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Graves y aburridas comprobaciones en temporada de promoción cultural: a menudo, quien tiene más espacio en los medios deambula de uno a otro quejándose de otros medios; más fina tiene la piel ante la crítica o la indiferencia; peor lleva cualquier adversativa a su obra o su persona, y eso cuando ellos no creen que es lo mismo, la obra y la persona (“¿atacas mi película o mi libro? Eso es que no me aguantas a mí porque la obra es buena, el resto son prejuicios”). Quien construye su discurso y su personaje sin hacer daño a nadie, y no valora ni enjuicia el papel de quien lo entrevista, es rápidamente caricaturizado o convertido en una suerte de histrión para jueguecitos crueles de esos medios a los que él acude educadamente cuando le llaman. Otra cosa: quien más se prodiga en decir la mayor tontería sin demostración alguna, quien suelta la mayor bravuconada o trola o payasada inane, acto seguido se queja de que ahora ya no se puede decir nada en ninguna parte y a ninguna hora; más probabilidades de que esto ocurra cuanta más audiencia tenga el medio al que es invitado. Cada 10 años aparece un debate recurrente que con el tiempo tiene más pertinencia: por qué no hay crítica negativa. Pero cuando hay una crítica mala, pongamos en este periódico, se debate la legitimidad del crítico, cuando no directamente —pasó hace años— una carta de más de 100 firmas contra Boyero por sus coberturas y reseñas. El círculo vicioso es interesante y tiene que ver con una toxicidad creciente: la relación de dependencia, menor en el caso del protagonista gracias a sus redes sociales y por tanto más agresiva (“ya que habla con nosotros, exprimámoslo a clics”) por parte de muchos medios. Esto se traduce generalmente en terror: del entrevistado por el titular, del entrevistador por el extracto elegido en redes, del medio por la indiferencia de la audiencia, del agente por el despido. En fin, tómenselo con calma: todos seremos cancelados, o lo fuimos, o lo estamos siendo, qué más da.
Hay indicios y declaraciones de que Washington planea una operación terrestre en Irán. Incluso si se excluye la invasión y se limita a acciones puntuales, analistas políticos y militares advierten del yerro. No es el primero. Desde el principio, la guerra de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica ha acumulado un error tras otro.
Según los datos de la última encuesta sobre el uso de drogas, el 23% del alumnado de educación secundaria en Cataluña tiene un riesgo elevado de presentar un uso compulsivo de internet. Son casi uno de cada cuatro. La encuesta, presentada a finales de marzo, no tuvo mucho eco. ¿Qué hubiese pasado si el titular fuera que uno de cada cuatro estudiantes de secundaria es adicto a la heroína? Seguramente se hubiese abierto un debate nacional, con expertos y tertulianos tratando la cuestión mañana, tarde y noche y todos los partidos políticos posicionándose sobre la cuestión, con gesto compungido y declaraciones solemnes.
La noche madrileña ha perdido en pocos meses dos de sus grandes símbolos. Teatro Barceló, la antigua sala Pachá, y Fortuny, el palacete de Almagro reconvertido durante años en santuario de la élite social y empresarial, han acabado, aunque con trayectorias distintas, con una misma imagen final: espacios de la ‘jet-set’ madrileña desahuciados. “Se vende el emblemático Teatro Barceló”. “Se subasta la sala más exclusiva de Madrid: Fortuny”. Dos titulares que, separados, podrían no tener nada que ver. Pero guardan relación. Y mucha. Para empezar, ambas han recibido órdenes de lanzamiento. Y para continuar, ambas han recibido recientemente sanciones por parte del Ayuntamiento de la capital por sus licencias de actividad. Barceló, por aforo, tuvo que cerrar un año y ahora anuncia la venta del edificio; Fortuny entró en una subasta que ganó el Grupo Paraguas, pero en enero el Consistorio dictó una orden de clausura y precinto del jardín de la sala. En una ciudad donde el ocio se reinventa cada día, estos dos viejos símbolos se apagan entre polémicas por impagos y denuncias.

Un error del Gobierno andaluz (PP) ha provocado que miles de alumnos de educación secundaria carezcan durante cuatro años de tres libros de texto para la asignatura Atención Educativa, alternativa a Religión. Desde hace dos cursos y hasta 2028 los alumnos del millar de institutos andaluces no pueden disponer de los libros de la editorial Proyecto Educa porque la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional no los incluyó a tiempo en su plataforma para los centros educativos. Era el único material para esta asignatura, que carece de otro texto alternativo. “Fue un fallo garrafal. Hemos perdido una ocasión tremenda porque no teníamos competencia, perdemos prestigio en centros y visualización de marca”, resume el editor murciano Antonio Pascual Rodríguez, que exige a la Junta 404.714 euros como compensación por los costes de producción de los libros y el lucro cesante.

Sus amistades se rompieron al mismo tiempo que se extinguía la libertad en Rusia. Los periodistas Irina Borogán (51 años, Moscú) y Andréi Soldátov (50 años, Moscú), investigadores de los entresijos de los servicios de seguridad rusos desde hace tres décadas, reflejan en su último libro, Our Dear Friends in Moscow: The Inside Story of a Broken Generation, cómo una generación preparada, informada y cosmopolita abrazó el putinismo; y cómo demócratas y autoritarismo no pueden coexistir en una misma sociedad a largo plazo. Hoy esta pareja vive en el exilio mientras sus viejos amigos han llegado lejos dentro de la propaganda y del Gobierno ruso. Una vida más placentera, pero atada al futuro del régimen. Y el futuro pinta oscuro: “Los servicios de inteligencia rusos creen que están en una guerra eterna contra Occidente, una lucha que nunca terminará”, advierte Borogán junto a Soldátov en una entrevista por videoconferencia.
Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero. Y un mes después, salvo contadas excepciones, el panorama en los mercados es desolador, con retrocesos entre el 3% de la Bolsa china y el 12% de la japonesa. El Ibex, por su parte, ha caído un 7,1%. Los refugios clásicos no han funcionado esta vez. El precio de los bonos se ha desplomado a todos los plazos ante la creciente posibilidad de una subida global de los tipos de interés y se han disparado sus rentabilidades. Entretanto, las petroleras se han apreciado con fuerza, propulsadas por el precio del crudo, que cierra marzo con una escalada mensual superior al 60%, la mayor de su historia. Las empresas químicas y las utilities también ganan.
Los mayores ignorantes no son los que nada saben. Ni siquiera los que nada saben y nada quieren aprender. Los mayores ignorantes son los que nada saben, nada quieren aprender, y además presumen de ello con ridículo orgullo de su necedad. Por eso, en un momento en que parte de la ciudadanía y de los dirigentes de medio mundo parece apuntarse al carro del engreimiento de su incultura (en todos los sentidos de la vida), Paolo Sorrentino llega con La grazia, su última película, a pintarles la cara con un doble elogio: un elogio del conocimiento y, al mismo tiempo, y pese a ello, un elogio de la duda. Porque hasta los más cultos, inteligentes y sabios saben del peligro de las certezas sin vacilaciones, incertidumbres ni reflexiones ante determinados aspectos de la existencia y de la condición humana. Y el director italiano, con su habitual binomio formado por el humor y la solemnidad, por el existencialismo y la comicidad, ha compuesto una película portentosa en torno a una figura ficticia: un presidente de la república italiana, veterano y prestigioso jurista, que a falta de seis meses para el fin de su mandato debe enfrentarse a una triple decisión.
Dirección: Paolo Sorrentino.
Intérpretes: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Milvia Marigliano.
Género: drama. Italia, 2025.
Duración: 133 minutos.
Es rara la familia española que no haya pasado por el dilema que plantea de salida Lapönia: el momento de la verdad en la experiencia infantil sobre quiénes son Santa Claus y los Reyes Magos. A partir de esa reconocible premisa, David Serrano adapta la obra de teatro homónima de Cristina Clemente y Marc Angelet para hablar de un asunto más ácido y trascendente: el lugar de la verdad y de la mentira en la educación y en la familia.
Dirección: David Serrano.
Intérpretes: Natalia Verbeke, Julián López, Àngela Cervantes, Vebjørn Enger.
Género: comedia, España, 2026.
Duración: 98 minutos.
Karen Blixen tenía una granja en África y Mari Ángeles tiene una casa en la calle Málaga de Tánger. Y aunque sean bien distintas las extensiones de la morada de la escritora real de Memorias de África (bajo el seudónimo de Isak Dinesen) y del pisito del personaje ficticio interpretado por Carmen Maura en la película de Maryam Touzani, el sentimiento es mutuo: su lugar en el mundo; no solo un cuarto propio sino una existencia propia; una sensación de individualidad, de dignidad femenina al margen de cualquier convencionalismo; la celebración de libertad de una mujer.
Dirección: Maryam Touzani.
Intérpretes: Carmen Maura, Marta Etura, Ahmed Boulane, María Alfonsa Rosso.
Género: drama. Marruecos, 2025.
Duración: 116 minutos.