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Dos meses después del siniestro ferroviario de Adamuz (Córdoba), en el que 46 personas perdieron la vida en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, la operadora pública Renfe anunció ayer el arranque del proceso para adquirir 30 trenes capaces de alcanzar los 350 kilómetros por hora. El presupuesto alcanza los 1.362 millones, pero el pliego ofrece margen para llegar a las 40 unidades y una inversión de 1.777 millones de euros. Ante el esperado concurso, que ha sido calificado por el Ministerio de Transportes como el mayor pedido en alta velocidad de la historia de Renfe, se ha cruzado el factor de incertidumbre de la guerra en Oriente Próximo y la posible escalada en los costes industriales. Un riesgo que los fabricantes van a calibrar al céntimo.

Hay dos tipos de cocineros: los que piensan que las verduras son un simple acompañamiento, y los que hemos llorado mirando una bandeja de brócoli apagado lamentándonos (otra vez) “¿por qué no ha quedado verde brillante?”. Si eres del segundo grupo, respira: no estás solo, no es brujería, es ciencia culinaria, y aquí te traigo los “porqués”, los “nunca más” y un montón de estrategias científicamente probadas para que tus verduras queden siempre bonitas.

Cuando cocinas verduras, ocurren reacciones químicas y físicas que alteran sus pigmentos y estructuras. El verde de las verduras (especialmente brócoli, guisantes y acelgas) viene de la clorofila. Esta molécula no es inmortal: al cocinarse en condiciones ácidas o con calor excesivo y prolongado, la clorofila se transforma en –atención: palabras científicas– feofitina porque pierde el átomo central de magnesio (Mg2+) que tenía y que da el color verde brillante transformándolo en gris (esa sensación tristona que a todos se nos ha escapado en algún plato). La feofitina absorbe la luz de manera diferente a la clorofila, lo que el ojo humano percibe como un cambio de un verde brillante a un verde oliva opaco, gris o marrón.
En el caso de la pérdida de textura, es porque las verduras tienen paredes celulares llenas de pectina, un tipo de fibra soluble que mantiene unidas unas células vegetales con otras, como un “cemento”. La cocción rompe esas paredes y hace que el agua entre y salga sin control entre las células: cocinar demasiado tiempo hace que pierdan firmeza y se vuelvan mustias.

Soy bastante aficionada a la lombarda, una pariente del repollo que, al menos en algunas zonas, parece que limitamos a la Navidad. Hervida sin más la encuentro poco atractiva, pero en esta fórmula braseada, la cocción lenta en sus propios vapores la deja tierna, jugosa y con mucho sabor; esta técnica resalta todas las cualidades de esta crucífera.
Exprimió a Jiri Lehecka, pero no fue suficiente. Bravo, en cualquier caso, por Martín Landaluce y este bonito viaje que ha deparado por el Masters de Miami en el que el español, de 20 años, deja su carta de presentación: meritorio lo de alcanzar los cuartos de final de un Masters 1000, pero más relevante todavía las señales emitidas, que advierten de un joven con potencial, apetito y decidido a dar un nuevo rumbo a una evolución que parecía haberse enfriado. De eso nada. Tiene ahora a tiro el top-100. Después de ganar seis partidos en ocho días, el español, procedente de la fase previa, chocó finalmente con el checo, quien progresó entre sudores: 7-6(1) y 7-5, tras 2h 02m.
En realidad, el origen de este vuelo de Landaluce en Miami es rocambolesco, teniendo en cuenta que en el primer partido de la previa venció al estadounidense McKenzie McDonald, quien precisamente le había batido a él en un challenger de la República Dominicana la semana anterior.
Sin embargo, el español lo siente así: “El momento es ahora”. “Sé que las cosas llegarán, pero quiero que sea ya”. “Y esto me da la certeza de que puedo poner en dificultades a los mejores. Estoy contento por lo que he conseguido, pero aspiro a mucho más. Quiero seguir en esta línea”.
El madrileño —que contó con el apoyo de su hermana y su hermano en la grada, ambos también tenistas— cree que puede figurar con más frecuencia en estas rondas finales y destacó el nivel de Lehecka con el saque como elemento diferencial, además de su mayor experiencia.
El checo solo cedió siete puntos con primeros (85%), aunque le costó un mundo perforar el muro. Solo lo consiguió en el último juego. “Ha sido superduro, difícil de manejar”, describió; “nunca es fácil jugar contra alguien que no tiene nada que perder. Ha jugado de una forma increíble”.
Por otra parte, Aryna Sabalenka y Elena Rybakina confirmaron la segunda semifinal (no antes de las 1.30). La primera superó a Hailey Baptiste (doble 6-4) y la segunda a Jessica Pegula (2-6, 6-3 y 6-4). El otro cruce del jueves (no antes de las 20.00) lo protagonizarán Coco Gauff y Karolina Muchova.