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El fallecimiento, hace dos semanas, del historiador palestino Walid Khalidi, a la impresionante edad de 100 años, fue el final de una trayectoria intelectual dedicada a documentar la experiencia palestina y preservar su memoria histórica. Nacido en Jerusalén en 1925, en el seno de una destacada familia palestina de intelectuales, Khalidi fue testigo de la destrucción de su sociedad, primero a manos de la potencia mandataria británica, durante la Revuelta Árabe (1936-1939), y luego durante la Guerra de 1948, que dio paso a la Nakba palestina.
Hay una izquierda que dice combatir a los “poderosos”, pero que hace las delicias de los llamados fondos buitre mediante sus políticas. Es esa izquierda que dice que no hay que construir para que bajen los precios de la vivienda en España, pese a que cada vez más informes hablan de la relación entre escasez de oferta y subida de precios. Es la que ha hecho del intervencionismo en el mercado del alquiler prácticamente su única bandera. Son quienes afirman ir contra los especuladores, obviando que sus medidas también perjudican a familias humildes, que no pueden hoy permitirse alquilar ni comprarse un piso. Es esa izquierda que Irene Montero o Gabriel Rufián buscan reconstruir, pero, curiosamente, aún no han llegado a la conclusión de que su progresiva desaparición del tablero político también tiene que ver con el fracaso de sus relatos en materia de vivienda.
Es casi un milagro que hayamos llegado hasta aquí sin autodestruirnos. Pero aún estamos a tiempo. Hasta que irrumpieron en nuestras vidas los tres jinetes del caos —Putin, Trump y Netanyahu―, disfrutábamos de un orden mundial donde, más o menos, se respetaban las reglas de juego que pusimos en manos de organismos internacionales. Pero todo ha saltado por los aires. No podemos permitir que tres individuos irresponsables condicionen el destino de millones de personas. En el mundo hay más personas buenas e inteligentes que necias y malvadas. No pueden ganarnos. Para empezar a cambiar las cosas, llamémoslas por sus nombres y no seamos timoratos ni equidistantes como está siendo Europa con estos detestables personajes que están cometiendo crímenes de guerra, asesinatos de Estado o genocidio en el caso de Netanyahu. La tibieza con los malos deja de ser prudencia para convertirse en complicidad.
Manuel Vicent ha acompañado a varias generaciones de lectores desde las primeras páginas del diario. Este mes ha cumplido 90 años y desde EL PAÍS queremos celebrarlo con una selección de textos memorables del autor: desde los favoritos de los suscriptores hasta las crónicas de la Transición, los daguerrotipos o las entrevistas a grandes personalidades. Un recorrido para asomarse a una de las voces decisivas del periodismo español.










María Sánchez Rubio y Sara Campos Román
Ignacio Povedano
Alejandro Gallardo
Guiomar del Ser y Brenda Valverde
Inés Arcones
EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.

Es difícil ver a Pau Cubarsí con el rostro serio, mucho menos perder su habitual tranquilidad. Hasta que se enfrenta a la prensa. “No es que me ponga nervioso, pero me cuestan más las entrevistas que jugar con 80.000 personas mirándome”, explica. Como si saliera del pasado, al central del Barcelona y de la selección española le interesa el fútbol, no la fama. Sin tatuajes ni pendientes, asume su rol de referente, pero no olvida que nació hace 19 años en Estanyol, un pueblo de cerca de 200 habitantes en la provincia de Girona, donde sus padres regentan una carpintería familiar. Seguramente por su personalidad, también por su actitud, todos en Las Rozas y en Sant Joan Despí coinciden en que Cubarsí es un chico normal.

Fueron apenas nueve golpes. Un driver, dos maderas tres, un sandwedge, un chip y cuatro putts. Poco movimiento. Y no en un campo de golf real, sino en una combinación de un green físico y un simulador en una Liga virtual (TGL) en Florida. Pero suficiente, en cualquier caso, para afirmar que Tiger Woods volvió a jugar públicamente por primera vez desde que falló el corte en el Open Británico de 2024. Y para alimentar la gran pregunta que se hace el mundo del golf: ¿Jugará el próximo Masters de Augusta?