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La economía española avanza con fuerza, tanta como para ser el mercado laboral de la Unión Europa que más nuevos empleos logró en 2025. Fueron 526.000, cuatro de cada 10 creados en ese ejercicio, según los datos distribuidos el viernes pasado por Eurostat, la agencia estadística europea, pese a que es el cuarto país del club comunitario en población. Precisamente el más poblado, Alemania, es el que más puestos de trabajo perdió en el mismo periodo: del cuarto trimestre de 2024 al de 2025 se dejó 327.000 empleos por el camino. El bajón alemán es clave para entender el desempeño comunitario, que contando ganancias y pérdidas de empleo arroja un balance positivo de 790.000 puestos, el menor avance desde la crisis financiera, si se excluye el anómalo 2020 de la pandemia.

La cesta de la compra en España ya no es solo una lista de bienes básicos. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha actualizado a inicios de este año la metodología para medir mejor la inflación. Esta modernización, realizada por mandato de la Comisión Europea, no solo incorpora nuevos productos y servicios, sino que también reclasifica otros ya existentes y ajusta su peso dentro del indicador con el objetivo de garantizar que el Índice de Precios al Consumo (IPC) represente mejor en qué gastan su dinero los ciudadanos. El resultado es una cesta de la compra más diversa —la última revisión fue hace cinco años—, pasando de 462 a 487 artículos. Cuando se baja al detalle, se confirma el desplazamiento hacia una economía más de servicios, con especial peso en aquellos que simplifican la vida cotidiana. Lo que hace una década era marginal, como las suscripciones a plataformas, la entrega a domicilio, la comida preparada o las bebidas vegetales, ahora gana visibilidad y entra de lleno en los presupuestos familiares.

El PSOE, ala mayoritaria del Gobierno y batuta en cuestiones económicas, enfría la inclusión de medidas en materia de vivienda en el primer plan de respuesta a la guerra de Irán, que el Ejecutivo aprobará este viernes en un Consejo de Ministros extraordinario. El diseño del paquete, según trasladaron ayer tanto el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, como fuentes del ala socialista, se reducirá a actuaciones “proporcionadas” al impacto macroeconómico observado hasta la fecha, con rebajas fiscales y ayudas focalizadas en los sectores más afectados. Ese diagnóstico inicial dejaría fuera, al menos en este momento, las demandas de Sumar y de socios parlamentarios habituales como Bildu o ERC, que reclaman una prórroga automática de los alquileres a punto de vencer y topes a la actualización de las rentas.
La banca privada es un paraíso de rentabilidad para las entidades financieras, un negocio que combina un consumo de capital mínimo, gran rentabilidad y elevada eficiencia. El BBVA se esforzó al máximo en atraer dinero nuevo a esa área de negocio el año pasado, con entradas netas (sin el efecto mercado) de 18.360 millones de euros, un 100% más que en 2024, según un documento de la entidad. Un tercio de esa cuantía provino de nuevos clientes, y España, México y Turquía fueron los países que más aportaron.

Por sorprendente que resulte en alguien que ha dedicado su carrera a escribir sobre tragedias abrumadoras, Pablo Vierci (Montevideo, Uruguay, 75 años) es optimista. Lo atribuye, entre otros, a uno de sus filósofos de cabecera, el italiano Benedetto Croce, autor de La historia como hazaña de la libertad (1942). “Siempre me repito que la historia de la humanidad es la hazaña de la libertad y la conciencia. Cada generación tiene más libertad y más conciencia. Claro que retrocedemos, por ejemplo, en la guerra. Pero, en líneas generales, siempre estamos dando un paso más”, asegura quien fue portavoz de los supervivientes del accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya en Los Andes, en el libro de testimonios La sociedad de la nieve (2008), cuya hazaña aún resuena. Desde niño, Vierci es amigo de Nando Parrado, una de las 16 personas que salieron con vida de la cordillera en diciembre de 1972, después de más de dos meses luchando contra el hambre, el frío, las heridas y hasta un alud.


La impresión inicial al visitar la exposición de Olafur Eliasson (Copenhague, 59 años) en la galería Elvira González, la quinta que protagoniza en este espacio madrileño, es la de encontrarse frente a una propuesta notablemente distinta a lo que se esperaría del reconocido artista y, al mismo tiempo, perfectamente identificable. Algo así como aterrizar en medio de una estancia nunca vista, pero atravesada por un aroma ya sentido. “Es una muestra muy diferente a la mayoría de las que hago”, concede el propio Eliasson, tras viajar a Madrid para la inauguración de la muestra a principios de marzo, en una charla con EL PAÍS en el sofá de la oficina de la galería. “Pero lo cierto es que siempre he hecho obras sobre papel, y dibujo literalmente casi cada día desde que era adolescente”.


Mientras leía La sombra del padre pensé que la clave de esta honesta indagación biográfica era una confesión que Antonio Monegal escuchó durante la posguerra en el ático familiar de una casa de la burguesía de la ciudad de Barcelona. Solo la pudo oír, sin ser muy consciente de su trascendencia, cuando era un niño porque quien hablaba con un amigo era su padre, y a su padre, que lo tuvo cuando ya era mayor, a los cuarenta y muchos, lo trató poco porque falleció a los 55. Juan Monegal Vergés murió el verano de 1966, cuando el autor de este libro de motor proustiano tenía tan solo 9 años. Aquella tarde, su padre estaba sentado en el sillón de siempre, en la sala de estar, detrás la radio de madera barnizada y el mueble bar. Y lo que rememoraba, al cabo de tres décadas, era un episodio de la Guerra Civil, luchando con los sublevados en Andalucía. “Oí a mi padre narrar que en una ocasión había recibido órdenes de entrar al asalto en un pueblo, a caballo, y pasar a sable a la población civil, incluidos ancianos, mujeres y niños”. Durante el resto de su vida, dijo después, tuvo pesadillas recordando aquel día. Todos convivimos con nuestros fantasmas. Algunas veces los encerramos en el armario de la conciencia y allí se quedan. En algunas ocasiones los miramos frente a frente.

Cuando terminó el entrenamiento del Barcelona, el último antes de recibir este miércoles al Newcastle en el duelo de vuelta de los octavos de final de la Champions (18:45, Movistar; 1-1 en la ida), Joan Laporta se presentó en el campo Tito Vilanova. Según uno de los presentes, el presidente arengó a la plantilla, abrazó a cada jugador e incluso se animó a versionar el baile con el que celebró su victoria en las elecciones del pasado domingo. “Nos ha venido a visitar y le hemos dado la enhorabuena. Nos recordó que seamos nosotros mismos y que estamos a un nivel espectacular”, contó minutos después Pau Cubarsí en la sala de prensa. No era la primera vez que los jugadores de Hansi Flick mostraban su complicidad con el presidente: el día de los comicios, un grupo de futbolistas, entre ellos el central, se abrazó y cantó con Laporta tras votar. “Cada uno tiene la libertad de expresarse como desee”, subrayó el catalán.
Los silencios reinan cuando Jan Oblak, Juan Musso y el tercer guardameta, el canterano Salvi Esquivel, se quedan a solas en el Cerro del Espino con Pablo Vercellone, el preparador de porteros desde que Diego Pablo Simeone se hizo cargo del Atlético de Madrid en diciembre de 2011. Oblak habla poco, Musso menos y Esquivel, como novato, escucha, mira y calla. La lesión muscular de Oblak ha provocado que esta noche en el Tottenham Stadium (21.00, Movistar+ Liga de Campeones), el meta argentino pase su segunda gran prueba después de aprobar con nota en la vuelta de las semifinales de Copa ante el Barcelona en el Camp Nou (3-0). Musso (31 años) encajó tres goles, pero algunas de sus intervenciones impidieron que el conjunto de Hansi Flick culminara la proeza de igualar o superar el 4-0 de la ida.
Yulimar Rojas, que ya ha cumplido 30 años, es una diosa joven que salta y que vuela por encima de las dificultades y los problemas, y afirma, feroz: “Soy puro fuego”.