Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
El móvil vibra de forma inesperada. En la pantalla aparece un mensaje: llamada entrante. Contestarla requiere de un gesto simple, aunque cada vez para más personas resulta complicado. Se opta por no contestar; ya, si eso, luego se enviará un mensaje. Y si el remitente es desconocido, ni se duda. El mensaje está ganando por goleada a las llamadas al haber numerosas aplicaciones que facilitan el contacto escrito y al considerarse menos intrusivo, entre otras ventajas. Pero hay un punto importante a considerar en lo que refiere a las relaciones: las llamadas de teléfono generan más conexión. Y esto, quizás, es algo a tener muy en cuenta ante la queja frecuente de que las relaciones se han vuelto más superficiales.
Para adentrarse en uno de los santuarios secretos de la camelia en Galicia no hay que pagar entrada ni saberse un santo y seña. Hay que ganarse la confianza del dueño. Y jurar que no robarás, ni semillas ni ramas —aunque durante el paseo él mismo te vaya llenando las manos de flores—, porque el verdadero tesoro, para los coleccionistas de camelias, está en la genética. La caprichosa genética les ha empujado a atravesar continentes, a rastrear la selva, a buscar contactos hasta en el infierno, a pagar miles de euros, o a trabajar paciente, discretamente, durante muchos años para conseguir sus propias variedades. Son flores únicas o casi únicas en el mundo. Por eso robar está tan mal visto y es tan injusto.
La biología sintética promete curar enfermedades, personalizar terapias y rediseñar materiales, pero algunos informes recuerdan con delicadeza que convendría regularla antes de que alguien se lance a utilizarla para mejorar a los humanos por vía de catálogo. Michael Sandel, profesor de filosofía en Harvard, sostiene que el transhumanismo entraña el riesgo de generar nuevas desigualdades y una casta de humanos aumentados. Rafael Yuste, neurocientífico en la Universidad de Columbia, advierte de que “podremos esculpir el cerebro de un adulto con posibilidades casi ilimitadas”. Algo que ya anticipaba la replicante de Blade Runner, cuando descubre que su memoria no le pertenece: “Esos no son mis recuerdos. Son los de otra persona”.
El grito de Thibaut Courtois en el entrenamiento del 10 de agosto de 2023 al aterrizar sobre la pierna izquierda y romperse el ligamento cruzado anterior de la rodilla no solo atravesó la ciudad deportiva del Real Madrid en Valdebebas. Trazó también una frontera entre lo que sucedía con sus muslos antes de aquel día y lo que han sufrido después. Desde que se recuperó de aquella rotura en la rodilla izquierda y de la del menisco interno de la otra, cuando estaba a punto de volver en marzo de 2024, ha sufrido cinco lesiones musculares en los muslos (aductor, abductor y cuádriceps), una zona que no se había dañado antes. El último episodio, una rotura del recto anterior del cuádriceps derecho, se produjo el martes en el estadio del Manchester City, y le tendrá fuera de combate alrededor de un mes y medio, según las estimaciones del club, suficiente para perderse la eliminatoria de cuartos de final de la Champions contra el Bayern Múnich. Y por supuesto, el derbi del domingo contra el Atlético de Madrid en el Bernabéu (21.00, Movistar).

En una TVE con los mejores resultados de audiencia en más de una década no parece haber hueco para las series en prime time. Desde el final de Ena en diciembre de 2025, ninguna ficción por capítulos producida por RTVE ha encontrado espacio en sus noches. Solo Anatomía de un instante, procedente de Movistar Plus+, ocupó una sola noche. No ocurre lo mismo en las tardes, donde Valle salvaje y La Promesa se han convertido en estandartes de la cadena pública gracias a su solidez y estabilidad. Pero, ¿qué ocurre con las series en el prime time de La 1?

Todos coinciden en que hay talento. También en que el desfile es necesario para conectar con la clientela potencial y como herramienta de comunicación, aunque la inversión económica sea importante y quizá le haga falta un poco más de ingenio al formato. Pero algo falla para que la moda española no acabe de importar del todo en el tablero europeo mientras países como Portugal o Dinamarca van ganando terreno y visibilidad. Falla el relato. “Acabo de ver la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, y la moda italiana ha ocupado un lugar central. Si esa ceremonia se hubiese celebrado en España, ¿la moda y alguna de sus figuras icónicas habrían estado presentes? Pues eso”, comenta Pepa Bueno, directora ejecutiva de la Asociación de Creadores de Moda de España. Pero no solo eso. En un país con una tradición textil y artesanal de siglos, faltan talleres, “y una educación acorde que sepa apreciar lo manual y lo productivo”, apunta Valentina S. Zuloaga, cofundadora de la web multimarca de moda española Es Fascinante y actual directora de la semana de la moda de Madrid.
“A todos sorprendió la tragedia, seguramente, pero más que a todos, a ese mundo pintoresco de la escena, donde se ríe y se llora por el oficio hasta el extremo de que cuando se tiene que reír y llorar de verdad, nadie sabe el valor de las lágrimas ni el valor de la risa”. Con estas palabras del periodista Ezequiel Endériz comienza Cómicos en guerra, un “retablo humano” donde Pedro Corral cuenta las vicisitudes de escritores, actores, empresarios teatrales, cantantes y cineastas, de Enrique Jardiel Poncela a Rafaela Aparicio, de Pepe Ysbert a Estrellita Castro, de Jacinto Benavente a la Argentinita, de Raquel Meller a Rafael Gil o Estrellita Castro.

La libertad sexual iba a traer todas las posibilidades, un catálogo infinito de opciones en ese terreno secuestrado tantos siglos por la moral. Pero como pasa en otros ámbitos, libertad no es igual a satisfacción y una vez que se obtiene empieza el trabajo de verdad: gestionarla, aprender a navegar el imprevisible oleaje del deseo y los afectos, las relaciones y sus sinsabores. Erich Fromm debería volver de su tumba y ofrecernos un nuevo arte de amar, a ser posible con un capítulo cuyo título podría ser “¿Cómo follar en el siglo XXI?” Porque parece que el tema se va complicando cada vez más. Marita Alonso, en SModa, daba cuenta, por ejemplo, de la realidad que viven muchas mujeres que tienen encuentros sexuales de los llamados “casuales”, esos rollos de una noche con desconocidos o casi: solo en el 10% de los casos ellas acaban llegando al orgasmo mientras que el porcentaje de las que tienen relaciones sexuales dentro de parejas estable lo alcanzan en casi el 70 %. Y es que el sexo no es casi nunca esa explosión de fuegos artificiales tan representada en los medios audiovisuales y los aquí te pillo aquí te mato suelen ser de lo más decepcionantes. Los amantes virtuosos, atentos y competentes no suelen estar en los baños de las discotecas ni en las aplicaciones de citas. La excitación del desconocido no lleva necesariamente al placer. El sexo también es cuestión de conocimiento, un conocimiento que se va teniendo de la posible pareja con el tiempo previo, esa danza que es la seducción mutua y que sirve para ir tejiendo complicidades. Follar con alguien de quien no sabes ni el nombre, incluso si físicamente está estupendísimo, es como follar con un pollo muerto y desplumado. Sin alma, que dirían los poetas.

Hay poetas que saben esperarte. Emily Dickinson llevaba lustros aguardándome. Hay obras que descubres cuando habías perdido la esperanza de entenderlas. Antes, nos rozan, se insinúan, se dejan ver de forma delicada. Después, un miércoles cualquiera, nos llaman por nuestro nombre. “Ya es la hora”, nos dicen, “léeme”. Durante años supe que Dickinson estaba ahí, en ese lugar geográfico de mi biblioteca, con una respiración tan baja que parecía no existir. Conocía algunos de sus versos (“el para siempre está hecho de ahoras”, por ejemplo), citados sin amor. Dickinson estaba bien, pero no era para mí. O yo no era todavía para ella. Faltaban derrotas, faltaban silencios, faltaba una cierta domesticación del asombro. Hay lecturas que exigen una edad moral, no biológica. Dickinson no pide entusiasmo sino atención; no pide adhesión sino disponibilidad. Sus poemas no avanzan: se detienen. No explican: interrumpen. Uno entra en ellos como quien entra en una habitación oscura, confiado en que algo se manifestará si logra que los ojos se acostumbren a la ausencia de luz.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sigue dándole la vuelta a su gabinete. La mutación de rostros había comenzado con cierta lentitud desde que asumió el cargo el pasado 3 de enero, pero la cirugía avanzó este miércoles a toda velocidad y ya afecta a más de un tercio del Ejecutivo. Solo este mes Rodríguez ha ejecutado reemplazos en las carteras de Defensa, Transporte, Hidrocarburos, Energía Eléctrica, Trabajo, Vivienda, Educación Universitaria, Turismo y Cultura. Semanas antes, había cambiado a los titulares de Industrias, Comunicaciones, Ecosocialismo y Aguas y Despacho de la Presidencia. Esto sin incluir los cambios en la jerarquía militar que han empezado a desencadenarse con la destitución de Vladimir Padrino como ministro de Defensa este miércoles.