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La rutina de skincare es más que un ritual de cuidado de nuestra piel, también se ha convertido en ese momento de desconexión para relajarnos y mimarnos un poco. Y aquí es donde las mascarillas faciales cobran protagonismo.



El ejército de EE UU ha rescatado con vida al segundo piloto del caza F-15 derribado por Irán en su territorio el viernes, según ha confirmado este domingo el presidente, Donald Trump, a través de un largo mensaje en su red social, Truth. “Las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos han llevado a cabo una de las operaciones de búsqueda y rescate más audaces de la historia del país”, ha celebrado. El primer piloto ya había sido recuperado horas después del ataque. El republicano había reiterado más temprano su ultimátum a Irán: “¿Recuerdan cuando di a Irán 10 días para que llegara a un acuerdo o abriera el estrecho de Ormuz? Quedan 48 horas para que el infierno se apodere de ellos”. La amenaza llega después de que los mediadores en las conversaciones entre Washington y Teherán afirmaran el jueves que la vía diplomática llegaba a un “punto muerto”, mientras que el republicano aseguró que el derribo del caza estadounidense por parte de Irán no alteraría esas negociaciones. Israel, por su parte, ha anunciado que se prepara para atacar la próxima semana instalaciones energéticas iraníes, para lo que espera el visto bueno estadounidense.

De cara a la temporada estival, las prendas de abrigo quedan atrás y la piel deja de esconderse bajo capas. La operación moreno se pone en marcha y los autobronceadores corporales se posicionan como una opción ideal para conseguir un tono de playa sin exponerse al sol ni poner en riesgo la salud de la piel.






Son las dos de la tarde en Aguacate. Un puñado de vecinos de este pequeño pueblo cubano se mece en sillas colocadas en fila en la vereda; otros van a la tiendita a comprar un refresco para el calor, venden piezas sueltas de ferretería o tienden la ropa en la azotea. Es un día más en el barrio. Hasta que pasa Juan Carlos Pino. Llega despacito a la plaza central, pitando y saludando a todo el que voltea a ver con sus propios ojos el famoso vehículo a carbón. A Pino se le ensancha el pecho del orgullo. Lo aparca y pocos minutos después se juntan una decena de personas alrededor. Él presume de su coche y responde todas las dudas. “¿Pero cómo hiciste funcionar esto?“, pregunta una mujer que lo busca para una foto. “Ño, ¡es de película!”, le dice un viejo amigo. Otro llama a un familiar y le da las coordenadas exactas para que venga corriendo “a ver esto”.


La afición en los estadios es el coro parlanchín de las tragedias griegas; las camisetas de los jugadores, sudarios o reliquias de santos; y el balón, claro, es el objeto máximo de deseo: redondo, escurridizo y perfecto como los dioses. En su último libro, Héroes numerados (Planeta), Juan Villoro envuelve el fútbol en ecos míticos, dando la razón a Pasolini cuando dijo, hace ya unas cuantas décadas, aquello de que el juego del balón era la última representación sagrada, el último gran rito que nos queda.
Quizás en la historia de Juan Carlos Valencia González está escrita la historia del narcotráfico mexicano. Su padre fue un pionero en el trasiego de drogas y cambió el cultivo de aguacates en Michoacán por los barcos de cocaína; su madre y su tío convirtieron un apellido en una empresa criminal, y su padrastro fue el capo más buscado del mundo, fundador de un imperio internacional. De indudable abolengo delictivo, Valencia González es conocido como El Pelón, el 03 o el R3, también JP. El Gobierno mexicano dice que dirige un grupo armado de élite y el estadounidense ofrece cinco millones de dólares por cualquier información que lleve a su captura. Ambos lo consideran, tras la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, como el posible sucesor al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Con 41 años, Valencia pasa por primera vez a una primera línea criminal que le viene de familia.

A vista de pájaro, Barcelona semeja un cuadro abstracto de Mondrian que ha perdido un color. Pero ya lo recuperó: el verde. A una ciudad que le falta espacio, sólo existe un sitio donde pueda hallar su contacto con la naturaleza: los tejados de los edificios. Por eso proliferan esos lugares que, en ocasiones, son puros jardines. Cubiertas verdes las llaman los expertos. Basta con levantar la vista y ahí están. En el barrio tecnológico 22@, en Gracia o San Andreu. Cada comunidad autónoma, al tener transferidas las competencias, sigue sus propias reglas. Pero en esta ciudad con ventana al mar es obligatorio en obra nueva, y una comunidad de propietarios puede pedir 60.000 euros a fondo perdido e instalar ese color. Todo depende de la ambición. El precio medio ronda los 150 euros por metro cuadrado. Asequible.
El PP está de enhorabuena. A partir de este martes, todos los informativos volverán a hablar de José Luis Ábalos y de Koldo García. Esos nombres y sus resonancias corruptas fueron durante meses y meses el nutriente principal del discurso de Alberto Núñez Feijóo y los suyos en su infatigable batalla contra el Gobierno. Hasta que en las últimas semanas el asunto decayó en favor de otros temas de conversación más gratos para los de Pedro Sánchez, la guerra contra Irán como el primero de todos.