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Dos días antes de celebrarse la Copa del Rey de hockey patines, en Sant Sadurní d’Anoia rezuma la calma, solo trastocada por las animadas conversaciones en los bares, ahora que ya hay colgado algún cartel por el pueblo que anuncia el evento. Saben los lugareños que desde este jueves hasta el domingo las calles serán una fiesta, todas las aficiones hermanadas hasta que la bola empiece a rodar. Un festejo que, sin embargo, en la casa de los Aragonés no se celebra todavía, ya que Jordi y Rosa no quieren que haya un perdedor, al menos en el primer envite del torneo, donde se enfrenta el Noia con el Barcelona. Resulta que sus hijos Xavi y Sergi juegan a cada lado de la pista, uno de rojo y el otro de azulgrana. “El Barça es mucho Barça, pero el año pasado ya les ganamos y sabemos que podemos volver a hacerlo”, reflexiona Xavi, con una sonrisa picarona; “pero tampoco me cebé mucho porque él me ha ganado muchas veces y no hizo sangre”. Replica Sergi: “Esta vez no vas a ganar. Llevamos ya un tiempo concentrados y pensando en este encuentro porque no queremos que se repita la historia”. Ambos están sentados alrededor de la mesa familiar y ya han acordado que esta conversación con EL PAÍS será la última sobre el tema hasta que no acabe el duelo, que ahora es momento de distanciarse para pensar hacia dentro.


En la vida de Miguel Campins (Alcoy, 18 de marzo de 1880-Sevilla, 16 de agosto de 1936) se entrevera una buena parte de la historia de España que sucede en las primeras décadas del siglo XX. “En esa época Campins está en todas partes”, dice Lorenzo Silva (Madrid, 59 años), “son los años en los que se gesta la Guerra Civil con los mimbres de la Guerra de África”. De eso trata su nuevo libro, Con nadie. Vida y destino del general Campins (Destino), donde novela la peripecia vital del militar.

Que Ted Sarandos fuese objeto de las bromas de Conan O’Brien durante los Oscar refleja el impacto cultural de su plataforma. Fue hilarante el gag que versionaba Casablanca para los que ven películas mirando el móvil, aunque asusta más que la tía Gladys. Auguran que Netflix acabará con el cine; lo curioso es que cuando nació se decía que llegaba para salvar la televisión. En sus inicios, antes de que se dedicase a producir telefilmes de sobremesa de ocho capítulos (a favor de los telefilmes, pero si duran noventa minutos), nos ofreció series deslumbrantes como House of Cards y Orange Is the New Black. La primera era pura sofisticación y algunos se creyeron que la política era así: un ballet de asesores intrigantes y gobernantes taimados que siempre van dos pasos por delante, ¡ja! También se creían que era como Borgen, ¡ja ja! La segunda reflejaba las consecuencias de la política.
En 1955, un joven de 17 años publicó un libro que incomodó a todo un país, Wij Zijn 17 (Tenemos 17). Su autor, el holandés Johan van der Keuken, a punto de terminar sus estudios en el Liceo Montessori de Ámsterdam, retrataba a su entorno más cercano a sus amigos, de entre 14 y 17 años. No había risas, ni juegos, ni promesas de un futuro luminoso, fumaban sin parar. Aquellos adolescentes no eran réplicas de generaciones anteriores. Reflejaban una actitud que contravenía el relato dominante que se esperaba de la juventud de una nación. Lo que escandalizó no fue solo la mirada del autor, sino el hecho de que por una vez, no estaban siendo representados desde fuera.
Sostiene Björn Vedder, autor del ensayo Rosa, que ver los colores es interpretar el mundo. Así, el filósofo alemán ofrece argumentos sobre la enorme vitalidad de un color a veces subestimado y se sirve de él para hacer un repaso de historia cultural. Sus más de 129 tonos documentados y sus ejemplos —desde Madame Pompadour hasta Barbie, pasando por las nubes protectoras de autores como Boris Vian— ofrecen un recuento de cómo el rosa ha sido abordado, rechazado y resignificado a través de los siglos, desde sus primeras apariciones simbólicas hasta su presencia casi omnipresente en la cultura visual contemporánea, con el rosa en las bicicletas, en los aviones, en los juguetes, en los muebles, en las bebidas o en los macarons de las pastelerías.

¿Qué pizca de soberanía nacional para Cataluña puede ganar Esquerra Republicana (ERC) en la negociación con el gobierno de Salvador Illa de los presupuestos de la Generalitat para 2027? En la respuesta que se dé a esta pregunta radica la solución al último embrollo político catalán. O al menos así lo aseguró este miércoles el portavoz de ERC en el Parlament, Josep Maria Jové. [Los republicanos] “queremos unos presupuestos para seguir avanzando en soberanía”, dijo textualmente. Eso dijo: soberanía.
El pasado 28 de febrero cayó el fragmento de un dron iraní en el Palm Jumeirah, la isla artificial con forma de palmera gigante que tienen en Dubái. Y esto es tan narrativamente coherente que parece escrito por un escritor de ciencia ficción de los años setenta.
El hijo mayor de Juan (nombre ficticio), empezó a consumir cannabis con apenas 15 años. Con 17 inició su peregrinaje por unidades de conductas adictivas. A sus 22 años, ha sido atendido en numerosas ocasiones en la unidad de psiquiatría de su hospital de referencia por trastorno bipolar, patología dual e intentos de suicidio, y en la actualidad se encuentra ingresado nuevamente en estado grave. “Mirando hacia atrás, posiblemente nuestro hijo fue un TDHA [Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad] de libro, pero los colegios no estaban ni están preparados para detectarlo, así que posiblemente su recorrido ha sido TDHA, bullying, adicción al cannabis, bipolaridad”, explica.

A lo largo de unos 800 kilómetros de litoral abrupto en Escocia, se recorren playas vírgenes, montañas y castillos antiguos siguiendo la North Coast 500 (NC500), una original carretera que parece hecha para perderse. Sin el componente religioso que tienen otras rutas legendarias europeas (como el Camino de Santiago), aquí prima la naturaleza. Caminamos (o conducimos) entre pueblos donde el tiempo se mueve despacio, castillos en ruinas, playas vacías y lagos infinitos. La North Coast se puede hacer al completo o por tramos, pero, en cualquier caso, es una ruta para descubrir la belleza salvaje de las Highlands septentrionales. Desde el descenso por los Braes de Berriedale, similar a una montaña rusa, hasta las terroríficas curvas cerradas del Bealach na Bà, el trayecto resulta inolvidable. Y siempre con una sensación de libertad increíble.
Más información en la nueva guía North Coast 500 de Lonely Planet y en la web lonelyplanet.es.
Hay muchas fórmulas para democratizar ese privilegio que supone tener un jardín en casa: la naturalización de patios de luces y azoteas, los huertos de balcón o los llamados jardines de bolsillo que cubren de verdor medianeras, terrazas-pasillo, alféizares, callejones entre edificios y otros espacios diminutos donde, en principio, cuesta imaginar vida verde.