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Centenares de jóvenes se han concentrado este sábado por la tarde en el centro de Barcelona, donde están causando destrozos y quemando el mobiliario urbano y en las puertas de los comercios. Los Mossos d’Esquadra y la Guàrdia Urbana han montado un gran despliegue para frenar los actos vandálicos, haciendo conatos de cargas contra los encapuchados. Muchos comercios han cerrado sus puertas para evitar daños y saqueos en la plaza Catalunya y en el Portal de l’Àngel. El Ayuntamiento de Barcelona informa de que se trata de una manifestación no convocada y que la policía ha blindado la plaza y las calles del entorno para que no acceda nadie más en el perímetro que va de Rambla a Gran Vía y de plaza de Urquinaona a Universitat.

Faltaban apenas unas horas el viernes pasado para la presentación en el Espacio Telefónica de Madrid de Donde el agua trabaja, la novela ganadora del I premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. El libro había llegado hace unos meses a las tiendas de México, Colombia y Argentina y desembarcaba ahora en España. El autor premiado con 20.000 euros, David Silva Rojas, peruano de 46 años que ha vivido dos décadas en Japón y es abogado, se había desplazado a Madrid y tenía previsto seguir la gira de presentación este mes de octubre por Barcelona, Sevilla y Cádiz. Pero el plan se truncó abruptamente cuando EL PAÍS dio la noticia de que su libro está escrito por IA al 99%, según el detector Pangram, como pudo comprobar este periódico.
En Italia había gran expectación y temor por saber si los graves disturbios y saqueos del pasado fin de semana en Milán se quedarían en un episodio aislado o se repetirían este sábado, dado que el misterioso movimiento que los había promovido, llamado 17 de Octubre, había amenazado con una movilización en ocho ciudades. Sin embargo, hasta media tarde la jornada ha transcurrido con tranquilidad y sin grandes incidentes, con manifestaciones pacíficas, en este caso autorizadas, convocadas en muchas ciudades contra la guerra, el coste de la vida y el Gobierno de Giorgia Meloni. Pero ni rastro de grupos violentos por el momento.

La carta al director que envió Carolina Alguacil a EL PAÍS el 21 de agosto de 2005 sirvió para acuñar el término mileurista, muy utilizado a partir de ahí como etiqueta de un colectivo con muchas dificultades para tener una vida plena con ese salario. Esa misiva podría ser firmada hoy por cientos de miles de jóvenes. Y no tan jóvenes. Lo único que cambiaría sería el origen numérico del concepto, que con la inflación acumulada (60%) en estos 20 años los convierte en milquinientoseuristas o su variante más fotogénica en redes, milquini. El salario mediano —el más ilustrativo porque, a diferencia de la media, que mezcla cifras muy altas y muy bajas, este indicador divide en dos la distribución de los salarios y fija el umbral con la mitad por debajo y la otra mitad por encima— se situó en 2.001,4 euros en 2024, el último dato publicado. Dependiendo de la retención fiscal, supone entre unos 1.500-1.600 euros netos al mes.

“El momento es crucial y más peligroso que nunca. Hay que votar”. La consigna se repite, de forma más o menos idéntica, en boca de varios candidatos, ante la mirada atenta de decenas de habitantes del pueblo árabe de Abu Gosh, que escuchan sus propuestas mientras toman café y dulces al caer la tarde.
