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Quim Gutiérrez (Barcelona, 44 años) no ha pasado una buena noche. Uno de sus hijos lo despertó a las tres de la madrugada por una pesadilla, así que estuvo hasta el alba “cazando” arañas imaginarias. Disimula bien el cansancio. “Es lo bueno de ser actor. Se nos da bien interpretar papeles”, dice. Lleva toda su vida actuando. “De pequeño quería llamar la atención de la gente. Veía a los políticos en televisión y quería eso. Quería ser alcalde de Barcelona”, recuerda. Debutó a los 12 años en la exitosa serie Poblenou. A los 25 ganó el Premio Goya a mejor actor revelación por su papel en la comedia dramática AzulOscuroCasiNegro. Ahora, a punto de cumplir 45, se estrena como “chico Almodóvar” en Amarga Navidad, la nueva película del director manchego. Es difícil imaginar un mejor regalo de cumpleaños para un actor. “Estoy en un buen momento. Me gusta hacerme maduro. Voy perdiendo pelo por delante, pero de momento aguanto”.


Cuando Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 62 años) estrenó en 2017 Carne y arena, la batalla de Estados Unidos contra el drama de la inmigración, se libraba medio a escondidas. Ante todo, en la frontera del desierto al sur del país, con la bofetada constante del viento en la cara, la vigilancia silenciosa de las patrullas, los helicópteros, los cactus y los matojos o la marca entre fría y ardiente de la arena en los pies. Hoy la represión contra esa perfectamente comprensible aspiración a una vida mejor, se ejerce a golpes, empujones y a tiros por el cuerpo camuflado de los miembros del ICE, retransmitida en directo desde las ciudades donde operan a las puertas de las casas, en el transporte público, a la salida del trabajo o en la puerta de los colegios.
En nuestro mundo usamos el verbo ‘ramonear’ de un modo muy alejado de la primera definición del DRAE (“cortar las puntas de las ramas de los árboles”). En el rock, ramonear equivale a imitar a The Ramones. En sonido, actitud, imagen. Y abundan los imitadores.
Cuando era pequeña era costumbre aplaudir al terminar las películas. En lo físico aplaudíamos a la pantalla, pero en lo emocional se aplaudía una historia. A finales de los noventa los aplausos empezaron a desaparecer, quizás porque también lo hicieron las grandes salas, sustituidas por multicines. Tal vez el público empezó a ser consciente de que aplaudir a una pantalla no tenía mucho sentido; quizás fue que la gente dejó de ir al cine como había dejado de leer o de ir a salas de espectáculo.
Y, de pronto, la revolución. La semana pasada, Nvidia volvió a sacarse de la manga una de esas tecnologías que, sobre el papel, prometen cambiarlo todo y, en la práctica, dejan un reguero de dudas difícil de ignorar. Se llama DLSS 5 y es la nueva evolución de la tecnología de reescalado de vídeos digitales de la empresa (Deep Learning Super Sampling). El caso es que significa un cambio importante respecto a versiones anteriores: mientras que DLSS 2, 3 o 4 se centraban en mejorar el rendimiento generando más resolución (o más frames) en un vídeo, DLSS 5 introduce algo mucho más ambicioso y peliagudo: el uso de inteligencia artificial para crear partes de la imagen en tiempo real. Es decir, no solo mejora lo que el juego ya ha renderizado, sino que añade detalles como iluminación, materiales o incluso pequeños elementos visuales mediante IA. El resultado es un cambio profundo que se puede ver a simple vista.
Cuba sufrió este sábado en un nuevo apagón general que dejó sin luz a prácticamente toda la isla. Es el segundo en una semana y el séptimo en año y medio. Este se produce, además, en uno de los momentos más críticos del país. El presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, reconoció estar en negociaciones con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras haber impuesto a finales de enero un embargo energético, en el que amenazó con aranceles a todo aquel que venda combustible a La Habana.
La doctora en Filosofía Kate Manne (Australia, 1983), cuyo trabajo se centra en filosofía moral, social y feminista, ha querido desde niña ser más delgada. Confiesa que llegó un momento en el que entendió que lo que odiaba no era tanto su cuerpo, sino la forma en la que le hacía sentir vulnerable: ser menospreciada, ridiculizada y denigrada. “Sabía mejor que nadie que la respuesta al acoso y al abuso no es cambiar a las víctimas, sino dirigirse a quienes tengan la culpa y, en última instancia, cambiar el sistema”, escribe en Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia (Capitán Swing, 2026).
El rostro más conocido del terror de la dictadura argentina es el del dictador Jorge Rafael Videla. Tras la recuperación de la democracia, fue condenado en el Juicio de las Juntas, pero recuperó la libertad con los indultos de 1990 y no volvió a ser detenido hasta 2010, cuando se reanudaron los juicios por delitos de lesa humanidad. Condenado a cadena perpetua, murió en la cárcel en 2013, sin que su familia encontrara un lugar en el que dar sepultura a sus restos excepto que fuera bajo un nombre falso. Además de Videla, esta fotogalería muestra algunos de los principales verdugos, torturadores e ideólogos del plan de exterminio que se aplicó en Argentina entre 1976 y 1983.
Mariam terminó sus estudios de comadrona en 2021, cuando los talibanes retomaron el poder en Afganistán, pero ni siquiera pudo recoger su diploma. “No permitieron que las estudiantes recibiéramos el título en un acto de graduación. Nos dejaron fuera de la foto. Hasta hoy”, explica a este periódico. Mariam, que prefiere usar un nombre falso para esta entrevista, tampoco ha podido ejercer ni un solo día debido a los edictos emitidos por las autoridades de facto y aunque en su país haya una acuciante necesidad de matronas.
Cuando se pregunta a grandes cocineros por su plato favorito, rara vez mencionan elaboraciones sofisticadas, grandes técnicas o emplatados rebuscados. Sus respuestas nos llevan a lugares íntimos: la cocina familiar, los aromas de la infancia, las elaboraciones sencillas, el cariño. Porque, aunque el oficio empuje hacia la creatividad constante, el cocinero valora, como el resto de los mortales, la sencillez y la solidez de las recetas del día a día.