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Algunas de las cosas que pasan no se explican con complicadas teorías ni grandes premisas. No hace falta rebuscar en tratados internacionales ni darle demasiadas vueltas, porque esas cosas son de una desnudez que asusta. Se entienden a pesar de los voceros que dicen que nosotros no podemos comprenderlas, que no las comprenderemos jamás. Pero nosotros las sabemos: claro que las sabemos.

Antes de que rodase Sirat y de que su pelo largo y sus posados en las alfombras rojas se hiciesen memes, comí torreznos con Oliver Laxe en una tasca del Collado de Soria. Digo bien: comí yo los torreznos, pues Laxe es (o lo era entonces) vegetariano. Participábamos en un coloquio sobre su película anterior, O que arde, y mientras se proyectaba, los anfitriones nos llevaron a picar algo. Me pareció que el cineasta miraba mi plato con cierta envidia, casi rendido a la seducción del frito.
“#FelipeVI”, “#Borbón” y “#FelpudoVI” escalaron este martes a la lista de temas más comentados en X a propósito de las recientes declaraciones del Monarca sobre “los abusos” cometidos por España en la conquista de América. En una conversación pretendidamente informal, pero ante las cámaras de la Casa del Rey, y previa consulta al Gobierno, el jefe del Estado se refirió ante el embajador mexicano en la visita a una exposición excluida de su agenda pública a las “controversias morales y éticas” de los métodos empleados por los conquistadores españoles. El comentario dura apenas dos minutos, pero las redes sociales se lanzaron rápidamente a posicionarse absolutamente a favor o absolutamente en contra.
El auge de la extrema derecha en España es un fenómeno relativamente nuevo en nuestra historia democrática y todavía estamos en busca de explicaciones. ¿Qué es lo que lleva a los votantes a preferir opciones ultraconservadoras o reaccionarias? Las explicaciones se dividen entre las condiciones materiales y las cuestiones identitarias.
Su cara ocupa media pantalla. Elisa Mouliaá entra por videollamada a los programas desde un café. Se enzarza con un tertuliano desde el pasillo de su casa. Critica a quienes se lucran con su dolor y, un segundo después, dice que merece cobrar por su testimonio. Mouliaá resiste el envite de un juez que llega a cuestionarle cuánto tiempo estuvo el acusado “chupándole las tetas”. Se rompe a las puertas de un juzgado. Y un buen día, cuando ya no puede más, reconoce, se retira de un proceso por agresión sexual contra el exlíder de Podemos Íñigo Errejón. Después, cuando se da cuenta de que la Fiscalía no lo va a acusar y de que está aún más sola, vuelve a la carga. “Seguiré hasta el final”, anuncia en una entrevista a este periódico en el que enfrenta todas las contradicciones a las que ha estado sometida este año.
Las encuestas cumplieron su función en Castilla y León: el resultado fue lo que decían que era probable, una victoria del Partido Popular sin mayoría absoluta. Los sondeos tuvieron una precisión normal. Cometieron un error por partido de 1,7 puntos, un poco mejor de los 2 puntos que son su acierto histórico en España. Nuestro promedio redujo ese error a 1,6 puntos y las mejores estimaciones fueron las de Sigma Dos (0,8) y GAD3 (1,1).

Durante la última semana, Àngels Barceló ha pasado de contar la guerra en Oriente Próximo desde Israel a trasladarse a Valladolid para cubrir la más reciente jornada del ciclo electoral español. Si tiene que elegir entre ambas experiencias, opta por las dos. Barceló lo quiere todo. Y con más ímpetu si cabe, todo lo que pasa fuera del estudio. Barcelonesa de 62 años, lidera el podio radiofónico español en su horario de máxima audiencia al frente de las mañanas del programa Hoy por hoy que emite la cadena SER (cadena del Grupo Prisa, editor de EL PAÍS). La tercera ola del Estudio General de Medios (EGM) otorgó a finales del año pasado su mejor resultado histórico. Suma una audiencia de 3.405.000 oyentes y supera en casi 900.000 al segundo competidor, Herrera en Cope; y en 1.600.000 a Carlos Alsina, tercero en liza con su Más de uno en Onda Cero.


En el reverso de una postal que preguntaba “¿Cuál es tu sueño?“, Ana Torroja (Madrid, 66 años) escribió, en los tiempos de Mecano: ”Hacer un disco compuesto enteramente por mí“. Lo ha cumplido cuatro décadas después y el trabajo, que sale a la luz el próximo viernes, se titula Se ha acabado el show porque antes de que llegara la inspiración para escribir esas diez canciones en colaboración con autores españoles y mexicanos, pensó que quizá había llegado el momento de retirarse.



La impresión inicial al visitar la exposición de Olafur Eliasson (Copenhague, 59 años) en la galería Elvira González, la quinta que protagoniza en este espacio madrileño, es la de encontrarse frente a una propuesta notablemente distinta a lo que se esperaría del reconocido artista y, al mismo tiempo, perfectamente identificable. Algo así como aterrizar en medio de una estancia nunca vista, pero atravesada por un aroma ya sentido. “Es una muestra muy diferente a la mayoría de las que hago”, concede el propio Eliasson, tras viajar a Madrid para la inauguración de la muestra a principios de marzo, en una charla con EL PAÍS en el sofá de la oficina de la galería. “Pero lo cierto es que siempre he hecho obras sobre papel, y dibujo literalmente casi cada día desde que era adolescente”.


Yulimar Rojas, que ya ha cumplido 30 años, es una diosa joven que salta y que vuela por encima de las dificultades y los problemas, y afirma, feroz: “Soy puro fuego”.