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Es casi un milagro que hayamos llegado hasta aquí sin autodestruirnos. Pero aún estamos a tiempo. Hasta que irrumpieron en nuestras vidas los tres jinetes del caos —Putin, Trump y Netanyahu―, disfrutábamos de un orden mundial donde, más o menos, se respetaban las reglas de juego que pusimos en manos de organismos internacionales. Pero todo ha saltado por los aires. No podemos permitir que tres individuos irresponsables condicionen el destino de millones de personas. En el mundo hay más personas buenas e inteligentes que necias y malvadas. No pueden ganarnos. Para empezar a cambiar las cosas, llamémoslas por sus nombres y no seamos timoratos ni equidistantes como está siendo Europa con estos detestables personajes que están cometiendo crímenes de guerra, asesinatos de Estado o genocidio en el caso de Netanyahu. La tibieza con los malos deja de ser prudencia para convertirse en complicidad.
Manuel Vicent ha acompañado a varias generaciones de lectores desde las primeras páginas del diario. Este mes ha cumplido 90 años y desde EL PAÍS queremos celebrarlo con una selección de textos memorables del autor: desde los favoritos de los suscriptores hasta las crónicas de la Transición, los daguerrotipos o las entrevistas a grandes personalidades. Un recorrido para asomarse a una de las voces decisivas del periodismo español.










María Sánchez Rubio y Sara Campos Román
Ignacio Povedano
Alejandro Gallardo
Guiomar del Ser y Brenda Valverde
Inés Arcones
La directora y guionista Chloé Wallace abrió un melón en redes sociales hace unos días: en un mensaje en Instagram tras la gala de los Oscars, expresaba su “rabia” por el retorno de la delgadez extrema como ideal de belleza. “Cada alfombra roja, cada evento, cada vez que abro Instagram, ahí están, más delgadas que la semana pasada (...), más y más, como si hubiera una competición que nadie nombra, pero todas están jugando”, planteaba. Era el elefante en la habitación. “Antes era no comer, contar, restringir. Ahora es una inyección semanal que suprime el hambre. Es la vuelta de la delgadez como capital. No es estética, es política. Y lo más perverso es que viene disfrazado de salud, de bienestar”, advertía.
Després de tant de temps amb la disposició antiga, el primer que crida l’atenció de la nova presentació de la col·lecció de la Fundació Joan Miró és Sobreteixim dels vuit paraigües, un gran tapís‑assemblatge que determina la sala inicial. Si girem el coll podem veure, a l’altre extrem, Mans volant cap a les constel·lacions, una gran pintura acrílica on unes empremtes de mans negres pugen pel llenç cap a les estrelles. Teresa Montaner (Peramea, 1962), cap de col·leccions de la Fundació Miró i una de les persones que més en sap del gran artista català, ha comissariat juntament amb Marta Ricart aquesta nova presentació de la col·lecció permanent, i m’explica que la gràcia és el joc entre la terra i el cel, en què l’una és reflex de l’altre perquè tot és el mateix, i la tensió entre la vida quotidiana i una aspiració còsmica. També em fixo que a les capelles per veure els tríptics ara hi ha unes cadires humils, però ja en parlarem més endavant.
Ante la dificultad de entender e interpretar los miles de datos públicos publicados en el Portal de Transparència de la Generalitat de Catalunya, un ingeniero catalán, Gerard Giménez, creó hace un mes dos buscadores digitales para facilitar el acceso de la ciudadanía: uno sobre contratación pública (Contractes.cat) y otro de subvenciones (Subvencions.cat). La iniciativa ha tenido tanto éxito que fue citada en el último pleno del Parlament, ha descubierto sin querer una fuga de datos personales que ahora la Autoritat Catalana de Dades investiga, y ya ha sido replicada por otro proyecto paralelo (Menjòmetre) que cuestiona el actual sistema de subvenciones públicas. La aparición de estos buscadores ha reabierto el debate sobre la forma de presentar los datos públicos y quién construye el relato sobre los gastos de la Generalitat y su idoneidad.
El Gobierno trata de sellar la reconciliación diplomática con Argelia cuatro años después de la ruptura ante el giro dado por el presidente Pedro Sánchez en favor de Marruecos en el contencioso del Sáhara Occidental, y dos años más tarde del deshielo que representó el retorno del embajador argelino a Madrid. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha tenido que esperar hasta este jueves para volver a ser recibido en Argel tras un fallido intento de aproximación en 2024. Su visita al país magrebí estará marcada por el suministro del gas, el control de la inmigración irregular y el proceso de diálogo sobre el Sáhara lanzado por EE UU el mes pasado en Madrid. “Argelia es un país vecino, un socio estratégico, un amigo de España, con el que compartimos fuertes intereses comunes” empezando por “el futuro y la estabilidad en el Mediterráneo”, precisó el ministro el martes tras la reunión del Consejo de Ministros.
Cajas y cajas de cartón con cientos de expedientes acumulados ocupan el suelo de una habitación en un edificio de Kiev. Corresponden a casos de posibles crímenes de guerra cometidos por los rusos durante la gran invasión de Ucrania desatada desde febrero de 2022. Estas instalaciones destartaladas de varios pisos de altura bien podrían ser el escenario de una película de suspense. Tras la puerta de otra estancia, sorprende un despacho de dimensiones estrechas pero reformado y bien iluminado. Un gran mapa de los alrededores de la capital ucrania, lleno de marcas e indicaciones, cuelga de la pared. Alrededor de la mesa, hay dos hombres, Artur y Dmytro (el de este segundo no es su nombre real), y una mujer, Alla. Son policías dedicados en cuerpo y alma durante estos cuatro años a tratar de desentrañar todos esos casos. “Tenemos 3.000 expedientes para ocho agentes”, se quejan. Haciendo referencia a la escasez de efectivos en el ejército, dan a entender que este es otro frente en el que andan muy necesitados de ayuda.

