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Apenas lleva un mes en el cargo, pero ya se mueve con la cautela de quien conoce bien el peso de una de las carteras más complejas y sensibles del Ejecutivo. En la solemnidad de la Sala de Goya de la antigua Real Casa de la Aduana, Arcadi España (Carcaixent, Valencia, 51 años), titular del Ministerio de Hacienda, evita salirse del guion al desgranar las prioridades de su mandato. Sin dejar de reivindicar un instante el legado de su antecesora, María Jesús Montero, el nuevo ministro huye de los tecnicismos áridos para explicar que los impuestos no son solo cifras, sino el escudo que sostiene las “noches de UCI” y todos los servicios públicos. Más allá de incidir en esa pedagogía, España elude concretar, en una entrevista concedida el pasado jueves, cuándo se presentarán unos nuevos Presupuestos, prorrogados desde 2023. Preguntado por el impacto negativo que genera la inflación en el IRPF, culpa a la oposición de “pervertir” el debate tributario.



La industria europea del automóvil vive un momento dramático, con masivos recortes de empleo, pero España resiste. En medio de las tensiones generadas por la fuerte competencia china, la caída de ventas en el continente, el desafiante paso al vehículo eléctrico y el control de la cadena de valor de esta tecnología, España se ha posicionado como uno de los pocos lugares de la Unión capaz de atraer nuevas inversiones en un sector que simboliza la industrialización del continente.
A una semana de las elecciones andaluzas del próximo domingo, el estudio del instituto 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER muestra como opción más probable que el PP revalide la mayoría absoluta, aunque con dos escaños menos (56) de los que tenía y doblando en diputados al PSOE, con una estimación de 28 diputados, dos por debajo de los que obtuvo en las urnas en 2022. Vox, que irrumpió por primera vez en un parlamento autonómico precisamente en Andalucía en 2018, sube un escaño, hasta los 15, lo que supone cinco más que las formaciones de izquierda Por Andalucía (6) y Adelante Andalucía juntas (4). Por bloques, la derecha y la extrema derecha aglutinan 71 diputados, 33 más que la izquierda (38).

Cualquier persona que tuviera edad de ver telediarios en 2014 recuerda uno de esos formidables descalabros políticos a los que España entera pudo asistir en directo: el de Ana Mato con el ébola. Aquella rueda de prensa de la ministra de Sanidad del Gobierno de Rajoy se considera ya un ejemplo de manual, para todos los expertos en comunicación de emergencias, de cómo cagarla absolutamente en todo. Para manejar con acierto una crisis, solo tienes que mirar aquella comparecencia y hacer todo lo contrario.
De humor inteligente, progresista y militante feminista, la poeta y ensayista Aurora Luque, de 63 años, es considerada una de las voces más singulares de la poesía española contemporánea. Su obra mezcla la tradición clásica grecolatina con una mirada moderna, sensual e irónica sobre el deseo, el paso del tiempo, los viajes y la vida cotidiana. Defiende una poesía luminosa, mediterránea y culta alejada del tono solemne. Su voz, alejada del ruido mediático pero influyente, cuenta con un prestigio sólido tanto en la poesía como en el pensamiento cultural contemporáneo.

En estos primeros días de mayo, Granada ve ponerse el sol pasadas las nueve de la tarde. Ese es el punto mágico en el mirador de San Nicolás, cuando decenas de turistas se agolpan en los 40 metros del poyete con vistas a La Alhambra, buscando un hueco en el que inmortalizar una de las vistas más bellas de España. Al expresidente estadounidense Bill Clinton le atribuyen los granadinos palabras aún mayores, durante una visita a la ciudad en 1997: el atardecer “más bello del mundo”. El turismo se desató.



Lo mejor que se puede decir de la operación de desembarco en Tenerife de los pasajeros del MV Hondius, el barco que ha sufrido un brote de hantavirus, es que está procediendo con normalidad. La clave ha sido, y sigue siendo, la cooperación de las autoridades españolas con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los mecanismos europeos de protección civil, dos instituciones internacionales que utilizan la mejor ciencia disponible como guía para resolver las amenazas que plantean los virus emergentes en nuestra sociedad globalizada. Resulta lamentable que el procedimiento se haya visto empañado, y casi entorpecido, por una oposición política miope o malintencionada, con mención especial al presidente canario, Fernando Clavijo.
Thomas Hobbes creía que la verdadera fuente del poder no era la fuerza de los ejércitos sino la capacidad de controlar el lenguaje, de decir qué significa qué. Miramos el mundo con las palabras tanto o más que con los ojos. Una buena campaña puede convencer a la población de que una cosa ha ocurrido o una persona es de fiar, pero quien controla el significado de las palabras y la importancia de los hechos controla el razonamiento mismo. Esto ocurre porque el lenguaje no es un objeto real que existe en la naturaleza. Es un convenio, una herramienta imperfecta que nos sirve para comunicar intenciones y coordinar movimientos, pero no para describir el mundo exactamente tal y como es. “Tira las luces, las definiciones y di de lo que ves en la oscuridad —decía el hombre de la guitarra azul en el famoso poema de Wallace Stevens—, que es esto o que es aquello, pero no uses los nombres podridos”. Lo que importa es un álgebra social que depende del significado de las palabras y del valor de las cosas. Qué y quién merecen nuestra atención. Es el tema fetiche de nuestra santa Simone Weil, y de C. Thi Nguyen, uno de los pensadores más originales de mi generación.
No hace falta leer a Bourdieu para saber que, desde antiguo, la cultura ha funcionado como un marcador de clase. Con dinero puedes comprar un reloj Richard Mille como el que llevan los futbolistas o una mansión en Marbella. Sin embargo, pocas cosas exhiben más estatus que tener una librería alicatada hasta el techo con libros de La Pléiade. La propia noción de alta cultura funcionó durante cerca de tres siglos como una frontera invisible y el acceso a los tesoros de la literatura o de la música se administró, no pocas veces, con mano desleal.