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El viernes 1 de mayo, festivo, la Guardia Civil puso en marcha un complejo dispositivo para asaltar un buque mercante que, según la información recibida, podía transportar en sus bodegas un gigantesco alijo de cocaína. En esa tarde, plácida para muchos, ocho guardias civiles uniformados de oscuro, con cascos y chalecos antibalas, desembarcaron del buque Duque de Ahumada del instituto armado a bordo de una lancha que les llevó hasta el barco que supuestamente llevaba la droga. Fue una hora de travesía en la que el oleaje zarandeaba la lancha, según registró en un vídeo otra embarcación auxiliar que participaba en el operativo. Hasta que, por fin, se colocaron en el costado del barco sospechoso, bautizado Arconian. El carguero, con el casco pintado de verde y rojo, y de una longitud similar a la de un campo de fútbol, navegaba frente a las costas de Dajla, a antigua Villa Cisneros, en el Sáhara Occidental, y a 200 millas náuticas (370 kilómetros) al sur de las islas Canarias.
El siglo XXI para las universidades europeas vino de la mano de la Declaración de Bolonia y de su promesa de un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Bajo el marco legal del Acuerdo General de Comercio de Servicios de 1995 de la Organización Mundial del Comercio, y el propósito político de la Unión Europea contenido en la “Quinta Libertad”: la libre circulación de conocimientos, las sociedades europeas empezaron a cambiar su mirada sobre la universidad. Un proceso tan exitoso como impreciso en sus términos.
YouTube, TikTok o Instagram afrontan una avalancha de contenido generado por IA y dirigido a público infantil. Es fácil de crear y rápido. Se multiplica de manera industrial. Pero tiene los fallos propios de la generación de vídeo con IA: inconsistencias visuales, incoherencias narrativas y de verosimilitud. Aún es pronto para que haya estudios al respecto, pero ya han surgido voces de especialistas que hablan del impacto de este tipo de vídeos en el aprendizaje cognitivo de los más pequeños.
Todo baila en la cabeza de los ciclistas del Giro, que vuelan a Calabria desde Sofía la noche del domingo, y se preparan para ascender por la península hasta las montañas de la frontera y la guerra con Austria en un viaje de 20 días. Es día de descanso. Pocos duermen bien, y ni los orfidales les ahorran las pesadillas a muchos, conmocionados aún por el bum catacrac, crujido de huesos astillados y dientes, rostro ensangrentado, modelo para eccehomo, de Adam Yates, quejidos, de la caída sangrienta de la segunda etapa, llegando a Veliko Tarnovo durante la excursión búlgara. Para Thomas Silva, de 24 años, el día de la pesadilla de todos fue el de su anhelo cumplido, duerme profundo y solo le desvelan sueños que son rosa lindos, como la maglia que viste.
No habrá un Tom Cruise que disfrute de vuelos rasantes sobre la playa de La Croisette de la patrulla acrobática de la Fuerza aérea francesa, como ocurrió en el estreno en 2022 de Top Gun: Maverick. Harrison Ford, o una estrella similar, no subirá las escaleras del Palacio de Festivales al ritmo de una melodía icónica, como hizo el mencionado en su despedida del arqueólogo del látigo en Indiana Jones y el dial del destino, en 2023. No se proyectarán las grandes películas animadas de Pixar, Disney o Universal. No habrá un desfile de modelos y celebridades al ritmo de las canciones del rey del rock como en 2022, cuando se proyectó Elvis. No vendrá un Quentin Tarantino a desplegar su enorme cultura fílmica como sí pasó en 2019 con Érase una vez en... Hollywood. En Cannes de 2018 se lanzó Han Solo: una historia de Star Wars. Mad Max: furia en la carretera dejó al público con la boca abierta en 2015, y su secuela, Furiosa: de la saga Mad Max, también se estrenó en el certamen, en 2024. Desde 2017, y aquel año se vivió como una excepción, Hollywood nunca había faltado a su cita en la Costa Azul. Hasta este mayo. Y tiene mal arreglo.
Es frecuente que Puerto Rico se quede al margen cuando el asunto a tratar es su literatura. Tanto en España como en América Latina, es muy poco conocida pese a su potencia y calidad. Con excepciones, por razones de política editorial, lo que se escribe en Puerto Rico se queda en Puerto Rico. El olvido es generalizado. En un libro tan emblemático como Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano no menciona a la isla una sola vez. No había afán de ofender, huelga decirlo. Es mera cuestión de invisibilidad. Muchas veces, demasiadas quizás, Puerto Rico se queda simplemente fuera.
Es probable que a usted le suene esta fórmula bien porque la emplea cuando las relaciones se tornan demasiado íntimas, o porque ha salido con alguien que se comporta de esta manera. Una relación amistosa, amorosa o familiar va cobrando fuerza hasta que una de las partes, en el momento en el que siente que se están forjando vínculos demasiado íntimos, se aleja instintiva e instantáneamente como forma de defensa. La terapeuta Kati Morton habla de personalidades ‘pez globo’, un concepto que creó cuando su psicóloga le dijo que posiblemente sus relaciones nunca llegaban a buen puerto porque temía mostrarse vulnerable. “Eres como un pez globo. Si alguien se acerca demasiado y empiezas a sentir que estás dejando al descubierto tu vulnerabilidad, sacas las espinas en lugar de comunicarte”, le dijo. Sandra Ferrer, psicóloga sanitaria, asegura que este tipo de comportamiento, pese a que a priori parezca contradictorio, tiene mucho sentido. “Conforme nos sentimos decepcionados, rechazados, abusados, abandonados, ninguneados o no correspondidos en relaciones pasadas, los seres humanos vamos desarrollando estrategias adaptativas para sobrellevar de la mejor manera el dolor que experimentamos en los vínculos y evitar sentirnos de nuevo así”, asegura. “Estas estrategias fueron funcionales en su día, pues su misión era protegernos. El problema es que esos mecanismos de defensa a los que llamamos protectores se solidifican con el tiempo y, lo que tenía un objetivo de hacernos sentir a salvo, acaba volviéndose en nuestra contra. Necesitamos actualizar esos mecanismos que en su día nos ayudaron a no sentir ese dolor punzante”, explica.
Primera novela del mago Pynchon desde Al límite (2013) y, a juzgar por su edad provecta, presumamos que la última. Y sí, era de prever que el calado de esta entrega fuese menor que el de sus míticas obras maestras, La subasta del lote 49 (1966), El arco iris de gravedad (1973) o Mason & Dixon (1997), amparadas casi todas ellas por la más ortodoxa estética de la posmodernidad, y no cabía a estas alturas esperar nuevos trucos. A oscuras, sin embargo, es una extraordinaria criatura pynchoniana, promiscua y miscelánea como sus antecesoras, una fiesta concurrida y pasada de vueltas que actúa de caja de resonancia de su obra entera, a la que no alude de forma explícita o desde la tentación de la autoparodia sino con la traviesa intención de despedirse de ella involucrando a su lector, que pronto entiende que le ha sido encargada una labor detectivesca, la de seguir las pistas que en el texto han ido dejando las novelas anteriores.

Son muchas las vidas que ha tenido Safo desde la Antigüedad hasta nuestros días. Si según Christine de Pizan, en La ciudad de las damas, a la muerte de Platón encontraron bajo su almohada unos poemas de Safo, seguro que Lawrence Alma-Tadema se inspiró en la lírica de Alceo cuando pintó a la bella Safo con cabellos ceñidos de violetas y dulce sonrisa. Aristóteles alabó su don de palabra y Ovidio nos recuerda que ella misma se lamentaba de no ser bella, de baja estatura y de piel morena. Muchos han visto en ella a la verdadera reveladora del amor en Occidente, “esa pequeña bestia dulce y amarga”; otros se han valido de su figura en la reivindicación de la igualdad de género. Quizás es ahí donde hallamos más usos y abusos de la poetisa de Lesbos, para unos una tríbada impúdica amante de mujeres que debería arder toda la eternidad en el infierno, para otros la sacerdotisa de un culto que propagaba la revolucionaria y justa idea de que ni se nacía mujer ni se llegaba a serlo si una no quería. Ambos extremos nada tienen que ver con la realidad.

Preguntas. La casera ha descontado dinero de la fianza y lo justifica diciendo que como no subió en los años anteriores el alquiler se redime. También ha descontado el importe (sin aportar las facturas, solo con unas fotos que hizo de lo que iba a comprar) de cosas que tiene que reponer. Estoy reclamando, ya que no es justo que se quede el dinero de esa manera. A. Boreal