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La tensión se vive de manera permanente en una de las posiciones de la Brigada 93 del ejército ucranio en los alrededores de Druzkivka, cerca de Kramatorsk (región oriental de Donetsk). Acecha la presencia constante de drones rusos en el cielo. Los soldados que ocupan una pequeña cavidad subterránea dominada por el fango apremian a ponerse a cubierto y a reducir al máximo la presencia en el exterior. Unas pantallas conectadas a una antena a ras de tierra sirven para localizar aparatos enemigos. Después, desde otras posiciones, tratarán de derribar las unidades encargadas de ello. Kostas, uniformado de 41 años, señala en una de esas pantallas las imágenes hackeadas de un avión no tripulado ruso. Pura guerra electrónica. La mayoría de estos militares vive bajo una permanente amenaza, pero no ha visto en toda la contienda a un soldado del Kremlin cara a cara.

La primera sorpresa del visitante que debuta en Washington llega al bajar del avión en el aeropuerto de Dulles. ¿Qué son esos bichos que parecen sacados de La guerra de las Galaxias y transportan al viajero entre terminales?

Odome Angone (Gabón, 46 años) se define como madre, universitaria y africana. Tres etiquetas que “carga con mucho orgullo”. Desde hace más de 11 años, esta filóloga hispánica y doctorada por la Universidad Complutense es profesora de literatura hispanoafricana y afrodescendiente en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar, desde donde reflexiona sobre quién produce el conocimiento que es aceptado.

Es día de mercado en Saint-Denis. Los colores, el perfume de la comida y el zumbido de las conversaciones, si uno cierra los ojos, le transportan a Bamako o Argel. En la segunda ciudad de Île-de-France, la región de París, convive la basílica donde reposan los restos de los reyes de Francia con los comercios y las mezquitas. También con las tiendas halal y las viejas avenidas con nombres de mitos del comunismo. Saint-Denis, con 150.000 habitantes, es también el 93, el código postal de Seine-Saint-Denis, la provincia más pobre de Francia y la que tiene más inmigrantes, un tercio de la población. Y a la vez, la más joven del país. Un cóctel perfecto para quien sepa descifrarlo en el laboratorio electoral.
Ricardo Castillo (Santiago de Chile, 1978) lleva 20 años viviendo en Suiza. El directivo estudió en Lyon y Ginebra, y ha trabajado para los gigantes bancarios del país helvético (UBS, y Credit Suisse, ya absorbido por el primero), además de para JP Morgan y RCF Capital. Desde el año pasado, es el jefe de inversiones de Mirabaud Wealth Management, una banca privada suiza fundada en 1819, que administra un patrimonio de sus clientes por un valor cercano a los 40.000 millones de euros.
Todo artista sabe que escoger el camino de la creación puede llevarte a morir pobre y en el anonimato, pero también es cierto que cuando talento, arte y dinero confluyen, la historia nos regala tesoros únicos. En Roma esa confluencia se dio con frecuencia, pero hubo momentos álgidos, como el siglo XVII, que vio nacer el barroco de la mano, entre otros, del extraordinario escultor Gian Lorenzo Bernini, quien debe su éxito no solo a su genio creativo, sino también al ego y al dinero del papa Urbano VIII.

Maestras, abogadas y escritoras, procedentes de una clase ilustrada en la mayor parte de los casos, pero no en todos, defensoras en carne propia del papel que las mujeres estaban llamadas a jugar en una España que trataba de tomar el paso al siglo XX y modernizarse. Algunos de los nombres de esas nueve pioneras, que fueron representantes políticas en los años treinta en las Cortes han pasado a la historia, pero los de otras han quedado relegados; su historia, en cualquier caso, no ha perdido vigencia.
En 1921, Álvaro de Albornoz escribe en El temperamento español: “A menudo, en el vasto cementerio nacional, que llenaron las epidemias y las pestes, ya desterradas de todo el globo por los progresos de la cultura, no hubo sobre tanto duelo, al borde de las fosas abiertas, sobre los montones de cadáveres, más piadoso responso que la mueca burlona de un pícaro”. Don Álvaro cae aquí en esa tendencia a la exageración que suele ser un notable obstáculo para nuestras buenas causas. Exageramos nuestros vicios y nuestras virtudes y con frecuencia lo hacemos a la vez. Con cuánta facilidad pasamos del “este país es una mierda” al “como en España, en ningún sitio”. Unamuno —exagerando— sostenía que el español medio no existe, porque “en España tenemos solo extremos”.