Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia

Miércoles a primera hora de la mañana en un hotel madrileño. El cineasta palestino Basel Adra, ganador del Oscar por el documental No Other Land, cumplió el lunes 30 años esperando horas de colas en puestos fronterizos y atravesando controles (“Es inhumano, es otra herramienta contra los palestinos”, describe) para poder participar en la Conferencia Ministerial, coorganizada por los ministerios de Cultura de España y Palestina, que se inauguró en el Museo del Prado ayer por la tarde, y en la que más de 30 delegaciones internacionales firmarán una declaración para la reconstrucción de la cultura palestina. Gracias a su estatuilla y al recorrido de su película, Adra es uno de los rostros más visibles de los artistas dentro y fuera de su país, porque además sigue viviendo donde nació, en Al Tuwani, pedanía de Masafer Yata, una inhóspita zona del sur de Cisjordania retratada en su filme. “Me reconocen en todos los puestos israelíes, eso me da miedo”, confirma. Serio —aunque sonreirá cuando se hable de fútbol y de su hija de año y medio— y acompañado de su esposa, Adra se sienta a charlar. Solo realiza una petición: que la mesa elegida sea en la zona más silenciosa porque habla bajo y en tono grave.


Han pasado 20 años desde que el 6 de julio de 2006 Aquí no hay quien viva echara el cierre a la portería de Desengaño 21. Sus vecinos nunca vivieron la larga crisis económica, la covid, una guerra en Europa y tres presidentes del Gobierno. YouTube entonces daba sus primeros pasos, y el streaming era un palabro que ninguno habría entendido. Aun así, la serie hoy domina a la perfección las nuevas pantallas y logra un hito difícilmente equiparable: sus cinco temporadas están disponibles en las siete principales plataformas de televisión en España. Allí, e incluso solo con los datos de cuatro de ellas, sus capítulos acumulan un promedio mensual de 5,9 millones de espectadores únicos en streaming, como detalla un barómetro de la consultora Barlovento Comunicación.
“Me han dicho que la primera vez que lancé la pelota por encima de la red fue a los 18 meses”, escribe Conor Niland (Birmingham, 45 años) al comienzo del muy apreciable Contra las cuerdas (Editorial Contra), un libro biográfico sobre su experiencia como tenista profesional. Entre 2000 y 2012, cuando se retiró debido a una lesión, Niland fue cabeza de ratón y cola de león al mismo tiempo. Por un lado era el mejor tenista irlandés de su generación, lo que le llevó a líderar cinco años el equipo de la Copa Davis. Por otro, ser el número 1 de Irlanda en tenis no significa gran cosa. En el ranking que puntua a los tenistas de uno para abajo, Niland, en su mejor momento, solo llegó al 129. Y unicamente los 100 primeros ganan lo suficiente como para vivir con holgura.

Alba Melendo (Teruel, 40 años) solo tenía 14 años cuando se enamoró de John Galliano. Ya ahí supo que quería dedicarse la moda. Sus padres, en cambio, querían que fuese a la universidad, por eso acabó haciendo Periodismo. “El primer día de clase, un señor que se llamaba Macià Mercadé, que luego condenaron a prisión por el tema del Fórum Filatélico, nos preguntó a qué queríamos dedicarnos. Cuando dije que yo quería ser estilista se rio de mí y dijo: ”Ah, estitonta”. Pero, ¿cómo te quieres dedicar a eso?”. Se acabó dedicando a “eso” y más: ha diseñado el universo estilístico de las giras de artistas como Bad Gyal, Karol G, Ana Mena o Aitana y tiene un exitoso podcast propio llamado Fashion sucks y viste a famosas como Georgina Rodríguez. Ella misma va camino de ser una celebridad.



Durante gran parte del año, los pies permanecen protegidos bajo calcetines y calzado cerrado. Sin embargo, cuando llega el verano, se exponen mucho más al sol, el calor, la arena, y, en definitiva, a todo tipo de agresiones externas. Como consecuencia, la piel se reseca con mayor facilidad y los talones empiezan a agrietarse.


La Audiencia Provincial de Badajoz no ha rehuido el debate público y ha recogido en su sentencia dos de las conductas que han marcado la causa por la que David Sánchez, el hermano del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido condenado a nueve años de inhabilitación por prevaricación administrativa. Los magistrados hablan abiertamente de “nepotismo” y “absentismo”, dos prácticas que tachan de “éticamente censurables” pero que aclaran que no siempre merecen reproche legal. De hecho, la segunda ni siquiera es delito, subrayan.

¿Cómo puedo saber si soy celíaco? ¿Qué debo tener en cuenta a la hora de comer fuera? ¿Hay cura para la celiaquía? Vivir sin gluten entraña miedo, dudas e incertidumbre. Para responder a estas y otras preguntas, EL PAÍS organizó el pasado miércoles 1 de julio un encuentro virtual con Lorena Pérez, dietista especializada en celiaquía y responsable de Celicidad, moderado por la periodista Ana Rodríguez, autora del boletín Vivir sin gluten. Si eres suscriptor y quieres recibirlo, puedes apuntarte en este enlace. Los no suscriptores también pueden apuntarse para recibir la primera entrega a modo de prueba.

“Antes de actuar siempre me escondo en algún sitio y observo a la gente sin que me vean. Quiero entender sus vibraciones, cómo de borrachos van, la edad media en la pista...”. Semanas antes de subirse al escenario de Icónica Santalucía Sevilla Fest, el músico y DJ británico Fatboy Slim —de nombre real Norman Cook (Londres, 62 años)— comentaba esto por videollamada desde su casa en Brighton. Consciente de que su relación con el público español es larga (es habitual de festivales y de Ibiza, donde tiene dos fechas en agosto y otra más el 5 de octubre) y de que no ha sufrido apenas altibajos en sus cuatro décadas de carrera, lo que más preocupaba aquel día al autor de Better Living Through Chemistry era que su concierto estaba previsto en martes “y al día siguiente hay clase”, apuntaba con esa juvenil y disfrutona aproximación a la vida que siempre le ha caracterizado y que, de momento, no tiene ninguna intención de perder.

El futuro del comercio mundial de ropa de segunda mano y de la gestión de los residuos textiles se juega en un debate internacional que se dirimirá en la Conferencia de las Partes del Convenio de Basilea (COP18), prevista para abril de 2027 en Panamá. Dos grandes corrientes de opinión intentan influir en la reforma de las reglas que regulan estos flujos. Por un lado, hay un grupo con una visión más ambiental que reclama controles más estrictos para evitar que los países ricos exporten residuos textiles bajo la etiqueta de “ropa usada” al Sur Global. Por otro lado, está el sector de la reutilización y el reciclaje, que pide aplazar o flexibilizar el endurecimiento de la norma por temor a poner en riesgo miles de empleos que dependen del comercio de ropa de segunda mano en África, Asia y América Latina.

Que sí, Antonio, que ya sabemos que el gazpacho andaluz es rojo y lleva tomate. Que solo se le puede poner lo que le ponía tu abuela, y que lo demás son moderneces absurdas. ¿Ya te has calmado? Venga, que no es para tanto. Los gazpachos blancos existen desde hace mil años –es un decir– en Andalucía, y remiten a un pasado anterior al siglo XVIII, cuando el consumo del tomate todavía no se había generalizado.