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Soy periodista especializado en análisis de productos y, en los últimos años, he probado y comparado decenas de dispositivos y accesorios para medios como El País. Mi forma de evaluar parte de algo muy concreto: entender qué ofrece realmente un producto en relación con lo que cuesta. No sólo en pruebas puntuales, sino también en un uso cotidiano, porque es ahí donde se perciben los detalles que marcan la diferencia. Más allá de las especificaciones, me interesa cómo responde en la práctica, qué tan consistente es con el paso del tiempo y qué limitaciones aparecen cuando lo integras en tu rutina. Porque, al final, un buen producto no es el más llamativo, sino el que mejor justifica su precio en el día a día. Ese es el criterio con el que construyo cada recomendación.




Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá han fracasado a última hora de este viernes, lo que deja vía libre a la entrada en vigor de los aranceles del 50% impuestos por el presidente estadounidense, Donald Trump, sobre unos 20.000 millones de dólares en productos canadienses, después de que Ottawa rechazara cerrar un acuerdo que consideró desfavorable. El gravamen ha entrado en vigor a partir de la medianoche del sábado, según recoge Reuters.

Como todo en esta vida, si no cuidamos nuestra lavadora, no podemos esperar que funcione correctamente por mucho tiempo. Aunque el mantenimiento interno es fundamental, no se puede descuidar el externo, así que una buena funda se convierte en la aliada perfecta para protegerla.




Cualquier cocinillas que se precie sabe que, aunque las freidoras de aire son muy prácticas para algunas recetas, el horno sigue siendo un imprescindible en la cocina: ya sea para preparar una gran tanda de galletas o un plato delicioso de carne y guarniciones en cantidad. Sin embargo, la limpieza de este electrodoméstico puede ser una tarea bastante tediosa. Y es que, en el momento en que se desborda lo que estás cocinando, sabes que después tocará invertir un buen rato en rascar y frotar para eliminar toda la suciedad.




El presidente Abelardo de la Espriella ha anunciado los nombramientos de al menos 10 personas cuestionadas por distintos sectores de la opinión pública durante sus primeras dos semanas en el Gobierno. Son perfiles que ocuparán altos cargos en el Ejecutivo a quienes se les señala por falta de experiencia, conflictos de interés, investigaciones en curso o lazos familiares cuestionados. La exesposa de De la Espriella, por ejemplo, será superintendente delegada de Notariado; el creador de una marca de ron, Jaime Andrés Uribe, liderará la reconstrucción de las zonas afectadas por el reciente terremoto; Julián Buitrago, un activista digital de extrema derecha, acusado de acosar en redes sociales y difundir noticias falsas, será el director de Planeación Nacional. Estos nombramientos se dan mientras el Ejecutivo de ultraderecha objeta un proyecto de ley impulsado por la bancada uribista del Centro Democrático, de la derecha tradicional, que prohíbe la reducción de los requisitos para acceder a cargos públicos. El equipo de De la Espriella señala que el proyecto, al que solo le faltaba la firma del presidente para entrar en vigencia, es inconstitucional.
Solo usó el apellido de su madre, González, al adquirir en California un rancho que le ofrecieron por 250.000 dólares. Era una inversión que Juan Carlos Valencia González hizo en 2011, cuando tenía 26 años, sin anticipar que el valor de la propiedad casi se triplicaría por el acelerado crecimiento del mercado inmobiliario del Estado. Tampoco imaginó que terminaría al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que en ese tiempo acababa de crear su padrastro, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho. Aquella fue la apuesta del Pelón o el R3, 15 años antes de convertirse en uno de los narcos más buscados del mundo.




El Gobierno parece ser muy consciente de que la crisis de Ceuta le ha abierto un agujero de credibilidad importante. Todos los esfuerzos del Ejecutivo durante este verano, que en un principio se pusieron sobre los durísimos incendios de julio, se han concentrado en intentar dar una solución a una crisis humanitaria que está lejos de ser resuelta, con miles de inmigrantes aún por las calles de la ciudad autónoma, y tratar de volver a la normalidad.


Ya antes de la entrada de unos 80.000 inmigrantes a finales de julio, antes de las imágenes de grupos de recién llegados campando por los barrios y del poblado en la playa de El Trampolín y de su desalojo, antes del debate sobre el destino de los miles que aún no se han ido, antes de todo eso, Ceuta ya no era una ciudad cualquiera. ¿Por qué? Era y es singular —como Melilla— no solo por su emplazamiento, por la presión que ejerce Marruecos sobre ella. Pero también por sus malos indicadores sociales, económicos y educativos, entre otros.
