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Ya hace tiempo que en los palacios del poder se sabe que la fiscal superior de Madrid no traga al fiscal general del Estado, así que esa mañana temprano, cuando Álvaro García Ortiz la llama por teléfono hasta seis veces seguidas y le envía un torrente de mensajes de texto, Almudena Lastra no le responde, sino que termina de arreglarse y a eso de las 8.30 sale de su domicilio y se dirige en coche al despacho. La noche anterior, cuando su jefe de prensa le advierte, muy nervioso, de que García Ortiz anda removiendo Roma con Santiago para tratar de desmentir una noticia falsa que ha puesto en circulación el diario El Mundo, Lastra le responde: “Tranquilo, Íñigo, apaga el teléfono y vete a dormir”.
La cita para esta entrevista, al principio, estaba fijada a mediados de febrero en un hotel de Berlín. La escritora Arundhati Roy (Shillong, India, 64 años) estaba invitada a la Berlinale, el festival de cine, con ocasión del estreno de la versión restaurada de In Which Annie Gives It Those Ones (en el que Annie la monta, sin traducir al español), un popular telefilme de 1989 cuyo guion ella escribió y en el que actuó. A última hora, y estando en París a punto de subirse al avión hacia Berlín, vio que, en una rueda de prensa el cineasta alemán Wim Wenders, presidente del jurado, y otros miembros del cónclave eludían las preguntas sobre Israel y Gaza. “Me sorprendió que personas tan inteligentes tuviesen miedo de decir cualquier cosa sobre Gaza”, recuerda Roy. Y anuló el viaje y la entrevista.
Son las nueve de la noche, acaba de llegar la luz después de 17 horas en la casa de Santo Suárez, en La Habana, y el escritor Rodolfo Alpízar enciende la vieja computadora y busca fotos de otras épocas. “Tengo muy pocas”, se disculpa. Conserva una imagen de sus tres meses de nacido, en 1947; un recorte de periódico de su paso por la antigua escuela de Letras, de 1970; una de cuando se fue a la guerra en Angola, en 1976; e incluso otra del momento en que el fallecido exministro de Cultura, Rafael Bernal, le coloca una medalla en el pecho. No hay imágenes de cuando se fue a recoger café al Oriente, ni de los cortes de caña, ni de los trabajos voluntarios, las donaciones de sangre, de su paso por las Fuerzas Armadas como fundador de las tropas coheteriles antiaéreas, o de su rol como delegado del Poder Popular. Es decir, no hay un retrato que capte todo lo que le entregó a Cuba. “He hecho cuanto creí que me correspondía como hombre de la Revolución”, dice. “Y no me arrepiento, porque creí en lo que hacía, y porque nunca mis convicciones me llevaron a hacer mal a nadie”.
La guionista Gaba Agudo Adriani buscaba con el GPS la casa de una amiga en Caracas cuando acabó frente a una calle cerrada por uniformados y controles. Tardó varios segundos en entender no solo que allí vive Delcy Rodríguez, sino quién es ahora Delcy Rodríguez. Ese instante de desconcierto resume bien una sensación común ante el nuevo momento del país. Después de años atrapada en la espera del cambio, Venezuela ha entrado en una nueva etapa sin que sus ciudadanos terminen de saber dónde están parados. La realidad se movió de golpe, pero sigue envuelta en una mezcla de optimismo e incertidumbre. Algo cambió: lo difícil es definir cuánto, hacia dónde y por cuánto tiempo. Aunque sí parece irreversible.
En la recta final de marzo no es mala cosa elevar la mirada al deambular por las calles, porque de los poyetes de las ventanas y entre los barrotes de los balcones asoma mucha belleza. Como la de varias plantas suculentas que no se detuvieron en el invierno y prosiguieron la marcha para crear tejidos nuevos, hojas lustrosas e incluso flores. En este grupo hay un género muy amplio, con gran cantidad de especies: los sedos.

Manuel Filiberto de Saboya, Pablo de Grecia, Luis Alfonso de Borbón. Los tres son los jefes de sus dinastías y forman parte de una larga lista de casas históricas que ya no reinan, pero que siguen siendo protagonistas de la actualidad: ocupan titulares en medios y también horas de televisión, y comparten tiempo y actos con miembros activos de realezas europeas. Son los máximos representantes y pretendientes a ocupar el trono en países donde las repúblicas llevan instaladas y consolidadas desde hace décadas, e incluso siglos. No tienen pretensión de reinstaurar las monarquías; aunque algunos lo han soñado.
La escena se repite cada vez con más frecuencia. Un hospital que opera en zona de conflicto es bombardeado y los responsables del ataque aseguran que la instalación había dejado de ser neutral. No presentan pruebas independientes, nadie ha verificado que se cometieran actos hostiles entre sus muros, pero el mensaje se impone: si un centro sanitario alberga al enemigo, deja de ser un espacio protegido. Y así, lo que el Derecho Internacional Humanitario tipifica como crimen de guerra —el bombardeo de un hospital— pasa directamente a presentarse como una operación legítima.
Cenar ligero, poner la alarma antes de las siete de la mañana, irse a dormir pronto. No es la tediosa rutina de un trabajador en un día laborable, sino la que eligen los viajeros que han convertido en hacer deporte su principal objetivo vacacional. El turismo activo se ha consolidado en España como uno de los segmentos más dinámicos del sector. En 2025, el 21,4% de las experiencias turísticas ofertadas online en España incluían actividades deportivas, según recoge el último informe de la plataforma Yumping, posicionándose como la categoría con mayor crecimiento, solo por detrás de la oferta cultural. Su valor también se traduce en un importante impacto económico. En 2024, el turismo deportivo —que incluye viajar tanto para ver como para practicar deporte— generó más de 8.351,2 millones de euros en el país, según el informe de la consultora Lin3s. “El turismo deportivo ya no es una acción puntual, sino una auténtica estrategia territorial”, advertía el pasado enero Andrés de la Dehesa, presidente de la Asociación Española de Fabricantes y Distribuidores de Artículos Deportivos durante la cuarta edición de Fitur Sports.
El fondo soberano de Noruega es el mayor referente mundial en inversión responsable. Un comité ético independiente —formado por cinco personas— estudia qué empresas cotizadas no cumplen con los estándares medioambientales o de respeto a los derechos humanos, fijados por el Parlamento para que el fondo pueda invertir en ellas. En la lista actual de exclusiones hay 206 compañías. Entre ellas, la española Prosegur. La decisión del comité de recomendar la desinversión en 11 empresas israelíes y una de EE UU, por su papel en la invasión de Gaza, provocó una pequeña crisis diplomática en septiembre, con algunos senadores norteamericanos pidiendo la retirada de visados para los trabajadores del fondo en Nueva York.

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