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Hace un año, los mercados observaban a Estados Unidos con creciente inquietud. Donald Trump cumplió sus advertencias y lanzó una ofensiva arancelaria que supuso la mayor subida de barreras comerciales desde la Gran Depresión. La reacción del mercado fue inmediata: el temor a una recesión y la perspectiva de menores beneficios empresariales desencadenaron fuertes correcciones bursátiles, comparables a las vividas en episodios como el triunfo del Brexit o la crisis de deuda de la zona euro.

Yo no me veo tan moderno, fíjate... No soy tan raro. ¿Tú me ves raro?“. Lo pregunta Rodrigo Cuevas (Oviedo, 40 años) en mitad de la calle del Quesu, pleno centro de L’Infiestu, el pueblo asturiano donde ha decidido montar su cuartel de La Benéfica. Allí agita mediante diversas expresiones culturales, lenguajes, tendencias, romerías, música, performances, artes escénicas y visuales e inclusión de todo tipo una vida rural anclada en poderosas raíces. Si moderno es echar la vista atrás para beber del folclore, puede que no. Eso lo han hecho a través de los siglos buena parte de los mejores creadores de la historia de la música. Si en cambio, a una copla entonada con sensualidad bable le metes atmósferas electrónicas, luego lo envuelves en un halo de divismo pop y consigues que artistas como Bad Bunny diga que se va a fijar mucho en lo que haces, entonces, aunque le sorprenda que lo consideren así, Rodrigo Cuevas destaca como un artista plenamente moderno y, desde una inequívoca brillantez con la que marca la diferencia, bien raro.
“Vamos a apurar al máximo hasta el final”. Sumar se plantó ante el PSOE para arrancar el decreto de vivienda que congela los alquileres y ahora emprende una ofensiva que combinará diálogo político y presión social en un intento de que el Congreso lo convalide antes del 6 de mayo. Pese a las reiteradas negativas de Junts a aprobar la medida y al escepticismo de los socialistas sobre las posibilidades de recabar apoyos suficientes, el ala más a la izquierda del Gobierno se resiste a tirar la toalla. Sumar asume que llevará el peso de las negociaciones y cuenta con el apoyo de sindicatos y entidades sociales para redoblar la presión, incluidas movilizaciones en la calle.

La primera pareja de las tres que hoy tratan de enterrar el hacha de guerra ya ha llegado al edificio judicial en el centro de Barcelona. Son los padres de Laura (nombre ficticio) que, tras separarse, siguen sin acordar aspectos clave de la custodia de la menor. Su divorcio ha sido duro, áspero: contencioso, como el 20% de los 40.000 que se registran cada año en España y en los que están involucrados menores. Un juzgado de familia dictó sentencia sobre el caso, pero la han recurrido. Así que tres años después, y con la hija ya enfilando la adolescencia (13), siguen enfrascados en litigios. La pareja accede a una sala de vistas de la Audiencia de Barcelona, el órgano que tendrá la última palabra. Pero esta vez no han venido a pelear: van a someterse a un proceso de mediación.


Los grandes camiones eléctricos ya son una realidad en España. Las matriculaciones de vehículos de más de 3,5 toneladas se han multiplicado por 22 en cinco años (de 17 a 378), aunque todavía son minoría (1,6% de los nuevos), según datos de la DGT. El crecimiento del sector sigue lastrado por retos como la autonomía de los vehículos —que hace que la mayoría se empleen en trayectos urbanos o de menos de 250 kilómetros—, los puntos de recarga ultrarrápidos adaptados o la falta de ayudas públicas para compensar su mayor coste de compra. Algunos transportistas pioneros, como Transbernal, comienzan a usarlos para rutas de hasta 1.000 kilómetros diarios. “Si las empresas hacen sus números y ponen puntos de recarga en sus instalaciones, verán que a la larga salen más baratos. Con lo que ha subido el gasoil, ahorras mucho dinero”, explica su propietario, Gabriel Bernal.

Confirmado ya que la temporada próxima jugará en los Orlando City de la Major League Soccer (MLS) estadounidense, Antoine Griezmann (35 años) inicia este sábado (21.00, Dazn) en el Metropolitano y ante el líder Barcelona su cuenta atrás como jugador del Atlético de Madrid. Nueve partidos de Liga, la final de la Copa del Rey, el doble enfrentamiento con los azulgranas en los cuartos de final de la Liga de Campeones y unas hipotéticas semifinales y final de la gran competición europea de clubes conforman el escenario de encuentros que el club ha bautizado como el particular last dance rojiblanco del atacante francés.
“A lo mejor nuestros nietos ya no sabrán que existió la ketamina y solo hablarán de Spravato”. La investigadora cultural Marta Echaves (Arganzuela, Madrid, 35 años) tuvo un “mal augurio” cuando Estados Unidos aprobó en 2019 comercializar Spravato, un medicamento antidepresivo de esketamina —un derivado de la ketamina— en forma de spray nasal. Distribuido por la unidad farmacéutica de Johnson & Johnson’s, el spray que recuerda en su envase a un simpático cohete en miniatura cuesta entre 500 y 700 euros. La patente expirada de la ketamina como medicamento genérico apenas supera los 50 céntimos. “Con esa estrategia confirmé que cualquier estado de alteración de conciencia siempre acabará siendo un espacio de cooptación para la industria clínica”, cuenta esta licenciada en Filosofía graduada en el Programa de Estudios Independientes (PEI) del Macba el último año que lo dirigió Paul B. Preciado (“figura crucial en mi pensamiento”, señala).
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Hay perfumes que, como los medicamentos, deberían estar sujetos a advertencia. Antes de usar Risvelium, por ejemplo, habría que avisar: puede provocar estados alterados de conciencia, estimulación mental y sobrecarga sensorial. Inspirada en la purificadora agua de Florida, esa versión americana del agua de colonia europea que escupen los chamanes de Bolivia y Perú en sus rituales de limpieza energética, la última fragancia de Orto Parisi está desde luego contraindicada en pieles sensibles a la incorrección política. Por si quedara alguna duda, consultemos al perfumero. “Sí, volvámonos locos, experimentemos. Tenemos que deshacernos de los miedos y abrirnos a nuevas experiencias”, responde a propósito de los efectos de su más reciente creación, con la que vuelve a demostrar que no hay fórmula mala o ingrediente inaceptable, solo codicia y adocenamiento. “He probado el perfume que acaba de lanzar Prada en el duty free del aeropuerto y no entiendo nada. Han gastado millones en lanzar un producto indistinguible de los miles que ya hay en el mercado. Tienen dinero para hacer cualquier cosa, pero, cazzo, van y se tiran a lo más aburrido y comercial”, lamenta. Porque según el instinto olfativo de Alessandro Gualtieri, todo es posible. Aunque huela raro.
En la secuencia final de El rey de Nueva York (Abel Ferrara, 1990), el personaje de Christopher Walken viaja solo en la línea 7 del metro neoyorquino. su vagón toma una curva frente al enorme letrero de Silvercup Studios, que ocupa varias manzanas del Queens industrial, y comienza su descenso hacia Manhattan. Los vagones traquetean sobre las vías elevadas antes de deslizarse bajo el East River. Tras los cristales mugrientos se perfila el horizonte: torres, puentes iluminados... la densidad centelleante del centro de la ciudad. Minutos después, morirá de un disparo en un taxi en Times Square, rodeado de neones y extraños. Ese viaje en metro es breve, fatal e inequívocamente de Queens.