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Vox está inmerso en una guerra sucia entre el equipo de Santiago Abascal y el grupo de disidentes que encabeza su exportavoz parlamentario Iván Espinosa de los Monteros, recrudecida tras las elecciones del pasado domingo en Castilla y León, donde los resultados del partido ultra no han cumplido las expectativas. Mientras desde la dirección se intenta descalificar a los críticos, acusándolos de ser marionetas del PP y atribuyéndoles presuntas corruptelas, estos denuncian graves irregularidades económicas y enriquecimiento del círculo de hierro de Abascal con los fondos públicos que recibe el partido.
El Desafío Semanal es un reto con diez preguntas sobre informaciones publicadas durante los últimos siete días en los distintos canales de EL PAÍS. Anímate a resolverlo cada viernes y déjanos tus observaciones en los comentarios o escribiendo a juegos@elpais.es. También puedes sugerirnos alguna pregunta (con sus opciones) y valoraremos publicarla.
¿Sirve entrelazar los meñiques o mirar la luz del sol nada más despertar para no levantarse a hacer pis por la noche? Ojalá fuera tan sencillo. Estos son algunos de los trucos virales que circulan en redes sociales y carecen de evidencia científica. EL PAÍS ha consultado a cuatro expertos en urología, nefrología y medicina de familia para explicar hasta qué punto es normal despertarse a orinar y qué estrategias realmente funcionan.
El agua ha comenzado a rebosar por la presa de Puente Navarro este jueves, una señal inequívoca de que el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel ha alcanzado su máxima capacidad. No ocurría desde hace una década, en 2016. Este humedal, una llanura de inundación única en Europa situada en Castilla-La Mancha, cuenta con 1.750 hectáreas inundables, en las que descansan, se alimentan y reproducen miles de aves migratorias.
La guerra en Oriente Próximo ha puesto en guardia a los principales bancos centrales del mundo, que temen que el encarecimiento de los precios de la energía se traslade con contundencia a la inflación si el conflicto se prolonga. De momento, las autoridades monetarias han decidido mantener sin cambios los tipos de interés en sus encuentros de esta semana, pero eso puede cambiar con rapidez si las consecuencias del ataque lanzado el 28 de febrero por Trump y Netanyahu se agravan. Basta con ver lo sucedido en las últimas horas con el precio del gas, que ha llegado a subir en algunos momentos más de un 30% en una sola jornada tras el bombardeo de la planta catarí de Ras Laffan —la mayor infraestructura de exportación de gas licuado del mundo— y de una terminal petrolera saudí en el mar Rojo. Irán está dispuesto a utilizar la baza de la economía como arma de guerra, y eso pasa por una escalada del conflicto, ataques a instalaciones energéticas y el bloqueo del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.

Un hombre señala la tierra. No es un juez, ni un historiador, ni un político, ni un agrimensor. Es un campesino: Juan José Solanille. Lo contó frente a un tribunal: camiones militares entrando y saliendo de Loma del Torito, dentro del predio donde estuvo el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba (Argentina). Movimientos nocturnos, tierra removida, restos humanos que le traían sus perros, tumbas. El campesino dio su testimonio en el juicio a las juntas militares de 1985. A muchos de los presentes se les puso la piel de gallina. El defensor del dictador Roberto Eduardo Viola, en cambio, no bien terminó la declaración, pidió a los jueces que le hicieran pericias a Solanille, para determinar si tenía problemas mentales o de alcoholismo. Los jueces no pidieron ninguna pericia y, en base a cientos de testimonios, probaron los delitos y condenaron a los culpables. Hubo que esperar 41 años para confirmar que el campesino había dicho la verdad.

En un servicio de urgencias, las luces blancas del pasillo nunca se apagan y el ruido no cesa. Pierdes la noción del tiempo si no tienes cerca una ventana para saber en qué momento del día te encuentras. El reloj parece funcionar a un ritmo diferente al resto; a veces se acelera cuando necesitas unos minutos más para prolongar una reanimación y otras se enlentece cuando ya solo deseas que tu guardia llegue a su fin. Cuando comienzas una guardia de 24 horas, sabes que entras en un paréntesis en tu vida, donde el resto del mundo continúa, pero tú quedas atrapado en otro con vida propia: el del timbre que avisa de que llega un paciente grave, el de los monitores cardíacos que no cesan de sonar y cuyo sonido interiorizas tanto que sigues oyéndolo aun cuando estás en tu casa; y es también el de las decisiones que no admiten demora.

El martes el Real Madrid eliminaba al Manchester City de Guardiola en la Champions. Mientras, a la chita callando, un millón de personas estaban pendientes en Youtube de las andanzas de Frank Cuesta, Labrador, Dakota o Aída Nizar en el último hit del mundo digital, La cárcel de los gemelos.

Jürgen Habermas rondaba los 16 años cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y descubrió que aquel panorama de ruinas y desolación era obra de los suyos. Aquella muchachada de rostros sonrosados y cabellos rubios, esos cuerpos ágiles que celebraban su fortaleza física, los que acudían en familia a los lugares históricos y las excursiones para hacer patria, los que canturreaban himnos y proclamas y levantaban el brazo y bajaban la cabeza como signo de obediencia al Führer, esos, los de la gran Alemania, habían producido un desastre descomunal. Sin ese gesto de perplejidad ante el horror es imposible entender la obra de ese filósofo que murió el sábado a los 96 años. Su último artículo publicado en este periódico es del 30 de noviembre de 2025, y trata de Europa. Siguió hasta el último minuto al pie del cañón.