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España, 2075. Las fronteras llevan años cerradas y los migrantes llegan con cuentagotas. Solo se admiten aquellos que cumplen con los estrictos requisitos fijados por las autoridades. El país, en lugar de crecer, ha encogido, tanto en población como en crecimiento. Ya no persigue de cerca a las grandes economías avanzadas; es un Estado envejecido con cada vez menos niños y mano de obra, donde faltan profesionales para cubrir los servicios públicos básicos, han cerrado centenares de miles de negocios y el PIB ha crecido un 22% menos de lo que habría hecho de mantenerse las puertas abiertas a los extranjeros.
EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.


La Semana Santa es una de las fechas más importantes para el catolicismo, en la que se conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Este tiempo también es el momento en el que muchas personas aprovechan para darse una escapada y disfrutar solos o acompañados de viajes o salidas entrañables.











Mantener los textiles de casa limpios no es una tarea fácil. Una vez que estos materiales se manchan y la suciedad se impregna, suele ser muy difícil quitarlos sin que al menos quede una pequeña estela de la mancha. Aunque cada vez son más efectivos e inteligentes, los robots aspiradores no siempre son capaces de eliminar manchas complicadas de las alfombras. Y, por supuesto, un robot aspirador no es la herramienta adecuada para eliminar manchas del sofá o de los asientos del coche. Si alguna vez has intentado quitar una mancha difícil con productos convencionales, un poco de agua y un trapo, sabrás que muchas veces el remedio puede ser peor que la enfermedad, como dice el dicho.




Cien de las 153 ciudades españoles de más de 50.000 habitantes que antes del 1 de enero de 2023 debían tener en vigor sus espacios restringidos al tráfico —zonas de bajas emisiones (ZBE)— siguen todavía sin instalarlas, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica. Figuran entre ellas 10 de las 30 más pobladas, como Valencia, Murcia o Vigo. Son ya tres años incumpliendo de forma palmaria una obligación legal que todas estas urbes y sus regidores conocen perfectamente desde que en mayo de 2021 entrase en vigor la ley de cambio climático. En todo el año pasado solo se sumaron ocho nuevas ciudades, mientras que otras 10 ni siquiera han iniciado el proceso.
Del régimen en semilibertad del que ya disfruta Soledad Iparraguirre, Anboto, de la utilización sibilina de un artículo (100.2 del reglamento penitenciario) que suele disponerse para facilitar la vida de los terroristas, hay algo aún más grave y mezquino que esto último: salga cuando salga, más pronto que tarde, no le faltará a la exjefa etarra, condenada a 793 años de cárcel por su vinculación con 14 asesinatos, gente que vaya a las puertas de la cárcel a recibirla, ciudadanos que promuevan su nombre y su cara para camisetas, pintadas callejeras o carteles, fiestas populares en reconocimiento a su trabajo por la libertad del pueblo vasco, empresas que le ofrezcan empleo en caso de quererlo, ventajas académicas en caso de que quiera estudiar, aprecio y respeto y admiración de vecinos que la hagan sentir, a Soledad Iparraguirre, Anboto, que si bien el objetivo que perseguían sus asesinatos no se ha conseguido, el camino ha merecido la pena. Cuando muera, lo hará entre honores.
Dicen que, cuando su hijo le pidió consejo sobre cómo consolidar el poder, Tarquinio el Soberbio cortó las cabezas de las amapolas más altas de su jardín. Así hay que proceder, según el último rey de Roma, con los individuos más destacados y talentosos del reino. Los descendientes del Capitán Cook lo llamaron el síndrome de la amapola alta (tall poppy syndrome), el impulso que tienen algunos de cortar toda cabeza que sobresale del resto, alterando la armonía del grupo al destacar sobre los demás. Esta cura de modestia por la vía jacobina se suele aplicar de manera local; por eso los grandes artistas suelen ser valorados fuera y salvajemente atacados en su país de origen. Y escala en progresión geométrica cuando el objeto destacado es una mujer. Especialmente en este ecosistema mediático diseñado para la viralidad, el agravio comparativo y alterado por la rumorología, imágenes sintéticas y desinformación. Los algoritmos digitales son la bisagra que conecta a la masa envidiosa con la industria de buscavidas capaces de transformar nuestros demonios internos en un rico botín.

Impotente ante un conflicto religioso y social que le supera, un policía local de Jumilla fió la solución a “que su Dios y el nuestro se pongan de acuerdo”. Se lo contó a la periodista de EL PAÍS Elena Reina, que andaba por el municipio murciano dando noticia de los problemas que la comunidad musulmana tuvo para celebrar el Ramadán en un espacio público. La frase del agente es ingeniosa y conciliadora, al estilo de un capitán Renault en Casablanca, pero también falsaria: el dios de las tres religiones monoteístas es el mismo. Una confusión normal en el politeísmo católico, que trata a la Virgen del Pilar y a la de la Macarena como entidades distintas y rivales. Así no hay dios que se aclare.
Hace 34 años, el cantautor cubano Silvio Rodríguez escribió una canción que, entre otras cosas, decía: