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En términos de comodidad en calzado, gran parte de la población ya ha entrado en el universo de zapatillas barefoot. Su éxito va de la mano de un confort difícil de igualar gracias a su enfoque en la salud del pie.


El Partido Socialdemócrata de Dinamarca logró en las elecciones parlamentarias celebradas este martes una clara victoria con un cierto sabor a derrota. La formación liderada por la primera ministra, Mette Frederiksen, cosechó el 21,9% de los votos y fue la fuerza más respaldada por una amplia diferencia, pero su resultado fue el peor desde 1903 y perdió 12 de sus 50 escaños. Los comicios dejan un escenario político incierto, con un Parlamento profundamente fragmentado y unas negociaciones para formar Gobierno que se prevén largas y complejas. No obstante, la líder socialdemócrata se perfila como la candidata con más opciones de encabezar el próximo Ejecutivo del país escandinavo.
Pese a las iniciativas de algunos obispados por la inclusión y la existencia de sentencias favorables a la igualdad en la Semana Santa, algunas hermandades mantienen su veto a las mujeres. El rechazo de los cofrades de Sagunto (Valencia) a las nazarenas es singular, pero no único. Nuestro Señor Jesucristo en Su Santo Sepulcro de Aguilar de la Frontera (Córdoba, 13.500 habitantes), cuya festividad ha sido declarada de Interés Turístico Nacional, lo establece en sus estatutos: “Es esta una Hermandad constituida por miembros masculinos”. Las únicas mujeres permitidas en la agrupación son una docena que, de acuerdo con las normas de la entidad, representan “las 12 mujeres que siguieron a Cristo en su vida y pasión”. Pero su presencia “es simplemente de carácter simbólico” y solo podrán formar parte “viudas o hijas solteras de los hermanos difuntos del Setenta y Dos”. Este 72 es el núcleo central y fundacional de la hermandad y se designó en memoria del pasaje del Evangelio de San Lucas (10:1-24) donde se relata que Cristo eligió a este número de seguidores para preparar su llegada a los pueblos.
Apple nunca ha sido una marca asociada a los portátiles —ni, en realidad, a ningún otro dispositivo— baratos. Durante años, entrar en el ecosistema Mac implicaba asumir una inversión considerable, con modelos que rara vez bajaban de los mil euros. Por eso, con la presentación del MacBook Neo muchos usuarios han reaccionado con la misma pregunta: si cuesta bastante menos que otros Mac, ¿significa eso que también es mucho más limitado? ¿Merece la pena? Tras probarlo durante varios días, la respuesta es que sí puede ser suficiente, pero no para todo el mundo. La clave está en entender para qué tipo de uso está pensado este portátil.

Cuando dan las doce, el lugar se convierte en un reventón de campanillas. Los soniquetes débiles permiten que las voces se sigan escuchando, pero José Antonio Gismera prefiere callar, dejando el protagonismo a un solemne ritual que ya conoce. Sonidos agudos, algunos menos, descoordinados, melódicos, juguetones. Cuando cesan, continúa con sus palabras: “Son muchos años funcionando, y aunque se portan bien, tienen su desgaste. Normal. Hay que cuidarlos mucho porque son únicos, ir con calma, pero sin que te atenace la responsabilidad”.
La primera serie australiana que recuerdo es Retorno a Edén; en ella, un vividor lanzaba a los cocodrilos a su mujer rica y poco agraciada para heredar. No moría, pero pensaban que sí, y además, cirugía mediante, acababa siendo modelo y recuperando lo suyo. Bastaba un poco de maquillaje y un moldeador para que nadie la reconociese. Pasa lo contrario con los que a base de retoques dejan de parecerse a sí mismos y se parecen a todos los demás. Qué pensarán los hijos, incapaces de reconocerse en los rasgos de sus progenitores. Como las Kardashian, que han borrado sus rasgos armenios. Mi madre me decía que me había comprado en la calle (qué humor macabro tienen a veces los progenitores), pero como éramos fotocopias, nunca le di credibilidad. Los de las Kardashian tienen tan poco parecido con el aspecto actual de sus madres que podrían creer que se los trajo un dron de Amazon.
La imagen de un fusil en manos de un cantautor es extraña, pero no cuando el que la empuña es Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 79 años). El cantautor cubano lleva toda la vida cantándole directa o indirectamente a la Revolución, a sus cabecillas y sus ideales; a los mártires y la guerrilla. “En mis canciones hay politización, pero no propaganda”, dice el músico, que recibe a EL PAÍS este miércoles en los estudios de Ojalá, en La Habana. Habla de la “ortodoxa y cerrada” visión del Gobierno en el ámbito económico y de su apuesta por un socialismo menos “cuadriculado”. “El socialismo de libreta es muy idealista”, zanja. De la opinión que le merece el Gobierno de Estados Unidos no se mueve un milímetro: “El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba”.
Los inversores se muestran, en general, escépticos sobre la apertura económica de Venezuela pregonada por la presidenta interina Delcy Rodríguez, que promete seguridad jurídica a los empresarios extranjeros para que regresen al país. La mandataria latinoamericana, que era la mano derecha de Nicolás Maduro, alcanzó el poder tras la operación militar llevada a cabo por Washington el pasado enero para capturar al líder chavista.

“El primer enemigo del vino puede llegar a ser el propio enólogo y, el segundo, el sumiller. Hay que ir a los vinos desde la parte positiva y no buscando sus defectos. Así lo aprendí de mis padres, que eran médicos, y no le decían nunca a nadie que estaba fatal”. Habla Carlos Orta, una figura ya histórica en nuestro país por descubrir las zonas de Borgoña y Jura que tan codiciadas han devenido en España, y por fundar Villa Más, el icónico restaurante frente a la playa de Sant Pol, en Sant Feliu de Guíxols, en El Ampurdán, que es todo un paraíso para el amante del buen beber y el buen comer, y que hoy dirige junto a Agathe Arnaud en la sala, Roger Co en la cocina y Paula Cuenda en la bodega.



En el extremo occidental de la provincia de Zamora, donde el río dibuja los cañones de los Arribes del Duero, la gastronomía resiste con una identidad propia forjada con esfuerzo. Su historia está protagonizada por piedras, barro, cabras, bancales imposibles, bodegas horadadas en la roca y personas que decidieron quedarse, o volver, cuando todo invitaba a marcharse.