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La tecnología ha roto muchas barreras comunicacionales, y el siglo XXI es la era de la comunicación por excelencia. Sin embargo, no siempre es fácil visitar un país nuevo, cerrar un trato comercial en el trabajo o tener una charla distendida con alguien que no conoce nuestro idioma. Por eso, en los últimos tiempos, y aprovechando el tirón de los auriculares inalámbricos, se han desarrollado un nuevo tipo de auriculares que traducen en tiempo real gracias a una IA de última generación. La solución a todos estos inconvenientes que generan barreras ante cualquier idioma es elegir un traductor instantáneo en versión auriculares sin cable como los que hemos fichado en Amazon.





Christian Escribà (Barcelona, 65 años) es uno de los maestros pasteleros más famosos del mundo. En su caso, de casta le viene al galgo, ya que su padre, Antonio Escribà, ya era una leyenda del sector y uno de esos apellidos que pesa como una colección de pianos de cola. Ese ingente legado hubiera podido aplastar a un Christian que ya de muy joven decidió que quería hacer lo mismo que su progenitor. “Siempre tuve un plan B y era un plan B extremadamente sólido: conseguir que no fallara el plan A”, dice con una sonrisa, sentado en una mesa de su icónica tienda de la Gran Vía de Barcelona. Si Mark Twain decía que los dos días más importantes en la vida de una persona son los días en que nace y el día en el que descubre por qué, Escribà tiene claro cuándo recibió su respuesta a la segunda pregunta: “El día que le dije a mi padre que quería sacar adelante el negocio familiar que habían empezado los bisabuelos. Ya no había marcha atrás ni hacían falta dudas ni alternativas. Yo tenía 18 años y la decisión estaba tomada”.
En la foto oficial de la Berlinale de 1991, Victoria Abril (Madrid, 67 años) sostiene su Oso de Plata con una mano y eleva la otra como ejecutando un saludo torero, o a punto de atusarse el moño italiano (elija usted). Acaba de imponerse, por su trabajo en Amantes, en la categoría de mejor actriz sobre Vanessa Redgrave y la Jodie Foster de El silencio de los corderos. Tiene 31 años y es, posiblemente, la mejor actriz española de su generación. Además, tiene reciente el rodaje de su inminente éxito francés Une époque formidable y va a empezar el de Tacones lejanos, que se convertirá en el primer bombazo de taquilla de Almodóvar en el país vecino. Allí ya se mueve entre las grandes figuras, como prueban sus dos nominaciones al premio César. Y las ofertas de Hollywood tampoco tardarán en llegar. Por todo ello, cuesta imaginar una posición más prometedora para una actriz europea.
La detención del veterano periodista marroquí Ali Lmrabet pone a prueba los límites de las libertades de prensa y expresión en Marruecos, formalmente reconocidas en la Constitución de 2011 que se promulgó en plena Primavera Árabe. Lmrabet, una de las voces más críticas del país magrebí y autoexiliado en España desde hace dos décadas, cuestiona desde las redes sociales el llamado Majzén, el poder ejecutivo no electo que emana del Palacio Real. Ahora paga con su libertad el ejercicio del derecho a informar y opinar, y resurgen las dudas sobre la liberalización para la prensa iniciada por Mohamed VI.
Yo a ti, Candela, te digo que no pasa nada, que basta con sentir un poco de respeto. Pero es mentira: a mí el mar me provoca mucho miedo. Hay gente que ve el mar con los ojos de Sorolla, hay quien piensa el mar en las palabras de Vicent, algunos lo leen a través de la máquina de Camba, al que le dabas el mar y lo convertía en un artículo (en eso estamos). Pero yo veo el mar al modo del horror lovecraftiano: es un monstruo dormido que lame las playas y que, respirando lentamente, atraviesa la inmensidad del espacio y la eternidad del tiempo. A su lado, todos nuestros sueños carecen de sentido.
Ahora que a un líder supuestamente incorruptible del PSOE le han encontrado un joyero que pondría los dientes largos a Elizabeth Taylor, ahora que se ha demostrado que los hombres de máxima confianza del presidente no andan muy sobrados de principios, ahora que el Gobierno vive momentos de debilidad máxima, el jefe de la bancada de enfrente ha decidido atacar a la gente trabajadora que enferma y se coge bajas con cobertura social. Ha sido justo después de que al vicesecretario de Igualdad de su partido le diera por arremeter contra la gente trans que no molesta a nadie. Ha pasado justo cuando a la lideresa anarcoliberal en la que los conservadores tienen depositada toda su esperanza le ha parecido prioritario hablar de los abortos ajenos. Después de años de guerra cultural, odio sarraceno y descalificación constante, es muy llamativo que, ahora que ya las fichas han caído exactamente como ellos querían, por fin se atrevan a hacer propuestas. Y que todas conlleven destrucción. Justo ahora que nos ilusionaríamos con cualquiera que nos hablase de construir. Viviendas de protección oficial, centros médicos, quirófanos, residencias, escuelas bien refrigeradas, guarderías con profesores suficientes, polideportivos con piscinas, bibliotecas, refugios climáticos, universidades, albergues, carreteras, vías férreas, parques, paseos fluviales, reservas naturales, brigadas forestales, parques de bomberos. Pues no. Ellos han decidido ir a por los derechos adquiridos y libertades conquistadas. El naturalista, biólogo y escritor E. O. Wilson, al que se suele etiquetar como el Darwin de nuestra época, le dio un nombre a la era en la que vivimos diferente de antropoceno. Él la bautizó como “Eremoceno”, palabra que tiene en su raíz el griego eremos, que significa páramo, desierto, desolación. Se refería a la conducta humana aniquiladora que nos ha llevado al borde de la extinción. Ojalá estuviese vivo para sentarse a hablar seriamente con la oposición.