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Los sindicatos y los empresarios chocan estos días a cuenta del incremento de las bajas laborales en España, que se han duplicado en la última década y que protagonizan el debate público desde que este martes Alberto Núñez Feijóo se refiriera al fenómeno como “un cáncer”. La patronal insiste en la importancia del “absentismo profesional”, sin concretar el impacto de esos presuntos fraudes, y los sindicatos ponen el foco en que son muchos más los empleados que acuden a su puesto enfermos por miedo al despido. Pero hay un mensaje que sí comparten, al considerar el funcionamiento sanitario como una de las causas principales del incremento de la incapacidad temporal. Con este punto de partida común, ambos colectivos apremian a las Administraciones públicas a mejorar los recursos sanitarios para descongestionar las listas de espera y conseguir que las bajas duren menos. Ese enfoque apela directamente a las comunidades autónomas, que tienen transferidas las competencias en sanidad. Tanto la autoridad fiscal independiente (la Airef) como otros expertos avalan el vínculo entre listas de espera sanitarias y duración de las bajas.

La legislatura entra en su recta final y se agota el margen para seguir aplazando las grandes iniciativas económicas pendientes. Con la vista puesta en el superciclo electoral del próximo año, el Gobierno se ha comprometido a presentar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado (PGE), tras tres ejercicios de cuentas prorrogadas y sin siquiera ofrecer proyecto, aunque no tenga garantías de que salgan adelante con un bloque de investidura que sigue fracturado. Pero este no es el único examen en el horizonte. Los departamentos económicos —en particular el Ministerio de Hacienda— afrontan en los próximos meses una serie de votaciones y negociaciones de alto voltaje político, desde la condonación de la deuda autonómica a la reforma del sistema de financiación.

Desde que comenzara el siglo XXI, España ha experimentado dos grandes choques demográficos exógenos. El primero, impulsado por el frenesí del ladrillo entre el año 2000 y 2007, mientras que el segundo, más silencioso pero constante, por el flujo post-pandémico que comenzó a acelerarse en 2023. Aunque son dos episodios similares en cuanto a su catalogación (un proceso de inmigración sustancial y significativa en poco tiempo), cometeríamos un grave error de diagnóstico si asumiéramos que ambos fenómenos son económicamente simétricos. Ya que no lo son. España no es la misma economía que en el periodo 2000-2007, y los inmigrantes que aterrizan hoy en sus aeropuertos tampoco lo son.

Vox ha rescatado al historiador Fernando Paz, del que en 2019 se vio obligado a prescindir como cabeza de lista por Albacete en las generales de abril tras conocerse que cuestionaba los juicios de Núremberg y defendía las terapias para gais. El ensayista, que llegó a ser acusado por la comunidad judía española de negacionismo del Holocausto, ha sido ahora recuperado por el partido ultraderechista. Promocionado en sus canales oficiales, Paz acaba de participar en el campus juvenil de la familia europea de Vox, figura como profesor para el próximo curso en una escuela de formación vinculada al partido y desde diciembre es patrono de honor una organización españolista cofundada por Santiago Abascal. Dos fuentes al tanto de la trayectoria de Paz (Madrid, 60 años) ven su regreso como una demostración del creciente radicalismo de Vox.
La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, que investiga el caso Leire Díez, quiere poner ahora el foco en la gerente del PSOE, Ana Fuentes, que está imputada por la Audiencia Nacional; y en dos trabajadoras del partido, Covadonga S. P. P. y Celia R. A. Los agentes han pedido al magistrado instructor Santiago Pedraz que les autorice a acceder, clonar y estudiar el contenido de los teléfonos móviles de las tres empleadas, que les fueron incautados por los agentes durante el operativo desplegado el pasado mayo para ejecutar varios registros, y que incluyó la visita de los investigadores a la sede nacional de la calle de Ferraz para requerir documentación.
La Audiencia Nacional ha avalado la decisión del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) de retirar el acceso a información catalogada como reservada al sargento de la Armada española A. O. N., destinado como especialista en guerra electrónica en el submarino S-70 Galerna, tras considerar probado que ocultó que se había casado con una mujer rusa y que había adquirido esta nacionalidad. El servicio secreto había esgrimido también que, en una entrevista de seguridad a la que le sometieron sus agentes, el militar había manifestado que “en una hipotética participación de España en un conflicto armado con Rusia solicitaría no participar”, según recoge la sentencia. La sentencia del tribunal concluye que, por todo ello, hay “dudas” sobre el “compromiso con España” del suboficial, del que destaca su “sentimiento prorruso”. El fallo no es firme y va a ser recurrido ante el Tribunal Supremo por el sargento, según confirma a EL PAÍS su abogado, José Antonio Cumplido, que tilda la decisión judicial de “ilógica”.

Es difícil ver a Marc Cucurella (Barcelona; 27 años) en un mal día. Le pasa en el campo, también fuera. Más o menos cansado, con o sin prisa, el lateral se preocupa por ser agradable. En algunas respuestas, más encorsetado; en otras, más suelto, siempre transmite buen rollo. Y es empático. Incluso entre el ajetreo que implican unos cuartos de final de un Mundial, ante Bélgica. Ajeno a la burbuja en la que se protegen la mayoría de los atletas de élite, Cucurella prioriza a su familia a la hora de buscar un nuevo destino [Mateo, nacido en 2019, fue diagnosticado con trastorno del espectro autista]. Lo hace, incluso, cuando a su puerta llama el gran Real Madrid.



España ya ha estado aquí, en los cuartos de un Mundial, un lugar en el que ha recolectado una formidable colección de frustraciones, siempre atribuidas a factores más o menos externos, desde el mal absoluto del fascismo hasta la presunta lotería de los penaltis. España ya ha estado aquí, pero casi nunca ha sido como esta vez, esta noche contra Bélgica en Los Ángeles (21.00, La1 y Dazn). La selección de Luis de la Fuente acumula una montaña de certezas desacostumbrada en aquel pasado temeroso de décadas, cuando este instante del torneo disparaba de manera automática el adagio de “la maldición de los cuartos”. El almacén guardaba suficientes disgustos para sostener ese tono victimista, muy lejos del carácter y la autoridad de la selección de hoy.
Hay sueños que todos los futbolistas compartimos y debutar con la selección es uno de ellos. Si, además, lo haces en un Mundial, ya es otro nivel. Es difícil explicar lo que significa: no solo son unos minutos sobre el césped, detrás hay muchos años de trabajo y sacrificio. Lesiones, dudas y también ilusión. Esa idea te mantiene en pie y nunca pierdes la fe en la oportunidad. Debutar en un Mundial es una alegría especial, da igual si son noventa minutos o si se juegan dos. Todo el camino recorrido cobra sentido.