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La última vez que Mourinho pisó el Camp Nou, Mariano Rajoy era presidente y España pagaba la cuenta de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, que despertó una revuelta en todo el mundo tan colorida como inútil. La primera acampada en Sol, los nuevos partidos, la explosión de las redes sociales que iban a cambiarlo todo. Benedicto XVI anunciaba su renuncia y Obama iniciaba su segundo mandato. La vida era de los Milennials, esa generación a la que le tomaron el pelo con promesas de consumo y algoritmos. Pero, sobre todo, Lamine Yamal Nasraoui Ebana, el chico que encarna ahora la revuelta, tenía solo 5 años, 7 meses y 13 días.
A los fotógrafos les interesó mucho más el barbudo José Mourinho que Hansi Flick. Hacía 13 años que el técnico portugués no aparecía por la banda del Camp Nou. Se despidió entonces con una victoria y regresó por donde se fue, con un triunfo en el minuto 88 en una noche llamada a invertir la pesadumbre y pesimismo que apelmaza a los blancos desde hace dos años.

El Real Madrid que dirige Pedro Martínez ha batido este domingo el récord de triples en un partido de la liga ACB al elevar el registro hasta los 24 aciertos, de 45 intentos, en la contundente victoria frente al Ilerna Lleida por 86-122. El equipo blanco superó con una canasta triple en el último segundo, de Maledon, la marca de 23 bingos del Unicaja (temporada 2024-25 contra el Real Madrid) y del Baskonia (2025-26 contra el Manresa).
Andaba ya el Madrid mirando de reojo el resultado como mal menor después de muchos minutos de cierta angustia cuando de repente Bellingham, que lleva una temporada para que se la pinte Velázquez, se inventó una pista de baile y una jugada dentro de ella, casi un claqué, para que el balón saliese despedido como un pez que sacase del bolsillo. Y de repente Camavinga, siempre la gente más inesperada es la que revienta la fiesta, se marcó un autopase delante de Cubarsí y colocó el balón a Mbappé en medio de una salida a ninguna parte de Joan García. Fue el mazazo del Madrid en el Camp Nou, el martillazo frío de la sentencia de un equipo al que esperaban en Barcelona para apuntillarlo con media docena de goles y salió con el escudo y la camiseta intactas después de hacer lo que mejor sabe cuando todos lo dan por muerto: sembrar el terror y el caos.
El mejor Madrid, salido de la alineación seguramente más cuerda, chafó la euforia del barcelonismo en el mismo Camp Nou con dos goles de Mbappé. Acostumbra a pasar en los clásicos, que no siempre giran a favor del favorito, que era el Barça, líder con un pleno de nueve victorias desde que empezó la Liga. El partido parecía tan decantado a favor de los azulgrana, beneficiados además por la baja de Courtois debido a una gripe, que se acabó con la victoria inapelable del Madrid, que suele hacer de la necesidad virtud, sobre todo en las situaciones límite como era la de anoche en Barcelona. La urgencia resultó balsámica para un equipo con nombre y oficio como el madridista y también para el estratega Mourinho.