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De camino a casa. Es domingo 8 de marzo. Día de la Mujer. Salgo dos horas tarde de trabajar y estoy agotada. Ya es de noche, y no me agrada caminar por la calle. Decido llamar a un taxi. Me monto en el vehículo. El conductor, de unos 70 años, me saluda llamándome guapa y añade que si se lo pido “así”, entonces me llevará al destino que le indico. Lo ignoro. Le muestro mi desagrado con mi silencio y mi cara. Me pregunta por cuál de los caminos (hay dos) quiero ir. Le digo que no sé cuál es mejor. Que decida él. Me dice que me llevará por el que considera que es más corto. Comenta que en caso de que tenga alguna duda, podemos quedar para tomar algo y lo discutimos. Nuevamente, silencio. La palabra “guapa” se repite varias veces durante el trayecto. Yo solo quiero llegar a casa. Durante el viaje empiezo a pensar en la ironía de que un día como este y a pesar de que haya quien lo cuestione, una vez más, se reafirme la necesidad. “Vete a dormir y no te vayas de fiesta”. Y así concluye mi 8-M.

Un mechón de cabello, 10 uñas cortadas, una foto del rostro tomada cada seis meses, una prenda de ropa usada todo el día, fotografías de los dientes... Estos son algunos de los elementos que componen el llamado kit forense, una herramienta para documentar los rasgos biológicos personales. Se meten en una bolsa y se cierra con la esperanza de que nunca tenga que ser utilizado. Si se necesita, es para ayudar a encontrar a quien lo preparó porque ha desaparecido. La persona o su cadáver.
En una de las escenas más icónicas del cine español, de la película Amanece que no es poco (1989), alguien grita: “¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!”. Hace más de 30 años, en un pequeño despacho de la Universidad Politécnica de Cataluña, dos estudiantes de doctorado —uno apasionado de la biología, el otro de la física— comenzaron a intercambiar problemas para atraer al otro a su terreno. Uno de esos problemas decía que si la vida en la Tierra hubiera seguido su curso inicial, hoy no habría humanos, ni animales, ni plantas, ni cualquier forma de vida compleja; solo microbios. En ese problema no todo podía ser contingente; tenía que haber un paso necesario que, sin embargo, nadie había conseguido definir.


Menuda fiesta los 18 años. Al fin se puede votar, firmar un contrato, conducir un coche o reservar un tren. Hasta el Gobierno lo celebra: desde 2022 concede a cada cumpleañero 400 euros para gastar en obras, actividades y suscripciones del sector artístico. Aunque el denominado Bono Cultural Joven también viene con deberes: hay que solicitarlo y resolver la tramitación, una gestión no siempre al alcance de todos, como cuentan los datos desglosados a los que ha tenido acceso EL PAÍS a través de una petición al Ministerio de Cultura. Una vez concedido, además, toca decidir en qué emplearlo, y hacerlo según las reglas. El usuario que las infrinja tendrá que reintegrar los fondos. Y las empresas pueden afrontar una suspensión temporal, como ha sucedido estas últimas semanas con MediaMarkt, Discocil y Weezevent. O incluso peor, como la discoteca madrileña Jowke. En un vídeo que se ha viralizado en los últimos días, el dueño de este local mostraba cómo comprar una copa con el bono. Se ha convertido, así, en la primera empresa expulsada del programa.
Galicia, 1988. Un inspector de Educación escucha a un maestro rural maravillado por el talento matemático de una de sus alumnas. El profesor cree que hay que apoyar a aquella brillante niña de 10 años. Su interlocutor le pregunta dónde vive la cría. Tras saber que es vecina de Artes, una pequeña parroquia del municipio marinero de Ribeira (A Coruña), el funcionario dicta sentencia: “Con que sepa las cuatro reglas es suficiente”. La escolar se llamaba Rosa Crujeiras Casais y acaba de ser elegida rectora de la Universidad de Santiago (USC) porque su familia y el maestro ignoraron el veredicto.
El parque del Retiro es muchas cosas. Es el pulmón verde del centro de Madrid, es uno de los puntos más turísticos de la capital ―unas 50.000 personas lo visitan a diario― es escenario de eventos multitudinarios, como la Feria del Libro, es un oasis de biodiversidad y es un respiro en los tórridos días de verano. Cuidarlo y protegerlo, por tanto, requiere mimo y políticas específicas. En 2025, el Ayuntamiento presentó para ello un plan director, una especie de hoja de ruta a aplicar en la próxima década. Este documento requiere el visto bueno de la Unesco, porque El Retiro fue declarado Patrimonio Mundial en 2021. Un duro informe de un órgano asesor de la entidad internacional, del pasado noviembre y al que ha tenido acceso EL PAÍS, critica que el programa municipal es incompleto y exigen al Consistorio revisarlo porque no aborda la masificación turística, no han contado con los ciudadanos en el proceso, se habla de edificios, monumentos o estanques de forma “bastante marginal”, y se han llevado a cabo restauraciones “altamente problemáticas”, entre otras faltas de calado.

La regulación de los precios del alquiler cumple este lunes dos años de aplicación habiendo alcanzado por ahora su objetivo principal: frenar la subida descontrolada de los arrendamientos en Cataluña. Los datos de Generalitat, obtenidos a través de las fianzas depositadas por los caseros en el Incasòl, muestran que los precios de los pisos ubicados en las zonas en las que se han impuesto topes han aumentado un 0,8% durante la vigencia de esa norma, por debajo de la inflación. Sin embargo, la medida no ha estado exenta de efectos secundarios. El sector advierte de que hay menos oferta nueva de vivienda en alquiler y de una desviación de muchos pisos a otras finalidades, como el alquiler de temporada o la venta.

David Moragas (Almoster, Tarragona, 33 años) no se conforma con la imagen de la homosexualidad que ofrece la ficción actual. Su segunda película, Un altre home, se adentra en una Barcelona gentrificada a través de varios personajes gais anclados en lo real. Se acaba de estrenar en el Festival de Málaga y esta semana inaugura el D’A de Barcelona, antes de llegar a los cines el 26 de marzo. También ha publicado Fervor (Letras de Plata en castellano, La Magrana en catalán), una novela que arranca con un flechazo en una charla de Eva Illouz en el CCCB y recorre las formas del amor gay en la Barcelona de hoy. Nos recibe en su casa, cerca de la Sagrada Familia, donde acaba de instalarse con su novio.
