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Uno de los capítulos más memorables de Sexo en Nueva York es ese en el que Jack Berger, pareja de Carrie Bradshaw durante algunos episodios de la temporada sexta de la serie, deja a la escritora y columnista mediante un post it en el que pone: “Lo siento. No puedo. No me odies”. Han pasado 23 años de ese episodio, pero lamentablemente, la cobardía de algunos sigue vigente. Lo que sí han cambiado son los medios para romper y en la era digital, cada vez son más quienes optan por hacerlo por WhatsApp. Es el caso de Carlos Pollán, candidato de Vox a la presidencia de la Junta de Castilla y León, que tras ocho años de relación, dejó a su novia, la estilista y consultora de moda Cristina Escudero, mediante el popular sistema de mensajería. Por su parte Esther Doña, viuda de Carlos Falcó, contó en su paso por el programa de Antena 3 Y ahora Sonsoles qué ponía en el WhatsApp con el que el juez Santiago Pedraz la dejó. “Nuestra relación es imposible, hablamos algún día, cuídate y besos”. Auch.
El que acaba de presentar en Madrid ha sido su cuarto desfile en lo que va de año. Antes ha pasado por Nueva York, Sevilla y Chile. Y en los próximos meses lo hará por México, Colombia y Canarias. “Estoy haciendo una media de 74 desfiles anuales”, dice Ágatha Ruiz de la Prada (Madrid, 65 años), reclinándose en una silla de colores que, por supuesto, ha diseñado ella misma. Sentada en su taller de la calle de Villanueva —mientras al fondo las costureras terminan las piezas del desfile y en el piso de arriba, donde está la tienda, la cola para probar el café que acaba de lanzar con Juan Valdez no deja de crecer—, no hay un atisbo de urgencia en su voz. “Es una salvajada”, concede, a sabiendas de que no tiene ninguna intención de bajar las revoluciones.
En los últimos años, distintos organismos y profesionales han advertido del riesgo de balonmanización que pesa sobre el fútbol femenino en España. El Barcelona va a levantar esta temporada su decimosexto título seguido en la Liga Asobal. Los azulgranas no pierden una competición nacional desde la Copa del Rey de 2013. Esa hegemonía tan absolutista recuerda a lo que se ve desde el principio de esta década en la Liga F, la Copa de la Reina y la Supercopa, donde el Barça de Alexia Putellas y Aitana Bonmatí manda con puño de hierro, sin apenas oposición. El equipo dirigido por Pere Romeu tumbó el domingo por vigésima tercera vez al Madrid y dejó el torneo liguero visto para sentencia. Son ya 13 puntos los que saca el líder a su perseguidor con seis jornadas todavía por disputarse, una distancia irrecuperable que pone de nuevo en el foco la falta de competitividad de un campeonato que el Barcelona alzará en breve por séptima ocasión consecutiva.

Algo tan sencillo como no tener un cristal entre el cuartico donde cambia pañales y la estancia principal donde pasan el día los bebés provoca que a la profesora Filomena Gómez se le suba el corazón a la garganta cuando alguno de los pequeños “se hace pipí” y ella está sin compañera. “Es que los tengo que dejar solos y no los puedo mirar”, lamenta Gómez, trabajadora de la escuela infantil del CEIP Gabriel y Galán, en Alcobendas. Detrás de su preocupación está también la de cientos de profesores que como ella no dan abasto con las ratios, a los que no les llega el sueldo a final de mes y aún así tienen que comprar materiales para sus clases porque la Administración no les suple o que tienen que achicar agua cuando llueve porque el edificio está lleno de goteras. Las malas condiciones laborales unidas al deterioro de las instalaciones son el caldo de cultivo que los ha hecho estallar.


Playmóbil para recrear procesiones; calcetines con imágenes de tallas de pasos; cromos para completar álbumes de hermandades; camisetas con llamadas de capataces a la cuadrilla de costaleros; equipaciones de fútbol de cofradías y bandas de música; juegos cofrades como el Trivial, el Quién es Quien, el Party o el Uno… La Semana Santa andaluza atraviesa un fenómeno de desacralización que, de la mano de las redes sociales, ha convertido lo cofrade en un fenómeno mainstream, como una respuesta lógica a las demandas de la generación Milenial -o generación del mollete, en palabras del politólogo Jesús Jurado-, que vive las tradiciones de una manera natural y que reivindica esta festividad, los Carnavales, el Rocío o la receta del puchero como una forma de cohesión social absolutamente desacomplejada y vacía de prejuicios, que se ha afianzado y extendido gracias a las redes sociales.



Es gigante de veras Josep Maria Pou, el actor. Y hace ahora de Gigante, el personaje de Roald Dahl, en el teatro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ya lo hizo en Barcelona, en catalán. Mark Rosenblatt es el autor de la obra. Pou (nacido en Mollet del Vallés, Barcelona, en 1944) se enamoró de ese libreto y lo ha puesto como un estandarte que representa, ahora mismo, el drama mayor del mundo: la guerra. La de Gaza y, en realidad, todas.


Cuando Charlotte Brontë publicó Jane Eyre en 1847, las escritoras británicas no tenían libertad para escribir. Cuando Sandra Gilbert y Susan Gubar escribieron La loca del desván, inspirada en el personaje de Bertha Mason de la novela de Brontë, se vivía en el mundo la segunda ola feminista. Era 1979. Hoy, casi 50 años después, la editorial Espinas ha reeditado el ensayo, considerado la primera crítica literaria feminista: una concatenación de mujeres recuperando el trabajo de sus predecesoras.
De lejos sobresalen sus rastas grises, que podrían parecer canas, pero no lo son: Chukwuka Ekweani, más conocido como CKay, apenas tiene 30 años. La música de este compositor, productor e intérprete nacido en Kaduna (Nigeria) suena a más no poder entre los jóvenes del continente y la diáspora del mundo. Ha estado recientemente en el Top 30 mundial de Spotify. Cuenta con alrededor de 2,7 millones de seguidores en TikTok y de 1,5 millones en Instagram y acumula más de 2.000 millones de reproducciones en todas las plataformas musicales. La estrella del sello discográfico Warner Music South Africa, que se hizo popular con Love Nwantiti, que el pasado diciembre logró alcanzar los mil millones de reproducciones en Spotify, se encuentra ahora en plena presentación de su segundo álbum, CK The Second.

Antonio Rivero Taravillo dedicó los últimos años de su vida a una obra que lograría culminar ya muy enfermo y que por apenas unos días no llegó a ver impresa. Es esta biografía: Álvaro Cunqueiro, sueño y leyenda. Y dice mucho de la elegancia intelectual del biógrafo que, consciente de que este iba a ser su último empeño, se resistiera aun así a dejar en el libro la menor pista de que, por decirlo como lo dijo Cervantes en un trance semejante, tenía ya un pie en el estribo. Ha sido una desdicha múltiple perder a Rivero Taravillo: al hombre recto y bueno, al amante —como tan pocos— de los libros y sus alrededores, al traductor, al escritor que podía aún haber escrito tantos años. Dentro de la desdicha tenemos, sin embargo, el alivio de saber que pudo completar un ciclo de vidas —con las de Cernuda y Cirlot— que constituye uno de los trabajos de amor de las letras españolas de nuestros días. Y de comprobar que la propia biografía de Cunqueiro le hace la justicia de incardinarlo “en el conjunto de las literaturas española y universal”. Por ese propósito empuña Rivero la pluma, consciente de que nada hace más grande a un escritor que ser reconocido como grande por sus pares. Si toda biografía tiene algo de homenaje, la voluntad confesa en Alvaro Cunqueiro, sueño y leyenda es dotar al escritor gallego de un empaque que lo lleve desde los márgenes —heterodoxos, exóticos, prestigiosos, pero márgenes— a la centralidad de nuestra historia literaria.

Cuando le avisaron de la lesión de Raphinha, Hansi Flick estalló de rabia. No es la primera vez esta temporada que el preparador del Barcelona sufre un contratiempo con las lesiones de sus jugadores, especialmente cabreado cuando caen sus futbolistas franquicia. Y Raphinha es uno de ellos. Es la cuarta lesión del brasileño, muscular como las tres anteriores. En el Barça, la bronca comenzó en el cuerpo técnico y se extendió a la dirección deportiva, con el foco en el agitado calendario que diseña la FIFA, ya que, según fuentes de la entidad azulgrana, no existe la necesidad de exprimir a los futbolistas en partidos amistosos.