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La actriz Gemma Cuervo ha muerto este sábado a los 91 años, tras una larga carrera de más de sesenta años como actriz de teatro, cine y televisión. Aunque sobradamente conocida y popular entre millones de españoles, posiblemente muchos de esos incondicionales seguidores, fundamentalmente los más jóvenes, la reconozcan más por sus últimos trabajos en la pequeña pantalla que por su anterior trayectoria en los escenarios. Nacida en Barcelona, Cuervo empezó jovencísima a trabajar en teatro, medio en el que forjó su prestigio y en el que permaneció seis décadas. Su último papel fue en 2011 como la famosa alcahueta de La Celestina, bajo la dirección de Mariano de Paco, quien hoy es el consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid.
El papa León XIV tomará posesión del apartamento papal del Palacio Apostólico del Vaticano y se trasladará a vivir a la residencia oficial de los pontífices, acompañado de un reducido grupo de colaboradores de su confianza, 10 meses después de ser elegido pontífice. Lo ha confirmado el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Hasta ahora, el pontífice estadounidense, que fue elegido para suceder a Francisco el pasado mayo, estaba viviendo en un apartamento en el Santo Oficio, dentro del Vaticano, el mismo lugar en el que ha vivido los últimos tres años, cuando era prefecto del Dicasterio para los Obispos.
El festival de Málaga ha puesto este sábado su cierre con la entrega de premios, muy repartidos, con especial peso del cine latinoamericano y bastantes sorpresas respecto a las favoritas de la crítica. A un lado, la Biznaga de Oro a mejor película española ha sido, y era una de las favoritas, para Yo no moriré de amor, de la directora debutante Marta Matute, trabajo que también ha obtenido los galardones a la mejor interpretación femenina —Júlia Mascort— y mejor interpretación masculina de reparto por el papel de Tomás del Estal. Al otro, la Biznaga de Plata a mejor película iberoamericana ha recaído en El jardín que soñamos, del mexicano Joaquín del Paso, quien se ha llevado el premio a mejor dirección y cuya película ha recibido un tercer galardón a mejor fotografía gracias a la labor de Gökhan Tiryaki.
BIZNAGA DE ORO A LA MEJOR PELÍCULA ESPAÑOLA: Yo no moriré de amor, de Marta Matute.
BIZNAGA DE ORO A LA MEJOR PELÍCULA IBEROAMERICANA: El jardín que soñamos, de Joaquín del Paso.
PREMIO ESPECIAL DEL JURADO: Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa.
MEJOR DIRECCIÓN: Joaquín del Paso, por El jardín que soñamos.
MEJOR INTERPRETACIÓN FEMENINA: Julia Mascort por Yo no moriré de amor.
MEJOR INTERPRETACIÓN MASCULINA: Nicolás Zárate por Hangar rojo.
MEJOR INTERPRETACIÓN FEMENINA DE REPARTO: María Magdalena Sanizo, por La hija cóndor.
MEJOR INTERPRETACIÓN MASCULINA DE REPARTO: Tomás del Estal, por Yo no moriré de amor.
MEJOR GUION: Ian de la Rosa por Iván & Hadoum.
MEJOR MÚSICA: Cergio Prudencio y Marcel Guerrero por La hija cóndor.
MEJOR FOTOGRAFÍA: Gökhan Tiryaki El jardín que soñamos.
MEJOR MONTAJE: Valeria Hernández y Sebastián Brahm por Hangar rojo.
PREMIO DEL JURADO DE LA CRÍTICA: Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato.
PREMIO DEL PÚBLICO - EL PAÍS: Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato.

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Rousseau eligió el lago Lemán, en Suiza, para contar en uno de sus libros que su sociedad ideal era Esparta: pequeña, severa, autosuficiente, patriótica e insolentemente no cosmopolita y no comercial. Mary Shelley se encerró en una villa junto a ese lago para idear en una noche mítica Frankenstein, sobre las consecuencias de la falta de límites en la ciencia. Nabokov pasaba largas temporadas en un hotelito en esta zona, discreto y elegante, y aquí escribió Ada o el ardor, deslumbrante novela sobre la pasión. A orillas del Lemán está también la sede de la Organización Mundial de Comercio (OMC), una de las instituciones multilaterales más castigadas por una sacudida del orden global que es una mezcla de Rousseau, Shelley y Nabokov: un mundo en el que crece el populismo ultra y prima la ley de la selva, en el que tecnologías como la inteligencia artificial son tanto una oportunidad como una amenaza, y en el que las pasiones neoimperialistas de Estados Unidos son capaces de empezar una guerra que envuelve en una espesa niebla de incertidumbre los escenarios de futuro. La nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala (Ogwashi-Ukwu, 71 años), directora general de la OMC, recibe en Ginebra a EL PAÍS y otros diarios europeos agrupados en la alianza LENA, y hace un repaso por esta era que ella prefiere denominar “de la disrupción” más que del desorden. En casi una hora de conversación, Okonjo-Iweala se las ingenia para no pronunciar la palabra “Trump” en una habitación bañada por una luz afónica, con las montañas suizas aún nevadas y el famoso lago tras los ventanales.