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Hacienda vuelve a tropezar con la misma piedra, pero en un camino diferente. Este martes presentará la senda de estabilidad de las cuentas públicas al Congreso, consciente de que se dará de nuevo de bruces con la falta de apoyos políticos, como ha ocurrido los dos últimos años. Al rechazo ya asumido de PP y Vox se sumará, una vez más, el de Junts, abocando a otra votación a finales de mes. Para entonces, la intención del Ejecutivo es remitir a los diputados los mismos objetivos de déficit, según aseguran en el Ministerio de Hacienda. Y si el impasse siguiera, a la vuelta del verano endurecería los objetivos de cumplimiento fiscal y exigiría equilibrio presupuestario a las comunidades. La diferencia es que, para ese momento, la justicia europea ya se habrá pronunciado sobre la amnistía a los líderes independentistas y se habrá avanzado en la propuesta de reforma de la financiación autonómica, dos asuntos sensibles para la formación de Carles Puigdemont y que el Gobierno confía en que suavicen la relación con ese partido.
“Si le parezco excesivamente claro, es que me ha malinterpretado”. El recién fallecido Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos en 1987 y 2006, hizo célebre esta frase como parodia de lo deliberadamente ambiguo que podía resultar el lenguaje de los banqueros centrales, en general, y el suyo, en particular. Pero aquello no era nada comparado con el pasado, durante sus primeros 30 años de andadura, el actual Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC) de la Fed solo comunicaba sus decisiones sobre los tipos de interés de forma anual. Hasta 1994 tampoco publicaba un comunicado hasta semanas después de la reunión, con lo que forzaba a los agentes del mercado a seguir de cerca todo lo que pasaba en su mesa de operaciones del mercado abierto con la esperanza de averiguar si estaba ajustando su política monetaria. Y la costumbre de las ruedas de prensa solo comenzó en 2011, de la mano de Ben Bernanke, con el mundo aún tiritando por la gran debacle financiera.

Los bancos colocadores de Digi ya elaboraron los primeros informes de la empresa de origen rumano a inicios de año, antes del primer intento de la teleco de salir a Bolsa en abril, pero han tenido que actualizarlos una vez reactivado el estreno, que tendrá lugar este jueves. Los análisis, a los que ha tenido acceso CincoDías, fijan unas tasaciones entre los 1.800 y los 2.300 millones de euros sin incluir la deuda. BNP Paribas, CaixaBank, UBS, Barclays y Oddo Securities, que también cuenta con un informe aunque no está entre los vendedores de las acciones, coinciden en que la cuarta compañía por cuota de mercado en España es una rara avis. Es la gran vencedora en robo de cuota de mercado y cuenta con potencial para seguir creciendo. La diferencia está en su endeudamiento, por encima del habitual, y en que no repartirá dividendos al menos hasta 2030.
Ernesto Giménez Caballero, primer ideólogo del fascismo español, pensaba que la obra de su vida habían sido sus ideas antidemocráticas que gestarían la sublevación contrarrevolucionaria contra la Segunda República. Actor clave de los movimientos de vanguardia, rozando los años treinta del siglo pasado sincronizó su activismo cultural con un proceso de radicalización nacionalista. Cuando empezó la guerra, ese madrileño de 37 años —hijo de un papelero que se había enriquecido como impresor― mantenía relaciones mejorables con José Antonio Primo de Rivera y en pleno conflicto quiso resituarse como intelectual de cabecera del franquismo, aunque nadie se lo tomó muy en serio.

“El verano es un montón de gente que no sabe lo que hace”. Así termina el periodista —y marino— Enrique Rey su ensayo Melón con jamón. Crónica sentimental de un país al sol (Temas de Hoy). Rey es aficionado al verano y pensador sobre el verano: más allá de esos tres meses que van del solsticio al equinoccio, el estío es un estado del ser teñido de nostalgia de veranos de infancia, esa sensación de quietud y sol, de clase media y pachorra con el Tour de fondo, atravesada por el dulce olor de la crema solar. Un estado mental que, dice Rey, puede que esté terminando. Se diluye este verano del alma, igual que se ha quedado viejuno el melón con jamón del título, en veranos más cortos, menos acompasados, más fragmentados, no faltos de postureo. Y sostenidos, como siempre, por los mismos de siempre: los que curran y los que cuidan.

La historia de la vida privada puede ser tan apasionante como la de las grandes gestas heroicas. De hecho, en 1985, el historiador francés Georges Duby publicó junto a su equipo su monumental Historia de la vida privada en cinco volúmenes, a partir de la cual proliferaron ensayos centrados en esos aspectos infraordinarios de la existencia que, durante siglos, parecían no merecer nuestra atención. Si las paredes hablaran, de la historiadora, escritora y conservadora de casas históricas Lucy Worsley, se inscribe con naturalidad en esa tradición. Su experiencia en el patrimonio arquitectónico británico —fue responsable de mantenimiento de la Torre de Londres, entre otros cargos— y su prolongada labor como divulgadora (también presentó para la BBC un programa sobre historia de la vida doméstica) la convierten en una ensayista particularmente adecuada para un libro de estas características. Hay algo, además, en esta línea de investigación que conecta bien con nuestra pulsión contemporánea de observar las casas ajenas —ya sea en el marco de una serie o en una visita guiada— con la misma curiosidad con la que nuestros antepasados leían crónicas de guerra.

En el Cantal, quesos, vacas y montañas suaves, volcanes muertos, laderas agostadas por el calor, como si el sol hubiera pedido prestada a Cézanne su paleta de colores provenzales –manchones verdes en mares ocres, pajas—para teñir pastos antes verdes lujuria y húmedos, lo extraordinario convive sin roces con lo dramáticamente estúpido. El mismo género humano que parió a Eiffel, y su maravillosamente hermoso viaducto de Garabit, qué arco apuntado, un Meccano de vigas de hierro entrelazadas rojo, dio a luz unos kilómetros más allá a un apresurado presentador de televisión y a un chófer descerebrado que pasado el descenso del volcán Puy Mary por el paso de Peyrol y las subidas al Pertus y el Lioran, acelera para adelantar a cinco fugados del Tour, golpea a Flecha con la parte derecha del morro y lo derriba.
No se puede luchar contra el poder del viento. Esta es una de las lecciones que hay que llevar aprendidas cuando se decide viajar a las islas Eolias, que pueden abrazarte con su brisa o impedirte con su fuerza llegar hasta ellas. Por algo este archipiélago ubicado en el mar Tirreno, al noreste de Sicilia, fue bautizado por los griegos con el nombre del dios del viento, Eolo, a quien la mitología sitúa precisamente en alguna de las siete islas que lo forman: Lípari, Salina, Vulcano, Estrómboli, Filicudi, Alicudi y Panarea.
Mi amiga T. me cuenta lo mismo cada vez que nos vemos: siempre hay alguien que le echa menos edad de la que aparenta. Y lo cuenta siempre con aire triunfador, plenamente consciente de que ha ganado una batalla al tiempo y sintiéndose satisfecha por ello. En los últimos años, psicólogos y nutricionistas han advertido del peligro de juzgar el cuerpo de alguien, aunque sea en clave de piropo. Hemos aprendido que conviene no opinar sobre el peso o el aspecto de otros. No sabemos qué historia esconden esos kilos de más o de menos, ni qué circunstancias los explican. Hacer comentarios sobre la edad, sin embargo, sigue siendo aceptado, y considerar a alguien más joven es un halago. ¿Por qué? ¿Qué hay detrás de este culto a la juventud?
Las vacaciones estivales llegaron y, con ellas, cambia el ritmo, el horario y la dinámica del día a día. Pero, ¿qué puede aportar este tiempo de ocio tan largo a los niños? Más horas libres, de entrada, algo a lo que las familias no están acostumbradas debido a la actividad frenética del resto del año. Se suele tender a llenar ese espacio, como si se tuviera miedo de que los niños se aburran o pierdan el tiempo. Pero, lejos de ello, cuando el reloj parece detenerse, es el momento de dar rienda suelta a la creatividad, que cuenta con poco espacio durante el curso escolar. “Si el aburrimiento aparece en la vida de un niño, actúa como un motor. Ante la falta de estímulos externos, el cerebro tiende, de forma espontánea, a llenar ese espacio, lo que se convierte en la chispa que enciende la creatividad”, explica María José Lladó, psicopedagoga.