Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Posiblemente la tablet sea el mejor invento desde la invención de la penicilina. Creo que podría acostumbrarme a vivir sin un móvil conectado a Internet, pero ni hablar de renunciar a esa pantalla gigante que muestra mis correos electrónicos, la prensa, los libros y las series subtituladas al tamaño que agradecen unos ojos bastante machacados. Por esta razón me saltaron todas las alarmas solidarias el pasado jueves cuando descubrí en X a un usuario, @jose_arcas, que trataba de desesperadamente de recuperar el iPad que había olvidado en un tren: “Hola, @Renfe, me dejé el iPad en un AVE hace dos días y lleva desde entonces viajando por España. No puedo reclamarlo como objeto perdido desde la web de ADIF porque no figura como encontrado. Tengo los detalles del tren en el que va, podéis avisar a la tripulación?”, interpelaba el desdichado a la compañía ferroviaria.
Hay algo profundamente roto en una sociedad que empieza a aceptar como una noticia más la muerte de criaturas tratadas como daño colateral en guerras y conflictos armados que castigan a la población civil y desgarran de forma especialmente cruel la vida de niños, niñas y adolescentes. La infancia encarna lo más frágil, valioso y digno de protección de la vida humana. No decide las guerras, no entiende de odio, codicia ni poder. Y, sin embargo, recibe su golpe más cruel. Quizá la derrota moral de nuestro tiempo no sea solo la violencia, sino la costumbre de que la pérdida de la infancia deje de interpelarnos y de que su muerte se diluya en cifras y termine confundida con el ruido de fondo del mundo. Erich Fromm decía que la libertad solo tiene sentido cuando se pone del lado de la vida. Todo lo que se aparta de ahí como la fascinación por la fuerza, la indiferencia ante el sufrimiento o el desprecio por la fragilidad es deshumanización. Como sociedad, como humanidad, no deberíamos permitirnos aceptar como normal lo intolerable. Cuidar y proteger a la infancia no es una cuestión ideológica, sino el deber moral más básico de cualquier civilización.
Isabel Díaz Ayuso tuvo en enero de 2022 un encuentro del que nunca ha informado con un alto cargo del grupo Quirón, Fernando Camino. Sucedió seis meses antes de la destitución de la interventora general de la Comunidad de Madrid, que fue seguida hasta final de ese año por el pago de 1.390 millones de deuda a ese grupo hospitalario con fuertes intereses en la Administración madrileña. La presidenta madrileña cenó en un bar del centro de León con el ejecutivo de esa empresa, quien pidió al dueño que cerraran el local para garantizar la privacidad de ellos dos, la esposa del directivo, otros amigos de ambos y varios miembros del equipo de la presidenta. Ausente estaba la pareja de la líder popular, el empresario Alberto González Amador, quien conocía a Camino por su relación comercial de más de una década.
La Audiencia Nacional ha liberado en las últimas semanas a 24 personas imputadas por su supuesta participación en una macrorred de narcotráfico. La razón aducida es una reciente sentencia del Tribunal Constitucional, dictada el pasado 23 de febrero, que reajusta su doctrina y obliga a los jueces a proporcionar información más detallada a los detenidos que son enviados a prisión provisional en causas bajo secreto de sumario.

Dos fondos de inversión están a punto de cerrar un negocio redondo con los pisos que un día pertenecieron a los madrileños. Son dos de los mayores caseros privados de Madrid, Fidere y Nestar, que compraron 2.490 viviendas públicas al Ayuntamiento de la capital cuando el mercado tocó fondo durante el resacón del ladrillo. Dieciséis años después esas dos empresas se preparan para venderlos muchísimo más caros, en un momento de desenfreno inmobiliario. Los anuncios han llegado a Idealista con precios inalcanzables para muchos madrileños, como un piso en Sanchinarro de tres habitaciones por 649.000 euros.



La obra de Banksy se ha construido sobre la crítica política y social de sus dibujos con plantilla y el misterio que ha rodeado su verdadera identidad. En distintos momentos de la historia reciente, medios e investigadores han dedicado todos sus esfuerzos a tratar de desvelar quién es la persona o el colectivo que se oculta detrás de todas las máscaras y sombras sobre las que se ha escondido uno de los representantes más importantes del arte actual. Ahora, un reciente informe de Reuters ha roto el misterio al certificar que Robin Gunningham es el nombre real del creador. Se trata del mismo hombre al que se había identificado ya en 2008, la diferencia es que su entorno ni confirma ni desmiente esta reconfirmación, la clave que otorga a esta investigación una autoridad hasta entonces desestimada por quienes hacían de portavoces de Banksy.
Quizá recordéis la escena de Minority Report en la que Tom Cruise manipulaba enormes pantallas transparentes moviendo las manos con unos guantes especiales. Cuando la película se estrenó en 2002, aquella interfaz parecía un ejercicio de imaginación pura, una forma vistosa de representar cómo sería la tecnología dentro de décadas. Sin embargo, poco más de veinte años después, el control por gestos, las pantallas táctiles avanzadas o la realidad aumentada son tecnologías plenamente desarrolladas. Algo parecido ocurrió con las videollamadas que asombraban en Blade Runner en 1982, o con la inteligencia artificial capaz de mantener conversaciones naturales que Tony Stark utilizaba en Iron Man en 2008. Escenas que entonces pertenecían al terreno de la ciencia ficción hoy resultan sorprendentemente familiares. Y no es casualidad: en la actualidad, el mercado está empezando a llenarse de dispositivos que parecen sacados del cine futurista, pero que ya se pueden comprar —o estarán disponibles muy pronto— y empiezan a formar parte de nuestra vida cotidiana. Estos son algunos de los más sorprendentes.
Los carteles electorales se solapan estos días en las cuidadas y estrechas calles de Tórshavn, la capital de Islas Feroe. Sus habitantes encaran una doble cita con las urnas: el martes participarán en las legislativas danesas; el jueves, en unos comicios que despiertan un interés mucho mayor porque elegirán a los nuevos miembros de su propio Parlamento. Este remoto archipiélago atlántico, integrado en el Reino de Dinamarca, aunque mantiene polémicos acuerdos comerciales con Rusia, ha adquirido un peso creciente en el tablero geopolítico. Y, a diferencia de Groenlandia, que ante las amenazas de Donald Trump ha optado por estrechar sus lazos con Copenhague, en la clase política feroesa ha resurgido con fuerza el sentimiento independentista.
En nuestro mundo usamos el verbo ‘ramonear’ de un modo muy alejado de la primera definición del DRAE (“cortar las puntas de las ramas de los árboles”). En el rock, ramonear equivale a imitar a The Ramones. En sonido, actitud, imagen. Y abundan los imitadores.