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La manifestación convocada este sábado en la ciudad francesa de Lyon en homenaje a Quentin Deranque, el joven miembro de un colectivo de extrema derecha fallecido el pasado sábado tras recibir una paliza por parte de militantes de extrema izquierda, ha transcurrido con relativa calma gracias al fuerte dispositivo policial desplegado. Sin violencia física, pues no hubo peleas, pero sí verbal, con saludos nazis e insultos racistas por parte de varios manifestantes, según la denuncia de las autoridades a la Fiscalía.
Esta historia hay que empezar a contarla por el final. Restaban 20 segundos por jugarse en la semifinal de la Copa entre el Valencia Basket y el Real Madrid y el conjunto de Pedro Martínez mandaba por 106-101 después de un triple estratosférico de Jean Montero, autor de 19 puntos él solito en ese último cuarto. Mario Hezonja, otro extraterrestre, mantuvo a su equipo atado a la vida con un nuevo acierto de tres puntos. Ocho segundos en el marcador de un Roig Arena a rebosar con 15.221 espectadores y saque de fondo para el Valencia. Y Jean Montero, el héroe, que rifa un balón largo al centro del campo, lo recupera Abalde y Hezonja se levanta de nuevo para enchufar su cuarto triple del último periodo y consumar una remontada épica que culmina una oda al baloncesto: 106-108, la mayor anotación conjunta en un partido sin prórroga en la historia de la Copa (214 puntos). Y el Madrid en una nueva final, este domingo (19.00, Dazn) contra el Barcelona o el Baskonia, después de remontar hasta 18 puntos de desventaja con otro desenlace para su legendaria enciclopedia.
Dos partidos seguidos sólidos a domicilio siguen siendo demasiado para el Madrid, hundido en Pamplona en el minuto 90 por un golazo de Raúl García. Sin pulso ni fútbol durante una hora, la arremetida final de los blancos murió en la gran maniobra del delantero osasunista, que mandó al suelo a Asencio y se la cruzó de maravilla a Courtois.
El drama turco Gelbe Briefe (Cartas amarillas), de Ilker Çatak, ha ganado el Oso de Oro de la Berlinale 2026. Rodada en Alemania, y sin esconderlo en pantalla —un cartel informa “Berlín como si fuera Estambul” y otro explica: “Hamburgo como si fuera Ankara”—, la nueva película de turcoalemán Çatak, que fue candidato al Oscar a película internacional con su trabajo previo, Sala de profesores, usa hechuras de filme clásico para ilustrar la destrucción de una familia. La vida feliz de los protagonistas revienta cuando al padre, profesor universitario y dramaturgo, el Gobierno le envía una carta de despido (el título se refiere a esas cartas amarillas) por “antipatriota”, lo que arrastra en la caída a su esposa, actriz de éxito, y a quienes le rodean, principalmente su hija. Pierden sus trabajos, pierden su casa. Y por ello, afrontan el dilema de defender sus ideales o achantarse y avanzar con su vida.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha hecho una nueva reivindicación de la soberanía nacional y una defensa de los mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos, en medio de una nueva turbulencia comercial y política por las decisiones del presidente Estados Unidos, Donald Trump, en torno a los aranceles. “Ahora que estamos en un estado frontera con Estados Unidos, hay que mandarle un saludo cariñoso, nuestra admiración, a todas las mexicanas y mexicanos que están del otro lado de la frontera, que sepan que su pueblo y su gobierno los quiere y los defiende. Los mexicanos que están allá nos ayudan en la economía de México, y que se oiga bien y que se oiga claro: Estados Unidos no sería lo que es si no fuera por los mexicanos que trabajan del otro lado de la frontera, son héroes y heroínas”, ha dicho durante su segundo día de gira en el estado norteño de Coahuila.
Doha corona este sábado a Carlos Alcaraz, un campeón imponente y con mayúsculas al que nada ni nadie le detiene en este nuevo curso que, hasta la fecha, se traduce en un monólogo. Es él, y luego el resto. Novak Djokovic sucumbió a la lógica en el desenlace de Melbourne, Jannik Sinner no termina de estar del todo fino y en la final del emirato, el francés Arthur Fils salta a la pista como un cubito de hielo expuesto al sol desértico: en un abrir y cerrar de ojos, se deshace. Apunta maneras el galo, pero ya sea por la tensión o por el mero hecho de divisar al número uno al otro lado de la red, cae sin remisión. Desmorone absoluto. Sencillamente, no hay duelo: 6-2 y 6-1, en 50 minutos.