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Si dejáramos hablar solo al dinero, no habría discusión: en estrictos términos pecuniarios, las semanas de la moda son, como el turismo, un gran invento. El impacto en las economías de las ciudades por donde pasa el gran espectáculo (digan circo, si prefieren) de la industria del vestir cada seis meses avala por sí mismo un sistema centenario de probada resiliencia ante cualquier vicisitud, ya sea la inestabilidad geopolítica, la desaceleración del consumo, los vaivenes de los mercados e incluso las crisis sanitarias. Ahí están los 400 millones de euros anuales que ingresa París entre las presentaciones de prêt-à-porter —mujer y hombre— y alta costura, según cifra la Federación de la Moda Francesa, que se disparan hasta los 1.200 millones sumando lo que dejan las ferias textiles celebradas a la par. O los cerca de 500 millones totales derivados de las pasarelas de Milán (239 millones solo con la femenina en septiembre de 2025, por ejemplo, un crecimiento del 12% respecto a la anterior de febrero, en estimaciones de la Camera Nazionale della Moda). Hasta las más mermadas Nueva York y Londres mantienen el músculo, con 800 y 300 millones de euros, respectivamente, que revierten en las arcas municipales y, por extensión nacionales, al año. Hoteles, bares y restaurantes, tiendas, servicios de transportes, agencias de producción y relaciones públicas, modelos y fotógrafos, estilistas, peluqueros y maquilladores, técnicos de luz y sonido —más de 600.000 puestos de trabajo directos e indirectos en París, alrededor de 560.000 en Milán, casi 200.000 en Nueva York—, aquí ganan todos. Menos quienes deberían ganar de verdad.
De joven, Adolfo Aguilera tuvo un accidente de moto en Madrid, cerca de Manuel Becerra. Entonces tenía muchos amigos, pero no se atrevió a llamar a ninguno para que recogiese su moto. Tuvo que pagar a un taller. “Yo salí dos veces del armario. La primera cuando me acepté como hombre gay y la segunda como motero. Entre mi círculo de amistades no lo comentaba, era una afición fuera del mundo gay. Pensaba que iban a decir: ‘Mira al tonto ese, que va de machito”, recuerda. Ahora tiene 66 años y una Honda VFR1200 gracias a la que ha conocido a grandes amigos y, sobre todo, a su actual pareja.

El universo de las batidoras de mano es tan amplio como el de las sartenes de acero inoxidable o el de los gadgets útiles para cocinar. Por eso mismo, en EL PAÍS Escaparate hemos dedicado un margen de tiempo razonable para mostrar a nuestros lectores un ránking breve pero muy interesante de las batidoras de mano con mejor relación calidad-precio del momento, en concreto, con un coste inferior a los 30 euros. El amplio catálogo de Amazon arroja numerosas búsquedas, pero nos hemos quedado con aparatos de corte cómodos de usar, que incluyan diversos accesorios y puedan triturar hasta trozos de hielo.



San Marino es la república y el Estado soberano más antiguo del mundo, fundado hace más de 1.700 años. Es, además, uno de los cinco países más pequeños que existen. Su superficie y población son similares a los de la localidad madrileña de Pinto (65 kilómetros cuadrados y 35.000 habitantes). Un microestado que, a pesar de su diminuto tamaño, es miembro de pleno derecho de Naciones Unidas, del Consejo de Europa, del FMI, de la OMS y de la Corte Internacional de Justicia. Y tiene un centro histórico que es patrimonio mundial de la Unesco desde 2008. A poco más de 130 kilómetros de Bolonia, algo menos de 85 de Rávena y 23 de Rímini —las tres, en pleno corazón de Emilia-Romaña— este minúsculo territorio sorprende en muchos sentidos.
Los códigos o protocolos que rigen en una cafetería poco tienen que ver con los de un restaurante. En la primera, los tiempos se miden como algo tangible, lacónico. Ese espacio de barra y taburetes es el sitio para esperar mientras tomas un café, hojear los ya casi desaparecidos periódicos de papel o refugiarte mientras la lluvia amaina. La cafetería de barrio es un lugar donde socialmente puedes estar solo sin pedir perdón por ello, incluso entrar, tomarte algo rápido o simplemente usar el baño sin demasiadas explicaciones.
Hay estilos de cerveza que nacen de una receta. Otros, de una tradición. Y luego están los que nacen de una norma. Märzen, literalmente, “cerveza de marzo” en alemán, es uno de esos casos en los que la historia no empieza en la malta ni en el lúpulo, sino en una fecha marcada en el calendario. En 1553, el duque bávaro Alberto V tomó una decisión que cambiaría para siempre la forma de elaborar cerveza en su territorio: prohibió la producción entre el 23 de abril y el 29 de septiembre.

A finales de octubre de 2021, el Ministerio de Igualdad contactó a la jurista Adilia de las Mercedes ―especializada en Derechos Humanos, en salud sexual y reproductiva y en legislación internacional y experta para organizaciones como Naciones Unidas y gobiernos de Asia, Europa y América― para encargarle lo que desde la institución llamaron un “esqueleto” para la reforma de la ley del aborto en la que el ministerio estaba trabajando. Según la documentación, aquel “esqueleto” acabó siendo el borrador de la norma, aprobada en 2023. Nunca le pagaron realmente por ello y le prohibieron decir que era la autora. Y la documentación es la demanda que ahora la jurista ha interpuesto contra Igualdad ante la Audiencia Nacional. Solicita que los contratos por aquel trabajo se consideren nulos, alega que el ministerio se apropió de forma ilegal de ese trabajo, que lo invisibilizó, que existió violencia institucional, y que todo lo anterior fueron hechos que “solo pueden calificarse como discriminación por razón de origen nacional por parte de la Administración” ya que ella, con nacionalidad española desde hace años, nació en Guatemala. Tiene 47 años y 25 de carrera profesional. En aquel momento, la ministra era Irene Montero y en el escrito aparecen, sobre todo, cinco altos cargos de aquel equipo, que han rechazado las acusaciones.


“Tengo 45 años y llevo desde los 17 en la carnicería, estoy pa jubilarme ya”, bromea David de la Riva Rodríguez, haciendo gala de ese humor sin aditivos —como los embutidos que fabrica— de los pueblos de montaña. Quien ha probado sus productos espera que no lo haga, aún, por mucho tiempo. No en vano este pequeño charcutero de Campomanes, una localidad de 600 habitantes en el valle del Huerna, es considerado un auténtico maestro del tradicional embutido asturiano ahumado con leña de roble.




La lechuga se percibe como un vegetal aburrido; probablemente uno de los más aburridos del mercado. No tiene la contundencia del tomate, ni la personalidad gourmet de la rúcula, ni el punto elegante de los brotes: suele limitarse a poner volumen y algo de frescor en el plato, poco más.
Miles de personas se han reunido este martes en un parque del barrio cubanoamericano por excelencia, Hialeah, al norte de Miami, en un mitin por la libertad de Cuba. Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece estar precipitando un cambio histórico en la isla —exactamente cuál no está tan claro— a través de una asfixia energética y un diálogo con el castrismo, varias generaciones de cubanos, opositores, artistas y políticos locales compartieron la tarima en Florida para abogar por un cambio de régimen, sí, pero también rechazar un diálogo con el régimen comunista.