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La falta de personal es uno de los mayores quebraderos de cabeza de la hostelería en España. Es un fenómeno que comenzó con la pandemia y que ha seguido imparable. Según datos de Comisiones Obreras, a principios de 2023 habrían abandonado el sector unas 70.000 personas. Los hosteleros siguen teniendo dificultades para encontrar camareros —uno de los perfiles más demandados— y personal de cocina. Los cocineros, al frente de negocios con reconocimiento, admiten que la situación es dramática y ofrecen su visión sobre el problema.
El escritor Francesc Serés (Zaidín, Huesca, 53 años) acaba de regresar a la ciudad austriaca de Graz, en la que vive, tras presentar en España El primer año (Destino, 2026). Autor de una amplia obra literaria en catalán, muchos de cuyos títulos han sido traducidos al castellano, Serés, a modo de dietario, recorre en este último libro los 13 meses que van desde el último mes de embarazo de su pareja hasta el primer año de vida de su hijo Juli, hoy un bebé de 20 meses. Cada mes recoge una anécdota concreta, un encuentro en el que de alguna forma el niño hace de imán para que se produzca.

Sequedad, picazón, tirantez, enrojecimiento o sensación de incomodidad: así se manifiesta la piel atópica y sensible. Quienes conviven con ella saben que hidratar y calmar son dos pasos esenciales en una rutina de cuidado.





La inestabilidad regresará a España con la borrasca Therese. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha emitido un aviso especial debido a la formación de esta nueva borrasca que irá ganando fuerza y provocará un episodio de mal tiempo en Canarias durante los próximos días. A partir de este jueves y durante el resto de la semana habrá un temporal de viento, lluvia y mala mar. El portavoz de la Agencia, Rubén del Campo, ha señalado que las rachas de viento serán intensas en las islas con lluvias fuertes y olas que podrán superar los cuatro metros.
El diplomático y político originario de la isla caribeña de Granada Simon Stiell (57 años) es desde agosto de 2022 el secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el acuerdo que ha regido en los últimos 34 años los esfuerzos de todos los países del mundo por ponerle coto al calentamiento global. Concede esta entrevista por videoconferencia desde Bruselas, el corazón de una Unión Europea que esta semana debate cómo hacerle frente a los efectos de la guerra de EE UU e Israel contra Irán. Y la forma en la que los Veintisiete responden a la crisis energética vinculada a este conflicto está en el centro de la reunión del Consejo Europeo que se celebra estos jueves y viernes. Stiell aboga por que Europa, en vez de retroceder, acelere todavía más su transición para dejar atrás los combustibles fósiles, principales responsables del cambio climático.

La silueta de la cigüeña blanca sobre torres y campanarios en las diferentes localidades de Extremadura forma parte del imaginario colectivo, sin embargo, esa estampa está desapareciendo en los últimos años.
8 de febrero de 2020. En el pabellón de Torun, la ciudad polaca en la que nació Copérnico, suena a todo volumen Levels, la mezcla del DJ sueco Avicii. Mondo Duplantis, casi un niño de 20 años, se dispone a asombrar al mundo con lo que podría definirse como un giro copernicano en el salto con pértiga. Una persona muy rápida, de físico muy normalito, con nada de los colosos estilo Serguéi Bubka, mandíbula de acero, arquitectura de acorazado, que han dominado la especialidad, y sonriente, deja el récord del mundo en 6,17 metros. Un mes después, cuando el pertiguista sueco, tan rápido, ya ha batido el récord mundial por segunda vez, el mismo mundo se encierra en casa. El coronavirus paraliza la vida. Este fin de semana, el sábado a partir de las 18.25, Mondo Duplantis vuelve a saltar en Torun para buscar, en esta ocasión, no solo un nuevo récord, sino también su séptimo título mundial, el cuarto en pista cubierta. En los seis años que han pasado desde su primera visita ha elevado el récord mundial hasta 6,31m. Antes de viajar recuerda su experiencia de 2020 por videoconferencia a media docena de periodistas del mismo mundo asombrado siempre.

Dos días antes de celebrarse la Copa del Rey de hockey patines, en Sant Sadurní d’Anoia rezuma la calma, solo trastocada por las animadas conversaciones en los bares, ahora que ya hay colgado algún cartel por el pueblo que anuncia el evento. Saben los lugareños que desde este jueves hasta el domingo las calles serán una fiesta, todas las aficiones hermanadas hasta que la bola empiece a rodar. Un festejo que, sin embargo, en la casa de los Aragonés no se celebra todavía, ya que Jordi y Rosa no quieren que haya un perdedor, al menos en el primer envite del torneo, donde se enfrenta el Noia con el Barcelona. Resulta que sus hijos Xavi y Sergi juegan a cada lado de la pista, uno de rojo y el otro de azulgrana. “El Barça es mucho Barça, pero el año pasado ya les ganamos y sabemos que podemos volver a hacerlo”, reflexiona Xavi, con una sonrisa picarona; “pero tampoco me cebé mucho porque él me ha ganado muchas veces y no hizo sangre”. Replica Sergi: “Esta vez no vas a ganar. Llevamos ya un tiempo concentrados y pensando en este encuentro porque no queremos que se repita la historia”. Ambos están sentados alrededor de la mesa familiar y ya han acordado que esta conversación con EL PAÍS será la última sobre el tema hasta que no acabe el duelo, que ahora es momento de distanciarse para pensar hacia dentro.


En la vida de Miguel Campins (Alcoy, 18 de marzo de 1880-Sevilla, 16 de agosto de 1936) se entrevera una buena parte de la historia de España que sucede en las primeras décadas del siglo XX. “En esa época Campins está en todas partes”, dice Lorenzo Silva (Madrid, 59 años), “son los años en los que se gesta la Guerra Civil con los mimbres de la Guerra de África”. De eso trata su nuevo libro, Con nadie. Vida y destino del general Campins (Destino), donde novela la peripecia vital del militar.


“Me desnudé demasiado. No quiero ser ese señor tan desasosegado y preocupado que sale ahí”, dice José Luis Sastre (Alberic, Valencia, 42 años) señalando la página de su última entrevista en EL PAÍS hace dos años con motivo de su primer libro, Las frases robadas. Reflexiona sobre la cantidad de horas que trabaja. “Me hará envejecer mejor saber perder el tiempo. Miguel siempre me dice que para aprender a no hacer nada hay que sentarse y decir: sofá, radiador, piano, ventana, calle. No he llegado a ese punto, pero estoy en ello”, dice mientras pide un vaso de agua y toma asiento. Miguel es Miguel Maldonado, su compañero del podcast Sastre y Maldonado. “No nos conocíamos de nada. Si el podcast ha tenido algo especial es que ha sido la construcción de una amistad en directo”. Es lunes y está recién llegado de Valladolid, donde ha seguido las elecciones de Castilla y León con su programa de radio Hoy por Hoy, que dirige Ángels Barceló. Es columnista de EL PAÍS. Prepara nuevo programa en TVE, El juicio. Y publica ahora Plomo (Plaza&Janés), una novela sobre un policía que asume la escolta de una concejala amenazada de muerte. Una historia sobre dos héroes anónimos, de los cientos que hubo en el País Vasco bajo el terror de ETA de los que no se supo nunca el nombre salvo cuando se estampaba en una esquela. Puede ser, sin embargo, la historia de cualquier terrorismo al que se enfrenta alguien que bien se pudo ahorrar ponerse voluntariamente en la diana. Plomo no transcurre en ninguna época concreta, ni sale ningún nombre reconocible. Sí son reconocibles los atentados, sí es reconocible (mucho) la atmósfera.

