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Ya han pasado cuatro jornadas desde que se activaron las mejores ofertas de primavera que Amazon lleva poniendo en marcha por estas fechas desde hace años. Un evento así implica estar muy atento a las últimas actualizaciones de precios, sobre todo en productos superventas, y a la gran cantidad de artículos que llevamos publicados en EL PAÍS Escaparate. Tanto es así, que te invitamos a descubrir los 20 chollos más vendidos hasta ahora que más han seducido a la audiencia de la sección. Algunos de ellos presentan hasta un 55% de rebaja y la inmensa mayoría de ellos también destacan por sus buenas valoraciones.




















Rousseau eligió el lago Lemán, en Suiza, para contar en uno de sus libros que su sociedad ideal era Esparta: pequeña, severa, autosuficiente, patriótica e insolentemente no cosmopolita y no comercial. Mary Shelley se encerró en una villa junto a ese lago para idear en una noche mítica Frankenstein, sobre las consecuencias de la falta de límites en la ciencia. Nabokov pasaba largas temporadas en un hotelito en esta zona, discreto y elegante, y aquí escribió Ada o el ardor, deslumbrante novela sobre la pasión. A orillas del Lemán está también la sede de la Organización Mundial de Comercio (OMC), una de las instituciones multilaterales más castigadas por una sacudida del orden global que es una mezcla de Rousseau, Shelley y Nabokov: un mundo en el que crece el populismo ultra y prima la ley de la selva, en el que tecnologías como la inteligencia artificial son tanto una oportunidad como una amenaza, y en el que las pasiones neoimperialistas de Estados Unidos son capaces de empezar una guerra que envuelve en una espesa niebla de incertidumbre los escenarios de futuro. La nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala (Ogwashi-Ukwu, 71 años), directora general de la OMC, recibe en Ginebra a EL PAÍS y otros diarios europeos agrupados en la alianza LENA, y hace un repaso por esta era que ella prefiere denominar “de la disrupción” más que del desorden. En casi una hora de conversación, Okonjo-Iweala se las ingenia para no pronunciar la palabra “Trump” en una habitación bañada por una luz afónica, con las montañas suizas aún nevadas y el famoso lago tras los ventanales.
La polémica se mueve en los salones exclusivos de Madrid. Estos días, en los móviles de algunas de las personalidades latinas más ricas e influyentes de Madrid, los mensajes van y vienen. Cunden la sorpresa y la indignación. El motivo no es otro que unas polémicas palabras pronunciadas por Iñigo Onieva, marido de Tamara Falcó. Recogidas por el periódico El Mundo con motivo de la apertura del club privado Vega, viene a decir que su espacio, supuesto refugio del aristócrata español de toda la vida, “no queremos que se convierta en el club de los latinoamericanos”. Es decir, Onieva prefiere que no haya tantos latinos en su club.
Todo está listo para lanzar la primera misión tripulada a la Luna en 50 años el próximo 1 de abril, según anunció la NASA este jueves. Para aquellos que pudieron seguir la aventura de los primeros vuelos hacia el satélite de la Tierra, es imposible evitar comparaciones entre Apolo 8, la primera expedición que orbitó la Luna, en 1968, y la inminente Artemis 2. Con casi seis décadas de distancia, se repiten los preparativos para un asalto lunar, pero las circunstancias geopolíticas son muy distintas. Hoy la competencia rusa es inexistente (la china es otro asunto) y la sensación de “carrera espacial” ha desaparecido. Y con ella, la épica pionera que caracterizó al Apolo 8.
Me muestran en internet la intervención de Kevin Spacey en la Universidad de Oxford contándole a un grupo de estudiantes, con la expresividad y el estilo que identifican a los grandes intérpretes especializados en Shakespeare, cómo los estudios de cine y el circo mediático arruinaron definitivamente su carrera y su vida, aunque hubiera sido declarado inocente por los jueces tras la denuncia por acoso sexual que le puso un señor. Y también recuerda la tragedia de Fatty Arbuckle, el actor mejor pagado del cine mudo, al que el veredicto de los jueces declaró inocente de lo que había sido acusado. Ya daba igual. Te borrarán del mapa si creen que tu presencia y tu trabajo podría perjudicar a su gran negocio. Eso ocurre en Hollywood y en la Conchinchina.

La crisis de acceso a la vivienda se intensifica, creando dificultades para buena parte de la ciudadanía, particularmente para los jóvenes y los hogares más vulnerables. Se trata de uno de los grandes desafíos del momento actual, y por ello EL PAÍS lleva años siguiéndolo de cerca, con una cobertura que mezcla mirada local con global, y que involucra a numerosos periodistas para tratar de ofrecer una visión lo más completa posible sobre la materia. Siguiendo ese compromiso, el periódico ha rediseñado su espacio dedicado a la vivienda. El objetivo es que los lectores puedan encontrar más fácilmente las informaciones y que tengan un punto de referencia donde hallar las claves para comprender la situación. También para encontrar respuestas a sus inquietudes de todo tipo. En esa línea, EL PAÍS lanza un consultorio sobre vivienda en colaboración con Legálitas.
La nutrición está de moda. Más que nunca, en la calle se habla de superalimentos, de real food, de dietas detox o de ayuno intermitente. La cultura del bienestar gana terreno y, aunque eso a priori puede ser favorable en términos de salud, la avalancha de información (y desinformación) nutricional que circula por las redes, con modas efímeras, gurús virales y dietas imposibles, corre el riesgo de distorsionar (y simplificar) la evidencia científica sobre una verdadera alimentación saludable.
“No me acuerdo de cuándo fue la primera vez, sería en tercero o cuarto de primaria”, dice Lucía, de Cádiz y de 17 años, sobre su primer acceso a contenido pornográfico. “Hace muchísimos años que nos enteramos, a mí me mandarían un sticker o algo así”, dice Carolina, también de 17 años y de Cádiz. Ambas recuerdan un momento que no les ha quedado grabado, pero que con toda probabilidad fue en la pantalla de un móvil, propio o ajeno, y en una app de mensajería.