Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Cuenta Marc Singer, histórico periodista de The New Yorker y autor de El show de Trump, una de las biografías más mordaces sobre Donald Trump, que el magnate neoyorquino se solía quejar del trato que le brindaba la prensa. Durante una de las entrevistas para preparar el libro, en una mañana de 1997, el magnate le confesó: “Creo que soy muy malo para manejar a la prensa. Soy bueno para los negocios y para concebir ideas. La prensa me retrata como un lanzallamas salvaje, pero soy muy distinto. Creo que el retrato que hacen de mí es totalmente inexacto”.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado sobradas muestras de utilizar la temeraria técnica apostadora del doble o nada como estrategia negociadora en el ámbito político y militar. Sin embargo, el mandatario parece no caer en la cuenta de que lo que puede ser válido en una mesa de juego resulta completamente inaceptable tanto en el campo de las relaciones internacionales como en el campo de batalla. Y menos aún entre países aliados a los que ni se puede ni se debe amenazar. Pero eso precisamente es lo que Trump ha hecho con la OTAN, la organización que ha protegido Europa occidental desde el final de la II Guerra Mundial. Y la respuesta europea no ha podido ser más pertinente y rotunda.

Cuando S.A.S., nacional francesa musulmana, presentó su demanda contra Francia ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos porque la ley de 11 de octubre de 2010 le impedía llevar el velo integral en público, manifestó que lo usaba de acuerdo con su fe religiosa, que ni su marido ni ningún otro miembro de su familia la presionaban para vestir de esta manera y que lo llevaba el niqab en público y en privado, pero no sistemáticamente. En determinadas ocasiones (por ejemplo, en Ramadán) lo llevaba en público como expresión de su fe religiosa. Su intención no era molestar a nadie. Al verse obligada a quitárselo al salir y llevarlo en casa “como si fuera una prisionera”, la había abocado a adoptar una “personalidad de Jekyll y Hyde”. La prohibición francesa sustituía su elección personal por una abstracción paternalista de lo que sería “bueno para ella”. Cualquier mirada feminista coherente con los derechos humanos criticaría medidas legislativas que pretenden uniformar la apariencia de las mujeres y negarles su autonomía. El objetivo sería, por el contrario, garantizar la capacidad real de cualquier mujer de elegir llevar velo o quitárselo, sin miedo a sanción estatal y a la estigmatización social.
Este viernes, a la hora mediterránea de comer, ingresaremos en la primavera mientras el Parlament digiere el debate de las enmiendas a la totalidad de los presupuestos. El punto de inflexión servirá a muchos para espantar un invierno plomizo, de reminiscencias británicas, que parecía encallar el calendario con tanta lluvia. Una sensación de cerrazón permanente, como la vivida hasta la fecha con el serial de las cuentas públicas, todavía sin luz de desenlace. Según la orilla del río que se consulte, el desencuentro presupuestario se explica por los compromisos decrecientes o la insatisfacción impostada. Ciertamente, el salto a la primavera no garantiza presupuestos a Salvador Illa ni plena alegría a Oriol Junqueras, puede que sí traiga un poco más de sol y, con toda seguridad, activará la precampaña de les elecciones municipales de 2027. Sí, de momento, la única cuenta atrás oficial es la de los comicios locales. Y hay experimentos que requieren atención, como el que se cocina en Manresa.
Qué incómoda extrañeza ha desprendido la última gala de los Oscar. El mundo en llamas por capricho de su presidente y ellos haciendo bromas sobre la que había liado Timotheé Chalamet con el ballet. No se trataba de montar una asamblea política, pero la ignorancia deliberada de Hollywood a las consecuencias de las acciones de su país ha llegado a niveles tan escandalosos como para que tuvieran que ser los extranjeros de la fiesta los que señalaran, tímidamente, el elefante en la habitación. Fueron los aliens, por adoptar la jerga legal y deshumanizadora que ha popularizado Donald Trump sobre los migrantes, los que evidenciaron la marcianada de ignorar el dolor de los demás. “No a la guerra y Palestina Libre”, verbalizó escuetamente Javier Bardem al entregar el Oscar a Valor sentimental como mejor película internacional. “Todos los adultos son responsables de todos los niños. No votemos a políticos que no se lo tomen muy en serio”, dijo el director noruego de la película premiada, Joachim Trier, parafraseando a James Baldwin, uno de los autores que mejor ha explorado la estrecha relación entre el racismo y la homofobia de su país. Se podría decir que esos fueron los dos ¿grandes? alegatos políticos de una fiesta empeñada en rascarse la espalda, ajena a lo que estaba sucediendo fuera.
No sé si existen indicios suficientes para abrir una causa contra Julio Iglesias por delitos de trata de personas y agresión sexual, entre otros. De lo que sí estoy seguro, con la seguridad que da la ley en la mano y la obligación de los jueces y fiscales de aplicarla, es que España sí tiene jurisdicción para preguntárselo.
Esta semana una revista que muestra casas de esas que no se pagan con una hipoteca a 30 años ha publicado una imagen también impagable: un váter de porcelana blanca con la tapa forrada con una especie de tapete de raso con volantes. Sobre toda la loza del inodoro, en color rosa, se despliegan los mismos motivos que en el papel de la pared, una especie de toile de Jouy, el estampado favorito de los nobles franceses, que normalmente representa instantes bucólicos de la vida campesina. En este caso, el elemento central es una rosa con nombre propio, la Ronsard, bautizada así en homenaje a un poeta de esos aduladores, tan amigos del dinero como de los versos, que solía amenizar las veladas lúdicas de la gente bien. Cuando uno está en lo más alto de la cúspide social puede cultivar jardines y en ellos flores con características únicas a las que se les puede dar apellido. Explica la usuaria del excusado, la futura duquesa de Alba, que este es para ella “un pequeño refugio neorrococó donde comienza y termina el día, lejos del ritmo frenético que marca su agenda”. Los bienpensantes imaginarán que su jornada empieza y acaba ahí porque suele ser este el mismo espacio donde está el lavabo y el espejo en el que una dama comme il faut se maquilla para ofrecer al mundo su mejor rostro en las horas de frenesí. De hecho, también forma parte del reportaje un tocador sobre el que reposa un frasco del perfume que es la causa última por la que ha dejado que invadan su intimidad de semejante manera: su linaje ahora produce alta perfumería y necesita publicitarla. Marcel Duchamp revolucionó el arte en el siglo XX al desafiar la noción tradicional de belleza al convertir un urinario en una fuente. Quizá sea esta intención iconoclasta la que persigue la familia más noble de España al mostrar su trono al público. O tal vez un genio adulador les asesoró. Qué poético es ver a los que están en la cúspide social y viven en casas de ensueño meterse en jardines.

No resulta ninguna sorpresa que este invierno en España ha sido muy húmedo. Según el balance de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), con 323,2 milímetros en promedio, este ha sido el octavo periodo invernal más lluvioso desde el comienzo de la serie en 1961 y el tercero del siglo XXI. Sin embargo, las tendencias no dicen lo mismo. España es un país cada vez más árido. Y un estudio publicado en International Journal of Climatology alerta de que esto va a ir a peor.
Castilla y León repartió 31 escaños en las elecciones generales de 2023. El PP logró 18 de esos escaños con un 42% de los votos y el PSOE 12 con 32%, pero Vox se quedó con solo un asiento, aunque le votó el 14% de la región. El partido de ultraderecha fue el perjudicado por el sistema electoral, pero eso podría cambiar.