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De esas cosas nuevas que tanto nos sorprenden de Amazon. Desde EL PAÍS Escaparate le hemos echado el ojo a este chal térmico, un invento para no pasar el día envueltos en una manta. Porque, reconozcámoslo, trabajar con las manos heladas, leer en el sofá con los hombros encogidos o intentar ver una película mientras buscamos la postura perfecta para taparnos no es lo que queremos.





La pérdida de fuerza y rigidez constante en las manos complica las tareas más sencillas de nuestro día a día. Acciones comunes como teclear en un teclado de ordenador, abrir tarros de cristal o simplemente descansar del tirón por la noche se vuelven cuesta arriba cuando aparecen problemas articulares o musculares.





Hay días en los que es imposible darle forma al pelo, da igual lo que hagas que queda horrible. Si lo que intentabas era conseguir un peinado con más volumen, querías levantar las raíces o necesitabas definir el flequillo sin que el cabello quedase apelmazado, probablemente deberías probar algo nuevo.



Blanca Lacasa (Madrid, 54 años) aprendió a escribir redactando correos electrónicos. Lo ejercitaba antes de la época de la mensajería instantánea, cuando trabajaba cumpliendo horario en prensa y en comunicación, en sus tiempos muertos y en los recreos. En lugar de salir a tomar aire, sus dedos tecleaban a toda velocidad y, para divertirse, buscaba formar oraciones con más gracia, con más ingenio, con mensajes ocultos en acrósticos que nadie descubrió jamás o dándole sentido al Re: de los asuntos: “Como han desaparecido los correos, no me queda más Re:medio que Re:crear…”, ejemplifica en Atentamente (Libros del K.O., 2026), su último libro, un elogio a la escritura cotidiana.

La orden emitida desde el centro de control de la circulación ferroviaria de Adif en Madrid-Atocha, el pasado miércoles a las 8.36 horas, para que un AVE de Renfe que viajaba desde Madrid con destino Sevilla saliera con marcha normal (con límite en 200 kilómetros por hora) de una situación de parada tras la caída del sistema de señalización LZB va a ser diseccionada por la investigación del siniestro de Urda (Toledo). Fuentes cercanas a las pesquisas explican que también serán revisados, tanto por la autoridad independiente de investigación técnica AITAT como por la policía judicial, decenas de antecedentes similares en la misma línea Madrid-Sevilla con fallos en la tecnología LZB. Ese tren al que se permitió avanzar a toda velocidad colisionó con un Iryo detenido, causando 69 víctimas mortales. El gestor de la infraestructura Adif ha comenzado a recopilar documentación para su inmediato traspaso a la investigación.
El pasado jueves, 24 horas después de que el choque entre dos trenes en Urda (Toledo) costase la vida a al menos 69 personas, el palacete de mediados del siglo XVIII en el que tienen su sede los juzgados de la cercana localidad de Orgaz (2.600 habitantes) vivía una ficticia calma. Solo un folio en la puerta del edificio con los teléfonos de información de Renfe y Oryo ―las compañías de los convoyes siniestrados― y la visita de dos agentes de la Guardia Civil de paisano identificables por los chalecos del instituto armado que vestían sugerían que este edificio es el epicentro de la investigación judicial que debe determinar las posibles responsabilidades penales del trágico accidente.


El ministro de Transportes, Óscar Puente, constatará este martes de nuevo en el Congreso que no cuenta con el respaldo de la mayoría del Parlamento. Será un mensaje claro. PP, Vox, PNV y Junts suman 35 de los 69 puestos de la Diputación Permanente del Congreso que representa en estos momentos preelectorales a las Cortes Generales y todos esos partidos exigirán su dimisión. Es posible, también, que se enfrente incluso a duras críticas y rechazo de socios de legislatura, como le ha pasado ya en otros momentos de este mandato, en el que ha sido reprobado siete veces por el Congreso y el Senado. El ministro ha comunicado públicamente que dispone del apoyo del presidente del Gobierno para continuar en su puesto y que entiende que debe seguir tras el accidente de Urda para ofrecer soluciones y alternativas a un siniestro que ha puesto en cuestión todo el sistema ferroviario español.
“Óscar Puente, asesino”, “Partido Socialista, banda criminal” y —el ya clásico— “Pedro Sánchez, hijo de puta”, corea la multitud. Otras proclamas evidencian la presencia allí de ultranacionalistas de sangre y suelo: “Esta es nuestra tierra y hay que defenderla”. Son pasadas las 20 horas del miércoles, día del accidente de Urda (Toledo), y se han concentrado más de mil personas junto al Ministerio de Transportes en Madrid. Están convocadas por Falange, partido heredero de la histórica tradición política española hermana del fascismo, y Revuelta, una asociación vinculada en sus orígenes a Vox que usa argumentos raciales para sus mensajes xenófobos. Hay mucho rostro tapado y mucha ropa negra. Ante el lanzamiento de bengalas y el agolpamiento de manifestantes en el cordón policial, los agentes cargan. Indignado, Pedro Chaparro, presidente de Democracia Nacional, vocea: “Lo que ha ocurrido hoy es una matanza. Esto es de rebelión nacional. Señores, hay que alzarse”. Pablo González, líder de Revuelta, se graba un vídeo imputando al Gobierno las víctimas de Urda, pero también de la dana de Valencia y del accidente de tren de enero en Adamuz. El mensaje anunciado como un “homenaje” a las víctimas de Urda acaba mencionando la crisis de Ceuta y hasta el volcán de La Palma, en un totum revolutum de asuntos de los que culpa al Ejecutivo.
Sandra del Olmo llegó nerviosa a la cita en una cafetería. Le esperaba su padre, al que no había visto hacía un año. Desde que él hizo las maletas y se fue de casa, las cosas entre ellos ya nunca fueron iguales. Algo parecía roto. En el divorcio, ella tomó partido por su madre y eso la había distanciado irremediablemente de él. Ese día, delante de un café, no hablaron de nada importante, solo de asuntos cotidianos de sus vidas. A partir de ese momento se llamaron y se mensajearon más a menudo, y eso les trajo mucha paz a ambos. Volvieron a verse tres veces más. La última, la noche del 27 de octubre, cuando él aparcó en la puerta de su casa con las luces encendidas, sacó una maleta y se la dejó a ella hasta que regresase. Al día siguiente tenía que coger el AVE.


El rostro de la secretaria general de Protección Civil y Emergencias, Virginia Barcones (Berlanga de Duero, Soria, 50 años), refleja el cansancio acumulado en las últimas jornadas. En sus manos está coordinar los recursos materiales y humanos que las diferentes administraciones han puesto en marcha para paliar en la medida de lo posible las trágicas consecuencias del accidente ferroviario de Urda (Toledo) en el que han muerto 69 personas. Acaba de salir de la primera reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI) de este domingo y aún le quedará al menos otra cuando caiga la noche. Entre medias, su teléfono no deja de recibir mensajes y llamadas. La última, para abordar la identificación de los ciudadanos extranjeros muertos en el siniestro. “Las víctimas son lo primero. Ellas y sus familias”, recalca una y otra vez durante la entrevista. Por ello, añade su preocupación ante el daño que pueden provocarles los bulos que surgen tras siniestros como este: “Pueden ser muy peligrosos”.

