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El ultraderechista Flávio Bolsonaro (47%) y el actual presidente, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva (45%), se disputarán la presidencia en una segunda vuelta que se celebrará el próximo 25 de octubre. El primero ha ganado a Lula por dos puntos porcentuales, con una diferencia de 2,3 millones de votos. Bolsonaro ha dicho esta noche que, con su victoria en la primera vuelta, “queda decretado el fin de la era del PT”, el Partido de los Trabajadores de Lula, y ha afirmado: “Brasil quiere cambio”.
La ola ultraconservadora que recorre América Latina se ha apuntado este domingo en Brasil una victoria crucial con visos de ser definitiva en tres semanas. El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, ha ganado la primera vuelta de las elecciones presidenciales con el 47,1% de los votos válidos, frente al 45% del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, con el 98% del voto escrutado, según el Tribunal Superior Electoral. El heredero político del clan ultraderechista ha liderado el recuento desde el principio hasta el final frente a uno de los políticos más influyentes de América Latina en este siglo y que ha gobernado Brasil durante 11 años.

Difícil encontrar entre los 120 líderes mundiales que este septiembre tomaron la palabra en la sede de Naciones Unidas la semana pasada una trayectoria vital y política tan singular, y épica, como la del hijo de doña Lindu. La figura materna ocupa un lugar estelar en el relato que Luiz Inácio Lula da Silva (80 años, Garanhuns, Pernambuco) ha construido sobre su vida. En su décimo discurso ante la Asamblea General, habló de grandes conceptos, como soberanía, democracia o multilateralismo, pero en los mítines le encanta entrar en lo íntimo. Y contar que su madre le enseñó, con el ejemplo cotidiano, las lecciones que forjaron su carácter. “Doña Lindu, analfabeta, madre de ocho hijos pequeños, tuvo el valor de dejar a mi padre. Vivía en una choza, sacó adelante a ocho hijos y transformó a Lulinha en esta cosa bonita que hoy les habla”, recordó el veterano político al arrancar, en agosto, su séptima campaña electoral. El escenario era un guiño nostálgico al pasado, en ese estadio que arengaba a los obreros contra la dictadura.

Flávio Nantes Bolsonaro, de 45 años, se define como “senador, abogado, cristiano”. El candidato más votado en primera vuelta se vende como el más moderado de los Bolsonaro, el clan que le ha confiado la misión de regresar al poder en Brasil. Cierto que no exhibe la abierta nostalgia de la dictadura militar mostrada por su padre. Ni despliega la agresividad, el machismo ni el racismo con los que este ganó notoriedad. El hijo mayor de Jair Messias Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), quizá sea el menos radical de la familia, pero el cuarto de siglo que lleva en política y su agenda dejan clara la impronta del patriarca, la luz que guía cada uno de sus pasos desde niño. Quizá les distinguen las formas, pero no la sustancia.
La derecha ha arrasado este domingo en São Paulo, el estado más poblado y rico de Brasil y su mayor colegio electoral. El gobernador Tarcísio de Freitas, exministro de Jair Bolsonaro, ha sido reelegido en primera vuelta con el 62,6% de los votos válidos. Su rival, el petista Fernando Haddad, se ha quedado en el 36,4%. La cuarta derrota consecutiva de Haddad, el hombre que Lula ha señalado varias veces como sucesor, deja a la izquierda brasileña ante la pregunta de cada elección: quién vendrá después de Lula.