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Hace años que los empresarios españoles se quejan de que no encuentran mano de obra suficiente, que pese a la elevada tasa de paro, en muchas ocasiones no consiguen personas dispuestas a trabajar. Tras escuchar esas protestas, el Gobierno accedió en 2023 a la histórica petición patronal de ampliar el catálogo de ocupaciones de difícil cobertura, la lista de oficios que permite a las empresas reclutar en el extranjero. Son profesiones en las que se concluye que no hay mano de obra suficiente y por ello el Ejecutivo autoriza contratar en origen. Una de ellas es la construcción, pero el resultado ha sido escaso: el año pasado apenas se alcanzaron 1.500 contrataciones en el sector por esta vía. La patronal dice que apenas se recurre a ella porque es “muy lenta” y exige “mucha burocracia”, mientras que los sindicatos echan en cara a los empresarios que no la utilicen tras tanto insistir en ella. De fondo, está la pelea en el seno del Gobierno al respecto, con visiones enfrentadas de la ministra de Seguridad Social, Elma Saiz, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.
En la garita del control de llegadas del aeropuerto de Ereván, capital de Armenia, el policía examina con cuidado la documentación. La aprueba y planta el sello en el pasaporte del recién llegado. En ese sello ya no está el monte Ararat, la montaña que tanto significa en la historia del pequeño país del sur del Cáucaso. Hace menos de un año aparecía. Lo eliminó hace unos meses el Gobierno del primer ministro, Nikol Pashinián, el mismo que siempre luce un pin bien visible en su solapa con el contorno geográfico del país sin incluir Nagorno Karabaj, el enclave por el que ha habido tres guerras con Azerbaiyán desde que cayó la Unión Soviética en 1991.
Parece que fue hace un siglo cuando Pedro Sánchez quiso iniciar su mandato presidencial con la acogida a un barco cargado de náufragos. El resto de países, con la Italia de Salvini entonces a la cabeza del giro autoritario, se negaban a aceptar el desembarco del Aquarius con sus emigrantes extenuados y hambrientos. El Gobierno español se marcó un guiño de humanidad. En un mundo cargado de gestos brutales contra los pobres y desfavorecidos cabe aplaudir cada guiño de humanidad porque nos va el prestigio de especie en ello. Esta última semana fue noticia otro barco marcado por el desprecio generalizado. El MV Hondius rozaba Cabo Verde cuando se desató la alarma por el contagio de hantavirus entre su pasaje. El pánico condujo de nuevo a una precipitada reacción de desprecio por los valores humanos. En lugar de idear la fórmula más razonable para rescatar a los pasajeros comenzó una carrera desalmada por quitárselos de encima. Daba un poco de pena oír, como si eso fuera lo capital, que entre los atrapados en el barco había 14 de nacionalidad española. La acogida del Gobierno nos salvó de entregarnos a la profunda debacle moral. Ya Groucho Marx preguntó hace un siglo: ¿que si somos personas o roedores? Tire un trozo de queso al suelo y se lo demostraremos.
Un bizcocho de más de 100 años, perteneciente a la expedición del capitán Robert Falcon Scott, fue hallado en 2017 en la Antártida en excelente estado. Tuvieron que morir el propio Scott, Evans, Wilson, Bowers y Oates para que nos enterásemos de que el budín es comida de supervivencia. La sintonía podría ser Héroes de la Antártida, de Mecano, pero también Con las manos en la masa, de Vainica Doble. Las catástrofes no avisan; por eso nos pillan sucumbiendo a vicios inconfesables. Tuvieron que morir 14,9 millones de personas para que viésemos que los andamiajes de nuestra economía los sostienen las personas peor pagadas y que, llegado el colapso, lo único que nos preocupa es tener un arsenal de cerveza y papel para limpiarnos el trasero. Han tenido que fallecer dos personas entradas en años a causa de un virus despiadado para que el vulgo se entere de que existen “buques de expedición” a los que se suben turistas con muchísima pasta que pagan para que les hagan sentir que son biólogos (sin renunciar a menús con langosta y buenos postres). Los pingüinos no dan crédito cuando les ven llegar. El ya célebre MV Hondius era este tipo de embarcación. En lugar de una piscina con animadores bailando Georgie Dann, tiene una sala de conferencias científicas que se imparten en varios idiomas. Lo que nos lleva a descubrir un nuevo oficio: conferenciante de crucero. Los dos muertos por hantavirus eran un hombre y una mujer casados. Primero falleció él. Le metieron en una nevera quince días. En ese tiempo, su mujer estuvo recluida en su camarote hecha polvo, pero como la ciencia solo era una coartada para ver la Antártida, los expedicionarios no se alarmaron: “La señora estaba tan afectada que pensamos en la idea romántica de se murió de pena”, dijo uno. Lo que me lleva a recordar las palabras de otro: “Esto, para la gente que tiene cierta sensibilidad con los animales, es el mejor viaje posible, te permite ver un mundo sin humanos”. Ni personas.
El fuerte crecimiento de la población en los últimos años y el éxito de España como destino turístico han permitido a la economía española mantener un crecimiento notablemente superior al de los países de su entorno en años difíciles. Ese flujo ha sostenido el consumo, ha ampliado la fuerza laboral y ha hecho posible que el empleo alcance un récord de 22 millones de ocupados. Pero esa misma presión demográfica, que bordea los 50 millones de residentes y los 100 millones de turistas, ha tensionado el mercado de la vivienda, los servicios públicos y las infraestructuras, porque su desarrollo no ha ido acompasado a la nueva realidad española. No se han reforzado los cimientos del país y en algunos puntos amenaza colapso bajo el peso de la demografía.
La muerte el pasado viernes de dos agentes de la Guardia Civil en la costa onubense cuando perseguían una narcolancha es un trágico recordatorio, en plena campaña electoral, de uno de los principales problemas de Andalucía: la expansión del crimen organizado por todo su litoral, con Huelva como punto más débil. El aplastante poder del narcotráfico en la economía y la sociedad de una de las zonas más castigadas de España pone en jaque la seguridad del Estado y condiciona el futuro de amplias zonas de la comunidad autónoma.

Quien probablemente constituyera la figura más representativa de lo que se denominó la “nueva política” fue quien primero lanzó una “alerta antifascista” el 2 de diciembre de 2018, tras conocerse la irrupción de Vox en el Parlamento andaluz. Luego, él mismo, formando ya parte del Gobierno central, corrigió en sede parlamentaria en 2020 su propia alerta, al espetarle al líder de la oposición que a la suma de escaños de PP, Vox y, por aquel entonces, Ciudadanos nunca le alcanzaría para ganar una investidura. Hoy, el que emitiera tan contradictorios mensajes regenta una taberna, mientras que sus hijos políticos, solo un poco descarriados de la senda del padre, andan organizando la enésima refundación de la izquierda-a-la-izquierda-de-la-izquierda, por transcribirlo con la grafía heideggeriana. Como pequeña muestra de los tumbos que anda dando ese sector político en nuestro país no está nada mal. Aunque lo peor tal vez sea que fue a sus brazos a los que decidió arrojarse la otra izquierda, la oficial y mayoritaria, hace ya más de un lustro. Brazos de los que, por lo visto, no parece dispuesta a distanciarse ni lo más mínimo ni bajo ningún concepto, haga lo que haga y diga lo que diga dicho sector.
Pocos viajes a China han llegado tan cargados de expectativas —y de incertidumbre— como el que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emprende este jueves a Pekín. La última vez que ambos mandatarios se vieron las caras fue en Busán, Corea del Sur, en octubre pasado, en los márgenes de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. Aquella reunión, que los dos presentaron como un éxito, fue en realidad un ejercicio de aplazamiento mutuo. Ambas partes compraron tiempo. Trump, para intentar construir una cadena de producción autónoma de tierras raras, ese conjunto de minerales críticos sobre cuyo suministro mundial China ejerce un control prácticamente absoluto y cuya interrupción podría paralizar sectores enteros de la economía americana, incluida su capacidad militar. A cambio, Pekín obtuvo algo muy concreto: el levantamiento parcial de los controles a la exportación sobre determinados semiconductores avanzados, en especial los procesadores de alto rendimiento para inteligencia artificial —los llamados GPUs—, que China necesita para no quedarse en la carrera por el dominio de la inteligencia artificial. La cumbre de Busán ya delineó que, aunque Trump empezó su presidencia lanzando todo su arsenal arancelario contra China, no podía mantener el enfrentamiento en los mismos términos. De modo que el acuerdo de Busán fue táctico, y no estratégico, postergando los problemas sin resolverlos. En aquel encuentro, el mayor escollo, el futuro de Taiwán, quedó aparcado y China logró arrancar el compromiso de que la siguiente cumbre sería —y pronto— en Pekín.

Empieza la semana grande de la literatura gallega. Es tiempo de lecturas, recitales, festivales infantiles, encuentros literarios… En los colegios e institutos, se organizan todo tipo de actividades. Ya sólo por este bullir creativo merece la pena. Resulta hermoso ver a una sociedad volcada celebrando su lengua, reivindicando el gallego como idioma vivo y creador, transmisor de historias y relaciones de afecto, recuperando universos literarios y acercando la riqueza de un patrimonio común.