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El auge de la extrema derecha en España es un fenómeno relativamente nuevo en nuestra historia democrática y todavía estamos en busca de explicaciones. ¿Qué es lo que lleva a los votantes a preferir opciones ultraconservadoras o reaccionarias? Las explicaciones se dividen entre las condiciones materiales y las cuestiones identitarias.
Su cara ocupa media pantalla. Elisa Mouliaá entra por videollamada a los programas desde un café. Se enzarza con un tertuliano desde el pasillo de su casa. Critica a quienes se lucran con su dolor y, un segundo después, dice que merece cobrar por su testimonio. Mouliaá resiste el envite de un juez que llega a cuestionarle cuánto tiempo estuvo el acusado “chupándole las tetas”. Se rompe a las puertas de un juzgado. Y un buen día, cuando ya no puede más, reconoce, se retira de un proceso por agresión sexual contra el exlíder de Podemos Íñigo Errejón. Después, cuando se da cuenta de que la Fiscalía no lo va a acusar y de que está aún más sola, vuelve a la carga. “Seguiré hasta el final”, anuncia en una entrevista a este periódico en el que enfrenta todas las contradicciones a las que ha estado sometida este año.
Las encuestas cumplieron su función en Castilla y León: el resultado fue lo que decían que era probable, una victoria del Partido Popular sin mayoría absoluta. Los sondeos tuvieron una precisión normal. Cometieron un error por partido de 1,7 puntos, un poco mejor de los 2 puntos que son su acierto histórico en España. Nuestro promedio redujo ese error a 1,6 puntos y las mejores estimaciones fueron las de Sigma Dos (0,8) y GAD3 (1,1).

Durante la última semana, Àngels Barceló ha pasado de contar la guerra en Oriente Próximo desde Israel a trasladarse a Valladolid para cubrir la más reciente jornada del ciclo electoral español. Si tiene que elegir entre ambas experiencias, opta por las dos. Barceló lo quiere todo. Y con más ímpetu si cabe, todo lo que pasa fuera del estudio. Barcelonesa de 62 años, lidera el podio radiofónico español en su horario de máxima audiencia al frente de las mañanas del programa Hoy por hoy que emite la cadena SER (cadena del Grupo Prisa, editor de EL PAÍS). La tercera ola del Estudio General de Medios (EGM) otorgó a finales del año pasado su mejor resultado histórico. Suma una audiencia de 3.405.000 oyentes y supera en casi 900.000 al segundo competidor, Herrera en Cope; y en 1.600.000 a Carlos Alsina, tercero en liza con su Más de uno en Onda Cero.


En el reverso de una postal que preguntaba “¿Cuál es tu sueño?“, Ana Torroja (Madrid, 66 años) escribió, en los tiempos de Mecano: ”Hacer un disco compuesto enteramente por mí“. Lo ha cumplido cuatro décadas después y el trabajo, que sale a la luz el próximo viernes, se titula Se ha acabado el show porque antes de que llegara la inspiración para escribir esas diez canciones en colaboración con autores españoles y mexicanos, pensó que quizá había llegado el momento de retirarse.



La impresión inicial al visitar la exposición de Olafur Eliasson (Copenhague, 59 años) en la galería Elvira González, la quinta que protagoniza en este espacio madrileño, es la de encontrarse frente a una propuesta notablemente distinta a lo que se esperaría del reconocido artista y, al mismo tiempo, perfectamente identificable. Algo así como aterrizar en medio de una estancia nunca vista, pero atravesada por un aroma ya sentido. “Es una muestra muy diferente a la mayoría de las que hago”, concede el propio Eliasson, tras viajar a Madrid para la inauguración de la muestra a principios de marzo, en una charla con EL PAÍS en el sofá de la oficina de la galería. “Pero lo cierto es que siempre he hecho obras sobre papel, y dibujo literalmente casi cada día desde que era adolescente”.


Mientras leía La sombra del padre pensé que la clave de esta honesta indagación biográfica era una confesión que Antonio Monegal escuchó durante la posguerra en el ático familiar de una casa de la burguesía de la ciudad de Barcelona. Solo la pudo oír, sin ser muy consciente de su trascendencia, cuando era un niño porque quien hablaba con un amigo era su padre, y a su padre, que lo tuvo cuando ya era mayor, a los cuarenta y muchos, lo trató poco porque falleció a los 55. Juan Monegal Vergés murió el verano de 1966, cuando el autor de este libro de motor proustiano tenía tan solo 9 años. Aquella tarde, su padre estaba sentado en el sillón de siempre, en la sala de estar, detrás la radio de madera barnizada y el mueble bar. Y lo que rememoraba, al cabo de tres décadas, era un episodio de la Guerra Civil, luchando con los sublevados en Andalucía. “Oí a mi padre narrar que en una ocasión había recibido órdenes de entrar al asalto en un pueblo, a caballo, y pasar a sable a la población civil, incluidos ancianos, mujeres y niños”. Durante el resto de su vida, dijo después, tuvo pesadillas recordando aquel día. Todos convivimos con nuestros fantasmas. Algunas veces los encerramos en el armario de la conciencia y allí se quedan. En algunas ocasiones los miramos frente a frente.

Los silencios reinan cuando Jan Oblak, Juan Musso y el tercer guardameta, el canterano Salvi Esquivel, se quedan a solas en el Cerro del Espino con Pablo Vercellone, el preparador de porteros desde que Diego Pablo Simeone se hizo cargo del Atlético de Madrid en diciembre de 2011. Oblak habla poco, Musso menos y Esquivel, como novato, escucha, mira y calla. La lesión muscular de Oblak ha provocado que esta noche en el Tottenham Stadium (21.00, Movistar+ Liga de Campeones), el meta argentino pase su segunda gran prueba después de aprobar con nota en la vuelta de las semifinales de Copa ante el Barcelona en el Camp Nou (3-0). Musso (31 años) encajó tres goles, pero algunas de sus intervenciones impidieron que el conjunto de Hansi Flick culminara la proeza de igualar o superar el 4-0 de la ida.
Yulimar Rojas, que ya ha cumplido 30 años, es una diosa joven que salta y que vuela por encima de las dificultades y los problemas, y afirma, feroz: “Soy puro fuego”.