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La nueva serie de Star Trek está protagonizada por jóvenes. No hay demasiadas batallas espaciales ni planetas por descubrir. Hay, en cambio, romance adolescente e incomprensión vital. Justo 60 años después de su primer episodio, quizás este no sea el Star Trek de tus padres (ni de tus abuelos). Pero eso no hace a la decimotercera serie de su historia peor.
Dani Rodrik es una rareza: es un gran economista dotado con un colmillo político muy afilado. No habla solamente de economía; ni siquiera principalmente de economía a poco que se le dé carrete. No rehúye una sola polémica, ni siquiera con su propio oficio. Es dueño de un apetito voraz por meterse de lleno en el debate público. Y tiene habilidad para dar en el blanco: se anticipó a uno de los desafíos de estos tiempos, y ya al inicio de la Gran Crisis advirtió de los riesgos de la globalización excesiva, se preguntó si esa combinación malsana de adoración por el libre comercio desregulado y macrocefalia del sistema financiero iba a debilitar la democracia. Acertó: ahora mismo estamos en plena recesión democrática. Su tesis es que la variedad de capitalismo que se ha impuesto genera una desigualdad rampante; esa desigualdad ha acabado trayendo malestar en todo el mundo, y ese cabreo se traduce en la marea del populismo de ultraderecha. La altura máxima de esa ola airada es Donald Trump. “Lo fundamental de Trump no son los riesgos económicos: mi presidente es la mayor amenaza de nuestro tiempo”, afirma rotundo en esta conversación con EL PAÍS después de dar esta semana una charla en unas jornadas organizadas por la Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación (Cesce).

Bajo la presidencia de Donald Trump, la política exterior de Estados Unidos ha tocado fondo. La guerra de su Gobierno contra Irán (que llega justo después del secuestro del dictador de Venezuela) perjudicará a Estados Unidos y cambiará la visión que tiene el resto del mundo del poder estadounidense.
Los ataques de los últimos días contra infraestructura petrolera en Oriente Medio han implicado un salto en la escala de las consecuencias del conflicto, que ha cumplido su tercera semana. El corte del suministro marítimo hacia el extranjero se ha notado inmediatamente en surtidores a miles de kilómetros, y los daños provocados sobre los centros de producción del miércoles y el jueves — con bombardeos sobre plantas petroquímicas y terminales gasistas— han sacudido los mercados. El siguiente mapa muestra las principales instalaciones de producción de combustibles fósiles alcanzadas.
La primera vez que la diseñadora, empresaria y ahora comunicadora Bella Freud (Londres, 65 años) se dio cuenta de que la ropa era mucho más importante de lo que parece tenía diez años. Acababa de regresar de Marruecos, donde había vivido con unos desconocidos -gracias a los que aprendió a hablar árabe- durante meses mientras su madre recorría el país sola. “Nos mudábamos sin parar y nos instalamos en Sussex. Recuerdo mirarme en un espejo y verme con una especie de blusa con cuello grande y pensar: ‘No me gusta mi reflejo. Algo aquí no está bien”, explica Bella Freud, cómodamente sentada en un sillón de cuero de un estudio al noroeste de Londres, asomado al cementerio decimonónico más grande de la ciudad. La madre de Bella Freud, la irlandesa Bernardine Coverley, conoció al legendario pintor Lucian Freud —íntimo de Francis Bacon y miembro del clan de psicoanalistas más célebre de todos los tiempos— en un bar del Soho cuando solo tenía 18 años. Él ya era un hombre de 40. Nunca se casaron y su relación romántica no duró mucho, pero ella insistió en que sus dos hijas no rompieran nunca con él, quien llegó a reconocer a otros doce descendientes. Poetisa, viajera impenitente, espíritu libre, murió en 2011, solo cuatro días después que el pintor, al que visitó en su lecho de muerte. De ella es la bufanda con la que nuestra protagonista aparece en esta sesión de fotos en la que el decorado hace alusión al subconsciente que ahora ella explora en su podcast ‘Fashion Neurosis’. Este programa propio le ha dado notoriedad mundial y a él han acudido desde Rosalía (“es impresionante lo inteligente que es, dirá”) a Karl Ove Knausgård pasando por Courtney Love. Las conversaciones empiezan girando en torno a la moda pero acaban siendo un salvoconducto hacia otros muchos temas. “Yo pasé toda mi infancia intentando sortear las reglas que mi madre y mi padrastro nos ponían en cuanto al atuendo”, explica con una actitud tranquila pero retadora a través de las pausas infinitas (tan difíciles de reproducir en el lenguaje escrito) que hace evidente que ha heredado el genio de su padre y la excentricidad de su madre.
Charlotte Hadden
Helen Asher
Nicholas Rogers
Cristina Serrano
Lauren Sloan (Together Associates)
Sam Bonard y Sam Jupp
Asistente digital: George Zenko
Esme Whiteside
Fergus Lockyer
Mueven ejércitos de seguidores y venden viviendas de muchos millones de dólares. Son los agentes inmobiliarios americanos, pioneros en hacer magia con las redes sociales y transformar por completo la intermediación tradicional. Ryan Serhant trabaja sobre todo el mercado de lujo de Manhattan (Nueva York). Tiene 3,1 millones de seguidores en Instagram y 1,3 millones en TikTok y es fundador de Serhant, una mega agencia que comprende un estudio de cine, una división de marketing y una plataforma tecnológica. Además, es protagonista de la serie Owning Manhattan, de Netflix.
“Ahí están, más delgadas que la semana pasada, más delgadas que el mes pasado, más y más y más como si hubiera una competición que nadie nombra, pero todas están jugando”, escribía esta semana la directora Chloé Wallace en su cuenta de Instagram sobre el resurgir de la delgadez extrema como ideal dominante en las alfombras rojas. Las actrices son referentes estéticos y culturales, capaces de crear moda (norma) y marcar tendencia. ¿A qué cultura representa este canon que impera en la industria? En el caso de los Oscar (EE UU), sabemos que el contexto político dominante es ultraconservador y como tal produce políticas identitarias cada vez más duras y cuerpos cada vez más normativos. Y en el caso de Europa, vamos por el mismo camino estético, que es también político.

Dos fiscalías federales de Estados Unidos investigan al presidente de Colombia, Gustavo Petro, por presuntos vínculos con el narcotráfico. La revelación, publicada este viernes por The New York Times, llega en el peor momento. Si es que hay alguno bueno. En plena campaña para intentar dejar la presidencia a su heredero político, estas dos investigaciones dan alas a una oposición que ha alimentado, sin pruebas, la tesis de que Petro tiene nexos con el mundo criminal.
Bares y restaurantes sin clientes. Locales enormes que han sido vaciados hasta quedar solo sus paredes blancas en pleno centro de Moscú, algo inimaginable donde hasta hace algo más de un año los empresarios se pegaban por abrir una cafetería. La crisis económica golpea la capital rusa, donde el desgaste provocado por la guerra se nota en una ciudad cuyo himno era, hace mucho tiempo, “Moscú nunca duerme”.
Walt Disney tenía una obsesión: rediseñar el mundo. Empezó primero por la gran pantalla y produjo Blancanieves y los siete enanitos, el primer largometraje de animación sonoro y en color. Después pasó a la televisión. Pero no era suficiente, quería dar el paso a rediseñar la propia realidad. Con esa idea concibió en los años cincuenta el primer parque de Disneyland. Ahora el documental Cómo se hizo Disneyland, estrenado en Disney+ y YouTube, utiliza entrevistas y vídeos de la época para revelar muchos de los secretos del proyecto faraónico que estuvo a punto de arruinarle a él y a todo el estudio en menos de un año.