Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Prepárese para ser escaneado. Viajar sin tarjeta de embarque, cruzar una frontera sin pasaporte o entrar en la habitación de un hotel sin llaves ni tarjetas está cada vez más cerca. Las empresas tecnológicas sueñan con facilitar esos “viajes fluidos” gracias a la biometría, que identifica inequívocamente a las personas basándose en su biología individual. Y quien controle la mecánica biométrica controlará una parte importante de la experiencia de los futuros turistas, convirtiéndose en un proveedor clave para los operadores de las infraestructuras (y los gobiernos).
Preguntas. La casera ha descontado dinero de la fianza y lo justifica diciendo que como no subió en los años anteriores el alquiler se redime. También ha descontado el importe (sin aportar las facturas, solo con unas fotos que hizo de lo que iba a comprar) de cosas que tiene que reponer. Estoy reclamando, ya que no es justo que se quede el dinero de esa manera. A. Boreal
La familia de Alberto Guerra (La Habana, Cuba, 43 años) emigró a México cuando él era apenas un adolescente, pero los caminos de la vida le han conducido a aprender a bailar chachachá en Japón. “Irme allí a que me enseñaran salsa, mambo, tango y chachachá, siendo yo cubano, fue una experiencia loquísima. Un choque de culturas maravilloso”, resume. El actor presentó a principios de este año en el festival de Sundance la película Ha-chan, Shake Your Booty!, drama romántico ambientado en el mundo de los bailes de salón que ha rodado en Tokio y protagonizado junto a Rinko Kikuchi, nominada al Oscar en 2007 por Babel. Además de cosechar excelentes críticas y de que su responsable, Josef Kubota Wladyka, se hiciera con el premio al mejor director, Ha-chan es la primera película enteramente en inglés de Guerra, que también estrena este mes de mayo, en la cadena estadounidense Peacock, la serie M.I.A., una intriga criminal del creador de Ozark (2017-22).
La tarta de manzana se puede hacer de mil formas: clásica, moderna, a la americana, tatin, en crostata… pero hay un formato que nos entusiasma por ser extremadamente crujiente: el pastis gascon. Esta fórmula francesa, que se llama así por venir de la región de Gascuña, une el refinamiento de su masa con la extrema sencillez de su relleno, que lleva poco más que manzana, mantequilla y azúcar.
Unas son de madera. Otras están elaboradas con chapón, corcho o palillos. Algunas tiran de papel, cartulina y pegamento. También hay yeso, plástico e incluso impresión 3D. En tiempos de imágenes digitales, renders e inteligencia artificial, las maquetas de arquitectura parecen elementos del pasado, pero están vivas. Su vigencia sigue intacta. Sirven para explicar el proyecto al cliente y al constructor al tiempo que permiten al arquitecto analizar la obra, sus fases, sus espacios. “Construirla te levanta del ordenador, frena el tiempo y te permite pensar”, cuenta Álvaro Carrillo quien ha reunido una treintena de estas construcciones a escala en el Museo y Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (MuCAC) en la exposición Archipiélagos. Arquitectura sin centro, en la que ejerce de comisario. Una muestra que se puede visitar hasta el 30 de agosto y que sirve, además, para conocer cómo una joven generación de estudios nacionales explora los límites de la arquitectura y experimenta con materiales a partir de presupuesto ajustados y conceptos como la sostenibilidad. Equipos que entienden la profesión desde la colaboración, islas con biodiversidad propia pero conectadas entre sí por el mismo ecosistema.
En principio, no hay nada extraño en que Aitana Sánchez-Gijón (57 años) salga con Maxi Iglesias, 22 años más joven que la actriz. O que Carmen Lomana, de 77, haya declarado recientemente en la revista Woman: “Me gustan los hombres más jóvenes, con los de mi edad no me pongo ni al teléfono porque me aburren en general”. Estos hechos han dado para artículos y tertulias televisivas, en los que todo el mundo normaliza que las mujeres maduras puedan emular la trama de El graduado (1967).
En 1934, Florián Rey rodó una segunda versión del filme La hermana San Sulpicio. Basada en la novela de Armando Palacio Valdés, esta historia ya había sido llevada al cine por el mismo realizador en 1927. La primera versión, claro, era muda, así que Rey puso en marcha la segunda para el lucimiento vocal de Imperio Argentina. La cantante y bailarina bonaerense interpreta a una monja bella, chispeante y de gran voz que pasa unos días en el balneario de Marmolejo. Ese emplazamiento, naturalmente, es ficticio. La película se rodó, en realidad, en el balneario de Cofrentes, que fue inaugurado en 1908 y rápidamente se convirtió en el lugar de moda para la burguesía valenciana. Cofrentes es un pueblo de mil habitantes a cien kilómetros de Valencia, en la comarca del Valle de Ayora.
Vivo en Palencia, una pequeña ciudad con mucha tradición agrícola en la que es más fácil salir a comer un ramen que unas lentejas de la Vega de Saldaña. Ni en las ciudades de provincia nos libramos de que la oferta en los restaurantes sea clónica de cualquier otra ciudad española. Vivimos la época de la copia en la que ya no sabemos cuál es el original. Los bares se parecen, las cartas son todas iguales. Carles Armengol lo documenta en su libro Matar un bar: perdemos los bares tradicionales a medida que los sustituimos por copias sin personalidad. La paradoja de la globalización es que, al destruir la autenticidad, generamos una demanda de ella, muchas veces cubierta con simulacros y esta destrucción atraviesa todas las capas de la gastronomía.
La gastronomía forma parte de la cultura material de una sociedad. Desde que nos sentamos a la mesa por primera vez, incluso cuando esta no existía como tal, hemos estado diseñando utensilios que nos ayudaran a transformar y cocinar los alimentos, a conservarlos, transportarlos, prepararlos y servirlos, incluso en las situaciones más incómodas. Útiles, hermosos y extraños objetos pueblan nuestros banquetes a lo largo de la historia como reflejo de los gustos y las necesidades pasadas, por lo que conocerlos, valorarlos y saber contextualizarlos ayuda enormemente a la hora de conocer los pormenores de nuestra evolución alimentaria.