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Vuelve el riesgo de estanflación, esa maldita palabra, 50 años después de uno de esos episodios que parecen contra natura. La mezcla de alta inflación y bajo o nulo crecimiento, es decir, que los precios de la vida suban con fuerza en medio de una economía al ralentí, resulta uno de esos escenarios infrecuentes en los países desarrollados que solo una buena conmoción externa puede acabar provocando. La debilidad del consumo y la inversión tiende normalmente a enfriar salarios y costes, pero cuando estos crecen de forma prolongada por un factor exógeno que escapa a la ley de la oferta y la demanda —por ejemplo una guerra como la de Irán— pueden acabar estancando la actividad y que ese parón tampoco sirva para suavizar la inflación.

La intervención del Gobierno ha cortado de raíz la escalada de los carburantes en España. No solo eso, los ha hecho recular. Aunque los combustibles todavía están más caros que antes del comienzo de la guerra en Irán en cuatro de cada cinco gasolineras, la rebaja de impuestos del Ejecutivo ha propiciado que por primera vez desde que estalló el conflicto el Boletín Petrolero de la UE recoja un abaratamiento en las estaciones de servicio: el litro de gasolina se paga de media a 1,557 euros —17 céntimos menos—, y el de diésel, a 1,777 euros, 11 céntimos abajo respecto a la semana anterior, cuando ya se notó parcialmente el efecto del recorte de impuestos.

Hacienda apura las últimas aclaraciones antes del arranque de la campaña de la renta —relativa al ejercicio fiscal 2025—, que arranca el próximo 8 de abril. La última se refiere a los cambios fiscales incluidos en el llamado decreto ómnibus, aprobado por el Gobierno y publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) a finales de diciembre, pero rechazado después en el Congreso. Una nota publicada esta semana por la Agencia Tributaria enumera las medidas válidas a efectos de la declaración de la renta pese al revés parlamentario, como la exención en el impuesto para las ayudas recibidas por la dana o las rebajas contempladas por obras de rehabilitación energética de la vivienda.
La justicia refuerza su doctrina sobre el uso de sociedades profesionales, especialmente en el ámbito artístico, para canalizar ingresos y reducir la carga fiscal. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha avalado recientemente la inspección y sanciones por una deuda cercana a los 100.000 euros que la Agencia Tributaria impuso a la rapera española María Rodríguez Garrido, conocida como Mala Rodríguez, por utilizar su sociedad “como vehículo de mediación y facturación de las actividades profesionales que la artista realiza en su propio nombre y persona”.

Hay nombres de ciudades como Faluya o Mosul que evocan guerra y destrucción, aunque pocos sepan ubicarlas en el mapa de Irak. La primera quedó asociada a la feroz resistencia contra los marines estadounidenses durante la invasión de 2003, que derrocó a Sadam Husein y dio paso a un nuevo sistema político dominado por partidos chiíes, mayoritarios en el país. La segunda se convirtió en símbolo del auge del yihadismo cuando, en junio de 2014, Abu Bakr al Baghdadi proclamó desde el púlpito de la Gran Mezquita al Nuri el llamado califato del Estado Islámico (ISIS).


Aunque el cohete no es del todo nuevo (ha volado en dos ocasiones anteriores), el encendido sigue siendo un espectáculo incomparable. Nada que ver con la retransmisión por televisión. Hay que estar allí para sentir la onda de choque, un trueno sostenido que hace reverberar las estructuras situadas cerca del edificio de montaje hasta las propias tripas de cualquier espectador desprevenido.
Dar una entrevista es como hacer cualquier otra cosa; por ejemplo, algo que no se parezca en nada a dar una entrevista, como gritarle a un desconocido al otro lado de la calle o jugar al tenis sin un oponente. De a ratos, es como el largo martirio de ser “pisoteado hasta la muerte por los gansos” del que habló Søren Kierkegaard. Una agonía insostenible en la que —a menudo— alguien que no sabe preguntar interroga a una persona que no puede responder y sólo piensa en la salida de emergencia. Y sin embargo, seguimos dando entrevistas, y haciéndolas, y Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003) concedió muchas a lo largo de su vida; en especial, durante los algo menos de diez años que van de La literatura nazi en América (1996) hasta su muerte.


Un casi desértico lunes por la noche ordinario en la tranquila Zamora (61.000 habitantes) y la abarrotada madrugada del Lunes Santo solo coinciden, paradójicamente, en el silencio. El primero lo aporta la quietud cotidiana de una ciudad pequeña; el segundo lo exigen las procesiones de Semana Santa para sentir la solemnidad entre teas iluminando rostros encapuchados y semblantes boquiabiertos. Se detiene el tiempo entre el gentío, respetuoso y sentido. Se apaga el rumor de las voces, dejan de chascar las pipas, los niños paran de jugar, se escucha el Jerusalem o La muerte no es el final. Silencio entre creyentes y paganos, entre nativos y turistas, entre habitantes y fugitivos forzados por la falta de oportunidades que retornan en vacaciones. Zamora evidencia sus contrastes con Cristos a hombros: alcalde de Izquierda Unida (IU) y calles tomadas por pasos, sinfines de ateos enrolados en rígidas cofradías y una ciudad unida por su patrimonio cultural, religioso y económico.


“A lo mejor nuestros nietos ya no sabrán que existió la ketamina y solo hablarán de Spravato”. La investigadora cultural Marta Echaves (Arganzuela, Madrid, 35 años) tuvo un “mal augurio” cuando Estados Unidos aprobó en 2019 comercializar Spravato, un medicamento antidepresivo de esketamina —un derivado de la ketamina— en forma de spray nasal. Distribuido por la unidad farmacéutica de Johnson & Johnson’s, el spray que recuerda en su envase a un simpático cohete en miniatura cuesta entre 500 y 700 euros. La patente expirada de la ketamina como medicamento genérico apenas supera los 50 céntimos. “Con esa estrategia confirmé que cualquier estado de alteración de conciencia siempre acabará siendo un espacio de cooptación para la industria clínica”, cuenta esta licenciada en Filosofía graduada en el Programa de Estudios Independientes (PEI) del Macba el último año que lo dirigió Paul B. Preciado (“figura crucial en mi pensamiento”, señala).