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Enrique Ortiz de Landazuri Izarduy, Enrique Bunbury (Zaragoza, 58 años), llega con un muy ligero retraso al hotel en el que se ha concertado la entrevista. Pide amplias disculpas. Ha venido a paso rápido. Abre un agua para refrescarse. Cuando se sienta, cuando uno observa su figura, su perfil, su modo de hablar y de moverse, y oye su famosa voz, comprende rápido: es un icono absoluto. Tiene nuevo álbum, De un siglo anterior.

Aunque a muchos pueda parecerles esto una herejía, el fútbol también está para reírse, como se pudo comprobar este mismo martes a cuenta de la delirante rueda de prensa ofrecida por Florentino Pérez. Hacía tiempo que las redes sociales no vivían un pico humorístico semejante, quizás desde los tiempos en que Dani Rovira presentó la gala de los Goya y media España se puso a tuitear como si todos llevásemos un cómico dentro. O, más recientemente, durante la famosa comparecencia de Luis Rubiales ante sus huestes federativas para explicar lo del “piquito” y su ya icónico “no voy a dimitir”. Aquello resultó tan descabellado, tan frenético, que hoy casi nadie recuerda a Leonardo di Caprio en El lobo de Wall Street diciendo exactamente lo mismo: que no se iba, aunque los dos terminarían saliendo por la puerta de atrás en cuanto vieron a la justicia asomar por la mirilla.
Aronimink Golf Club. A 20 kilómetros al noroeste de Filadelfia, estado de Pensilvania. En ese campo, par 70, 7.400 yardas, se disputa desde este jueves el Campeonato de la PGA, el segundo grande de la temporada y el primero desde que el fondo soberano de Arabia Saudí, el PIF, anunciara que cierra el grifo de los petrodólares y que dejará de financiar al circuito de LIV a partir del próximo año. El fin del maná (unos 5.300 millones de dólares invertidos desde 2022) llena de dudas el futuro de la Liga saudí, que busca “como locos” socios inversores para sobrevivir, y el de los jugadores que rompieron con el tour americano y que ahora llaman a las puertas que ellos mismos cerraron.
El vino rosado, la uva del tinto con el alma de blanco, ha vivido en las últimas décadas una metamorfosis sin precedentes. Aunque siga siendo en España el rosado joven el más consumido debido a su fresca frutosidad y bajo precio, se van imponiendo elaboraciones con vocación gastronómica que transcienda el tópico del “rosadito que va bien con todo”. Se busca competir en la mesa con los grandes tintos y blancos. Argumentos para ello no faltan. Porque, efectivamente, la gran virtud del rosado es su versatilidad. Su equilibrado perfil entre la frescura de un blanco y la estructura de un tinto lo convierten en un compañero ideal para una amplia gama de platos, donde se valora la armonía y el contraste. Y el rosado, con su paso por barrica de roble, aporta una sugestiva combinación de acidez y untuosidad, de fruta y especias.






Una amiga está molesta porque no diste me gusta a una foto de su último viaje, pero no has tenido ocasión de verla: Instagram priorizó mostrarte anuncios de comida. Al entrar en X, la cascada de mensajes “Para ti” la encabeza un usuario de pago lanzando una soflama nazi. Pinchas para denunciarlo, pero la moderación no actúa y, además, el nazi gana dinero con la interacción. Hubo un tiempo en que las redes fueron útiles para conectar a gente afín, coordinar iniciativas benéficas, reforzar amistades o forjar relaciones amorosas. En los últimos años, sin embargo, estos espacios se han vuelto más hostiles, no solo por unos discursos de odio contra los que sus responsables cada vez trabajan menos. Algo parece haberse roto en la funcionalidad de internet, entre el algoritmo errático de Facebook y las búsquedas de Google que, ahora, encabezan una IA dando datos inventados y enlaces de compras, mientras el resultado correcto se entierra al fondo.

Mientras los responsables del Ayuntamiento de Málaga estudian cómo abordar el fuerte crecimiento de los bloques de apartamentos turísticos en la ciudad, su Gerencia Municipal de Urbanismo sigue dando luz verde a nuevos complejos. El consejo de administración del organismo prevé dar cuenta este jueves de los cuatro nuevos proyectos que han obtenido licencia en el mes de abril, que suman un centenar de nuevos alojamientos. Entre ellos, uno que albergará 81 pisos ubicado en la barriada de Carretera de Cádiz, a la espalda de la estación de trenes de alta velocidad. Todos vienen a añadir más de 200 plazas a las cerca de 10.000 que hay ya en la capital malagueña, según los datos del Registro de Turismo de la Junta de Andalucía.


Yaël Eisenstat lleva más de dos décadas combatiendo el extremismo y la polarización en las redes sociales. La estadounidense ha sido diplomática, analista de la CIA y asesora del vicepresidente Joe Biden durante el segundo mandato de Barack Obama. También ha trabajado en el sector privado: fichó por Facebook en 2018 como directora de integridad global de elecciones, donde debía supervisar la política corporativa en torno a los anuncios políticos. Fue justo cuando estalló el escándalo de Cambridge Analytica, la consultora británica que usó datos de los perfiles de Facebook de 87 millones de estadounidenses para servirles publicidad electoral personalizada de Donald Trump en la campaña electoral de 2016. “Mark Zuckerberg [fundador y máximo responsable de Facebook] testificó por primera vez en el Senado en abril de 2018. La sesión duró cinco horas. Un minuto después de acabar, me hicieron la oferta final. Estaba muy claro por qué me querían”, recuerda.


Todo empezó en el Salone del Mobile hace 31 años. “La primera colección Ikea PS se presentó en Milán en 1995, con el concepto diseño democrático. Hemos analizado lo que se hizo entonces, una colección de estilo escandinavo moderno, experimental y vanguardista, y le hemos pedido a los diseñadores que crearan algo sencillo pero no aburrido”, sintetizaba Maria O’Brian, Creative Leader de Ikea Suecia, en el Spazio Maiocchi de Milán, una antigua nave industrial en la que se fabricaban trenes donde la firma sueca se instaló este año para presentar un avance de la décima colección PS, que acaba de salir a la venta. “En ella siempre hay una mezcla de diseñadores más y menos conocidos, internos y externos a la casa, es una forma de mostrar que todo el mundo puede crear objetos increíbles”, añadía. Lex Pott es uno de esos nombres conocidos que han formado parte de ella. Se formó en la prestigiosa Academia de Diseño de Eindhoven, en 2009 fundó su propio estudio en Róterdam y hace una década era para The New York Times uno de los rostros del auge del diseño de mobiliario neerlandés. “Me gradué hace 17 años pero ahora por fin mi madre sabe lo que hago, porque estoy en Ikea”, decía entre risas al presentar su creación.
Please Don’t Be es una de las performances en las que el artista francés Ndayé Kouagou (Montreuil,1972) utiliza el lenguaje como herramienta para estructurar la experiencia del espectador, integrando a los asistentes en una dinámica colectiva marcada por el humor, la duda y el desconcierto. “Si te sientes alguien extraordinario, ponte en este lado de la sala”, proponía a los asistentes. Cuando después preguntaba: “¿Estáis seguros?”, los participantes cambiaban de lugar entre risas y la indecisión, revelando hasta qué punto el lenguaje puede condicionar la percepción de uno mismo.
En los dos primeros bloques de estos fieramente vivos Cuentos completos, ‘Veladas en el caserío cerca de Dikanka’ y ‘Mírgorod’, ambientados en unas aldeas desperdigadas en la estepa ucrania, brujas, demonios, hadas y espíritus malignos se mezclan como si fueran una sola cosa —un percance pintoresco, una carnavalada hiperbólica— con descuidados labriegos, vivaces herreros y robustos cosacos, pero en ningún momento lo fantástico abole la terrible permanencia del orden fundamental de la existencia humana. En el bloque siguiente, ya en el Petersburgo imperial, la fastuosa y prolija ceremonia burocrática cobija la vacuidad de unos humillados funcionarios ofendidos por no ascender raudamente en los escalafones del invisible poder estatal y, como si se tratara de un fantasmagórico castigo a su ambición, uno de ellos extravía su nariz y pone un anuncio en la prensa para recuperarla, a otro unos maleantes le roban el abrigo nuevo en el que ha invertido todos los ahorros, y un tercero enloquece y se cree rey de España: las tres pérdidas —de la razón, del abrigo, de la nariz— evidencian la falta de referentes en que se sostienen las secuencias de hábitos que tendemos a llamar vida. Es la actualidad imperecedera de Nikolái Gógol (1809-1852): ante la desaparición de unas propiedades que los identifican, sus personajes son avasallados por un íntimo sentimiento de naufragio que aún hoy consideramos un síntoma inequívoco de nuestro tiempo.
