadas por los populismos extremos, La Marsellesa retumbó en el corazón de Texas. Minutos antes, la vieja canción francesa en la voz de Charles Aznavour retumbaba en el techado estadio AT&T de Dallas en competencia con el flamenco, según las cámaras internas emitían imágenes de una u otra selección por la mastodóntica pantalla que presidía el puntero recinto de los Dallas Cowboys. La alternancia la rompió el reputado Dj local Steve Aoki para simular con su electro house una macrorave bajo la retráctil cúpula de acero del coliseo tejano. Solo los himnos nacionales acallaron el estadio por el minuto de silencio guardado por la muerte del exemir catarí Hamad bin Khalifa Al Thani, fallecido el pasado domingo a los 74 años de edad. Este fue un dirigente muy activo en la organización del Mundial 2022 disputado en Qatar. La FIFA también incluyó la conmemoración a las víctimas del atentado terrorista islamista de Niza en 2016.
Como la historia de España está llena de terribles paradojas, uno de los jugadores más talentosos y únicos de la historia de la selección, Míchel, fue señalado en Italia 90 por no saltar en la barrera de la falta que Dragan Stojkovic ejecutó para Yugoslavia echando a España en octavos de final.
Y sí, España volvió a una final de la Copa del Mundo 16 años después. La de Dallas, ante Francia, fue una actuación coral del equipo, como todas las de esta edición de la Copa del Mundo, pero con mucho más colmillo. El combinado dirigido por Luis de la Fuente no depende de una individualidad, aunque sí se sostiene por dos figuras clave: Rodri Hernández y Aymeric Laporte. El centrocampista del Manchester City y el central del Athletic Club sujetaron al equipo cuando alguna debilidad asomaba e iluminaron el camino de España hasta la segunda final de su historia. Rodri es el termómetro de esta selección. Batuta en mano, pone el tiempo y frena y acelera el juego cuando él lo demanda. Y Laporte parece haberse sacudido una temporada irregular con su club y está al nivel imperial de la Eurocopa 2024.
España llega embalada a la final de la Copa del Mundo después de negar al mejor surtido de delanteros solistas de Francia, finalista de las dos últimas ediciones y campeona en 2018, abatida sin discusión después de pasear como una reina por los estadios del Mundial 2026. El partido fue un acto de afirmación universal del fútbol coral y armónico del equipo español, especialmente sensible, delicado incluso en los goles e impermeable en defensa, imposible para el desquiciado Mbappé. Ninguna selección ama tanto a la pelota como España. Tanto que se la quedó para desespero de Francia. Nadie trata mejor al balón, desde el portero hasta el extremo izquierdo, de principio a fin, de área a área, cada vez más entonada y afirmada a partir de aquel sorprendente estreno ante Cabo Verde.