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El árbol genealógico del clan Bolsonaro puede resultar muy confuso, por lo que una guía suele servir de ayuda. Dios, patria, familia y libertad es el lema que condensa la idea de Brasil alumbrada por el clan Bolsonaro en los últimos años. Los bolsonaristas más radicales interpretan el término familia en el sentido más tradicional —papá, mamá, niños y una mascota— pese a que es un modelo en el que millones de brasileños no encajan. Ni siquiera Jair Messias Bolsonaro, de 71 años, el antiguo militar que devolvió el orgullo y la visibilidad a la extrema derecha brasileña. Tras tres matrimonios y dos divorcios, el patriarca formó una familia con cinco hijos (cuatro hombres adultos, todos políticos, y una adolescente), un clan político al que también pertenece su esposa actual, una familia agitada por escándalos y un sinfín de tensiones internas. Este domingo, el primogénito Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta a Lula, y cinco Bolsonaros conquistaron un escaño. Aquí una guía para no perderse.

La carrera electoral será una carrera de fondo hasta el próximo 29 de noviembre. Y va a estar marcada por la polarización y por una pregunta muy concreta: ¿Qué pueden hacer los políticos para que tener un hogar deje de estar fuera del alcance de tanta gente? En este episodio de Hoy en EL PAÍS, el analista de datos Kiko Llaneras, nos cuenta qué dicen las encuestas.
La máxima favorita, la que siempre puso a prueba Nicolas Bouvier en su vida como escritor y fotógrafo, fue: “Crees que vas a hacer el viaje, pero el viaje es el que te hace a ti, o te deshace”. Bouvier no viajaba para adornarse de exotismo y de anécdotas como un árbol de Navidad, sino para que el camino lo desplumara y lo exprimiera. Exprimió su idea del viaje y se dejó llevar hasta concebir libros icónicos como El uso del mundo, El pez escorpión o Crónica japonesa.
Aún no había amanecido en Nueva York, donde dormía Pedro Sánchez, cuando en Madrid se estaba produciendo a la vista de todos el acontecimiento que precipitaría un adelanto electoral que el presidente había rechazado decenas de veces. Rodeada de activistas del Sindicato de Inquilinas, de caras conocidas y muy identificadas con el progresismo —como Ana Belén, Juan Diego Botto y Carlos Bardem—, Maricarmen Abascal, de 87 años, abandonaba su casa en camilla, desahuciada por el fondo que la compró, después de 70 años pagando su alquiler.