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Durante décadas, el trabajo fue mucho más que un modo de subsistencia. El empleo proporcionaba una identidad y una promesa: que con esfuerzo, la vida iría tomando forma y la constancia sería recompensada. Hoy ese pacto parece sepultado bajo la precariedad laboral, la dificultad de acceso a la vivienda y la total avería del ascensor social.
No es la primera vez que Antonio Maíllo (Lucena, 59 años), candidato de la coalición de izquierdas Por Andalucía, se enfrenta como cabeza de lista a una campaña en la comunidad. Lo hizo en 2015, ante un Podemos en auge y tras el final abrupto del Gobierno de coalición en la Junta con el PSOE de Susana Díaz. Ahora el político cordobés se dice “tranquilo”. La experiencia y el cáncer de estómago que superó hace unos años han puesto todo en perspectiva. Después de dos debates televisivos en los que se ha esforzado en diferenciarse de Adelante Andalucía, el coordinador federal de IU reivindica la utilidad de su papeleta, liga su futuro a lo que pase el 17-M y tiene claro que lo que suceda en Andalucía será “determinante para las generales” .



No quieren que se convierta en una vieja gloria, en uno de esos lugares, en su día espléndidos y lujosos, venidos a menos por la falta de cuidado. Ante una mirada inexperta, la hípica del Real Club de Campo Villa de Madrid es como un pequeño pueblo envejecido por el paso del tiempo. Se nota que las instalaciones no son nuevas, hay bancos ajados y falta pintura en vallas y postes. Si quien mira es un jinete habitual, un profesor de equitación o un abonado que lleva toda la vida montando, la imagen cambia: “Instalaciones lamentables”, “decadencia”, “chapuzas”, “improvisación”, “riesgo para los caballos”. Son palabras de inquietud que solo se compartían en conversaciones privadas o por grupos de WhatsApp. Hasta el pasado febrero. Más de 100 personas firmaron entonces una carta de seis páginas dirigida al gerente del club, Juan Carlos Vera, histórico del PP, en la que denuncian el deterioro progresivo de las instalaciones: barrizales, heces acumuladas, escasa o nula limpieza, pistas impracticables o falta de suministros, entre otros. Esto, dicen en el texto y a este periódico, ha llevado a un aumento de accidentes y lesiones en los corceles.

Esteban Fernández encarnà un personatge a la recerca de guionista. Argentí d’origen, representava la Mercedes Benz a Catalunya als anys trenta. I de seguida s’incardinà en la clientela, la burgesia catalana, sobretot barcelonina. Intrèpid, capriciós i exquisit, tenia la fal·lera de pilotar. El 1933 es va fer construïr a la Garriga una elegant casa d’estiueig racionalista: amb hangar per a la seva avioneta, encara existent. I va fer condicionar un aeròdrom familiar, a la finca de Can Rosanes. Amb la guerra va ser clau per a l’aviació republicana, així que els bombarders italians s’hi van dedicar a tort i a dret.
Mustafá Darduna observa silencioso mientras Rushdi Hamada, fisioterapeuta de la clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Ciudad de Gaza, comprueba las medidas de su cabeza y le ajusta una nueva máscara transparente, por debajo de su barbilla y hasta detrás de las orejas. Las cicatrices de las quemaduras sufridas hace un año durante los ataques aéreos israelíes sobre la Franja asoman a ambos lados del rostro de este niño de 10 años con mirada profunda y triste.

No habrá una butaca libre en el Roig Arena. Nadie ha querido perderse un partido, el Valencia Basket-Panathinaikos, que está considerado como la madre de todas las batallas. Después de cuatro duelos tremendamente intensos, en el desenlace ya de una serie excepcional por su igualdad (nunca ha habido una eliminatoria tan igualada: la victoria más amplia ha sido por solo cuatro puntos), una rivalidad encarnizada (el presidente del club griego ha sido sancionado y los dos entrenadores fueron expulsados en el tercer encuentro) y un baloncesto supremo, dos equipos indómitos que se niegan a despedirse de la Euroliga se reencuentran este miércoles (21 horas, #Vamos) en el quinto y último asalto para conocer al cuarto participante en la Final Four (del 22 al 24 de mayo en Atenas) y el rival del Real Madrid. La otra semifinal ya está definida: Olympiacos contra Fenerbahçe.
La ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, afirmó recientemente que “el problema del fútbol es que hay muchos hombres”. Sin contexto ni explicación, la formulación redujo un asunto complejo a un titular fácil. El problema del fútbol —como el de muchas otras industrias— no es la presencia de hombres, sino la escasa diversidad en los espacios donde se toman las decisiones. Y en este punto, el deporte profesional presenta una anomalía difícil de ignorar. Los datos son elocuentes. En España, de 67 federaciones deportivas, solo una está presidida por una mujer: Elisa Aguilar, en baloncesto. En Primera División, solo Marian Mouriño preside un club, el Celta de Vigo, y apenas un 10% de los puestos directivos están ocupados por mujeres. La mitad de esos clubes no cuentan con una sola mujer en sus juntas directivas. A nivel global, de las 211 federaciones miembro de FIFA, solo 10 tienen presidenta y 24 cuentan con secretaria general.
En el tercer episodio de Yo siempre a veces, la serie creada por Marta Bassols y Marta Loza, Laura, la protagonista, les pide a sus amigas que, aunque hayan organizado una fiesta, no consuman drogas ni se emborrachen en la casa donde conviven con su bebé. Cuando algunas incumplen, Laura se enfada y siente que ella misma ya nunca más será capaz de disfrutar así de esos excesos. En este caso, las circunstancias y la mirada de Laura han cambiado debido a su reciente maternidad. Pero a veces la situación personal varía por el efecto negativo de algunos consumos: los problemas familiares, sentimentales o laborales o las alteraciones de salud, además de unas resacas cada vez más largas, son las consecuencias de una vida nocturna demasiado intensa, y quien las padece siempre se plantea bajar el ritmo.
La estadounidense Caro Claire Burke ha debutado a lo grande con su novela Yesteryear (AdN), protagonizada por una tradwife famosa en internet. Como todas las influencers ultraconservadoras, vende una imagen idílica de un pasado que no existió, algo que descubre cuando un día se despierta en 1885. El libro es mordaz y adictivo y con él la autora ha logrado ganar tanto o más dinero que aquellas a las que retrata a través de Natalie, su antiheroína. La venta de los derechos de publicación alcanzó siete cifras en la puja entre editoriales y ya está en proceso de adaptación al cine con Anne Hathaway como Natalie, el personaje principal. Más allá de cualquier crítica literaria, ya es uno de los títulos del año.
Una persona envía un mensaje y se queda mirando el móvil esperando una respuesta que no llega. Pasados unos segundos, lo guarda en el bolsillo. Pasan cinco minutos y lo vuelve a mirar. Diez, lo mismo. Media hora, otra vez. No hay respuesta y esa espera activa un mecanismo mental que seguramente les suene a muchos. “¿Habré hecho algo mal?”, “Mi mensaje estaba bien, ¿no?”, “¿Le habrá pasado algo?”. El cerebro del que espera comienza a elaborar teorías más o menos descabelladas para intentar explicar el silencio, para rellenar el molesto hueco que la incertidumbre crea en su interior.