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Quan el 1889 l’editor Giulio Ricordi va intentar dissuadir el jove Puccini de musicar el mateix argument que acabava d’encimbellar Massenet, el compositor va respondre amb una gosadia ja cèlebre: “Una dona com Manon pot tenir més d’un amant”. I tenia raó. Manon Lescaut (1893), la seva primera gran maquinària operística, és també la més audaçment wagneriana: si Massenet havia mantingut la història de l’abat Prévost dins dels límits de l’opéra lyrique, Puccini l’empeny cap a un drama absolut, d’ascendència tristanesca, que desemboca en l’estranya nuesa de l’acte final. En aquest punt, en despullar de cop i volta l’espectador dels dispositius teatrals que l’emparaven en els actes precedents, el converteix en voyeur d’una intimitat devastada.
Música de Giacomo Puccini. Llibret de Domenico Oliva i Luigi Illica amb intervencions de Marco Praga, Ruggero Leoncavallo, Giacomo Puccini, Giulio Ricordi i Giuseppe Adami basat en l’obra L’histoire du chevalier des Grieux et de Manon Lescaut, d’Antoine François Prévost.
Asmik Grigorian, soprano (Manon Lescaut); Iurii Samoilov, baríton (Lescaut); Ivan Gyngazov, tenor (Renato Des Grieux); Donato Di Stefano, baix (Geronte di Ravoir); Filip Filipović, tenor (Edmondo); Alessandro Vandin, baix (l’hostaler); Álvaro Diana, tenor (el mestre de ball); Mercedes Gancedo, soprano (un músic); Domingo Ramos, baríton (un sergent); Andrea Antognetti, tenor (un fanaler); Pau Bordas, baix (un comandant).
Cor i Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu.
Director del cor: Pablo Assante.
Direcció musical: Josep Pons.
Direcció d’escena: Àlex Ollé.
Gran Teatre del Liceu, 17 de març. Fins a l’1 d’abril.

Cuando Leopoldo López (Caracas, 54 años) estaba recluido en la cárcel de Ramo Verde, tenía una fantasía recurrente. “En algún momento esa mazmorra tendría que convertirse en un museo de la memoria”, recuerda el dirigente opositor venezolano, que pasó más de tres años en esa prisión acusado de alentar las protestas de 2014 contra el Gobierno de Nicolás Maduro. Más de una década después, cree que ese momento se acerca, aunque el proceso de transición que comenzó el pasado 3 de enero con la captura de Nicolás Maduro todavía está en ciernes.

Ghana impulsa en Naciones Unidas una resolución, con el respaldo de los 55 países de la Unión Africana (UA), para que se declare “la trata de africanos esclavizados y la esclavitud racializada de africanos” como el “crimen más grave contra la humanidad”. Esta acción, que ha sido calificada como una iniciativa “sin precedentes” por juristas y expertos en materia de reparación, se produce en un momento de revisión del pasado colonial y de los abusos cometidos por Occidente en distintos territorios del Sur Global. En África, al menos 12,5 millones de personas fueron víctimas de trata y esclavitud a lo largo de 300 años.
El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) estrena la primavera con una muestra monumental, que ha supuesto más de siete años de trabajo y requerido los préstamos de más de sesenta museos y colecciones privadas de todo el mundo. Rafael: poesía sublime es la primera gran antológica dedicada al maestro italiano en EE UU; al niño prodigio, el Mozart del Renacimiento, que antes de los 25 años ya era pintor vaticano y a su muerte, el día que cumplía 37, dejó una obra inabarcable: pinturas, dibujos, excelsos grabados, tapices y artes decorativas; también diseños arquitectónicos o apuntes al natural de los monumentos de Roma.
La cita con Vittorio Giardino, el grandísimo historietista italiano, uno de los más acreditados representantes de la línea clara del cómic y que una vez dibujó el fusilamiento de Corto Maltés, es a mediodía en la Biblioteca Salaborsa, en la plaza de Neptuno, en el corazón de Bolonia, la ciudad del autor. Pero es lunes y la biblioteca está cerrada así que, al haber llegado con antelación, toca esperar en sus amplias escaleras de entrada entreteniéndose con la vista del centro histórico, que parece salido de una viñeta del propio Giardino, y la lectura de la información en un panel sobre la represión fascista a raíz del atentado del yekatit 12 (el 19 de febrero en el calendario etíope) en 1937 en Adis Abeba contra el mariscal Graziani, suceso digno de una historieta de Hugo Pratt, amigo y maestro de Giardino.




A finales de los noventa, en Japón tuvieron que inventarse un nuevo término para la clausura contemporánea: se utiliza la palabra hikikomori para definir a la persona que elige un aislamiento social en el hogar, desde donde se relaciona con el mundo a través de la pantalla. El protagonista de La grieta, la primera novela de Rodrigo Gervasi (Madrid, 1998), no es un hikikomori, pero siente un impulso parecido: a lo largo de poco más de cien páginas, abandona la casa una sola vez, y observa las vidas de los otros desde su cama. Ese protagonista, Hugo, es un chico de unos (suponemos) veintipico que busca certezas en un mundo donde todo es precario y cambiante: los trabajos, las parejas y los compañeros de piso. Y a lo largo de una narración depurada, analítica y muy autoconsciente, parece que solo encuentra esas certezas en las habitaciones y los objetos de la casa, que describe obsesivamente: “La posición de la silla, mal colocada de espaldas al escritorio, parecía ser definitiva; sentía que si me decidía a devolverla a su sitio, alguna ley física me lo impediría. Blanca, de madera y plegable. No la había usado nunca y dudaba que fuera a hacerlo. Entendía su carácter simbólico: estaba ahí porque no podía ser de otro modo. Su función se limitaba a eso, a existir”.

Desde este miércoles hasta el próximo 2 de abril, el Madrid de Pau Quesada tiene que atravesar una cordillera de partidos ante el Barcelona que va a determinar su temporada. El equipo blanco compite en los cuartos de la Champions y en la Liga F ante el Barça con la intención de no quedarse ya sin objetivos con dos meses de competición todavía por delante. El reto para el Real es mayúsculo ante el club que domina el fútbol nacional y europeo desde hace un lustro, que le ha ganado los tres clásicos anteriores de esta campaña con un total de 10 goles a 0 —4-0 en el torneo liguero, 2-0 en la Supercopa, 0-4 en la Copa de la Reina— y que manda en el cara a cara particular con un apabullante 21 a 1.
La fuente de la eterna juventud está en Tenerife. Bebe de ella la plantilla de La Laguna, la más veterana de la ACB, un grupo con mucha mili y 12 jugadores por encima de los 30 años. Dos de sus muchachos, el eterno Marcelinho Huertas, de 42, y Aaron Doornekamp, de 40, son los dos únicos cuarentones de la Liga. Y a la pandilla de acaba de unir Patty Mills, el genial base australiano de 37 años que ha regresado al baloncesto después de cerrar el pasado verano una larga etapa en la NBA. Marcelinho y Mills, ocho Juegos Olímpicos y ocho Mundiales entre ambos, son la pareja de bases de más edad en la historia de la competición liguera, superando a la dupla de André Turner (42) y Patricio Reynés (36) que reunió el Menorca en la temporada 2005-06.
Hubo llamadas al ejército español por si era necesario un rescate y hasta se solicitaron helicópteros a Red Bull, la marca que patrocina al Bora, por si debían evacuarlos a tiempo. Por suerte, no fue necesario, pero el susto del equipo ciclista, que estaba en el Teide acabando la concentración en altura, fue morrocotudo por la borrasca Thereshe, que traía consigo precipitaciones abundantes y nieve en las cumbres, al punto que por dos días nadie pudo subir ni bajar al volcán tinerfeño. “¿Qué podemos hacer? ¿Alguien sabe como llegar al aeropuerto?”, escribió en las redes sociales Oumaïma Rayane, influencer y mujer de Remco Evenepoel (Aalst, Bélgica; 26 años), fichaje estelar del Bora en este curso. Urgía el traslado para llegar a tiempo a la Volta a Catalunya, siguiente parada del calendario del belga. “Fue un poco estresante, pero sobre todo para el personal del equipo, que tenían que meter todo el material en las camionetas en un par de horas, que era el margen que teníamos para salir del hotel. Yo me mantuve en calma y por suerte ya estoy aquí y no me he perdido entrenamientos, que era lo más importante”, reflexiona Remco Evenepoel un día antes del certamen alrededor de unos pocos periodistas entre los que se encontraba EL PAÍS. Y, precisamente, los entrenamientos, dice, es lo que le han dado alas. Como Red Bull.
Cuando Richard E. Grant (68 años) encargó una escultura gigante del rostro de Barbra Streisand para el jardín de su casa de Richmond (Londres), el actor todavía no había conocido en persona a la cantante, pero era un gran admirador suyo. Coincidió con ella por primera vez en 2020, en una fiesta organizada por la diseñadora Donna Karan en Nueva York, cuando la empresa de efectos especiales a la que le había solicitado el busto estaba todavía trabajando en él. “Hablé con ella cara a cara y al final le dije: ‘Tengo algo que confesar... He encargado una escultura de más de medio metro de altura de tu cabeza, favoreciendo tu perfil izquierdo —que es desde donde le gusta que le hagan las fotos— para mi jardín’. Y ella me respondió: ‘Estás loco”, ha revelado el intérprete en el podcast Roots, de la Real Sociedad de Horticultura (RHS) del Reino Unido.