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El Gobierno andaluz (PP) ha menguado el primer escalón del cribado de cáncer de mama en Sevilla, sus cuatro unidades donde se realizan las mamografías a decenas de miles de mujeres cada año para detectar la enfermedad. Tras estallar el escándalo de los cribados el pasado octubre que afectó a 2.317 mujeres, la Junta anunció una inversión millonaria, pero el resultado ha sido desigual en la capital andaluza, epicentro de la crisis: las dos administrativas que en cada unidad han citado hasta ahora a las mujeres, se reducirán a una sola, una merma que ya se ha ejecutado en tres unidades y la última, ubicada en el centro de salud de La Juncal, se rematará tras el verano. Las mujeres que acudan a las unidades se toparán a menudo con un cartel que las conmine a volver en otro momento.

Un nuevo chatbot “oficial y soberano” del Gobierno ayudará al profesorado de la enseñanza pública realizando la primera versión de las evaluaciones de los alumnos, las adaptaciones curriculares de los chavales que las necesitan, y otros documentos que los docentes tienen que redactar a lo largo del curso, además de facilitarles la creación de actividades para el aula. El llamado Programa de Inteligencia Artificial para la Educación cuenta con un presupuesto de 140 millones de euros y, según han adelantado a EL PAÍS fuentes conocedoras del mismo, se pondrá en marcha entre este año y el siguiente. El objetivo es aliviar a los profesores de la carga burocrática, que ha aumentado a raíz de la reforma educativa y se ha convertido en una de las principales causas de su malestar según reflejan tanto las encuestas de los sindicatos de enseñanza como los estudios oficiales. El plan incluye un plan para formar a los docentes en la materia.
En los últimos años hemos asistido a escándalos que han ocupado portadas en todo el mundo: investigaciones que se presentaban como revolucionarias y acabaron retiradas por fraude, crisis incluso en instituciones tan prestigiosas como las que otorgan los premios Nobel, fraudes sonados en áreas como la psicología o la biomedicina. A ello se suman noticias sobre irregularidades en centros de investigación punteros, conflictos de intereses o manipulación de indicadores en Europa y en España. El efecto acumulativo de estas historias no sorprende: alimenta la sensación de que la ciencia no es diferente de cualquier otro ámbito de poder, que también está corrompida.
El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) estrena la primavera con una muestra monumental, que ha supuesto más de siete años de trabajo y requerido los préstamos de más de sesenta museos y colecciones privadas de todo el mundo. Rafael: poesía sublime es la primera gran antológica dedicada al maestro italiano en EE UU; al niño prodigio, el Mozart del Renacimiento, que antes de los 25 años ya era pintor vaticano y a su muerte, el día que cumplía 37, dejó una obra inabarcable: pinturas, dibujos, excelsos grabados, tapices y artes decorativas; también diseños arquitectónicos o apuntes al natural de los monumentos de Roma.
La cita con Vittorio Giardino, el grandísimo historietista italiano, uno de los más acreditados representantes de la línea clara del cómic y que una vez dibujó el fusilamiento de Corto Maltés, es a mediodía en la Biblioteca Salaborsa, en la plaza de Neptuno, en el corazón de Bolonia, la ciudad del autor. Pero es lunes y la biblioteca está cerrada así que, al haber llegado con antelación, toca esperar en sus amplias escaleras de entrada entreteniéndose con la vista del centro histórico, que parece salido de una viñeta del propio Giardino, y la lectura de la información en un panel sobre la represión fascista a raíz del atentado del yekatit 12 (el 19 de febrero en el calendario etíope) en 1937 en Adis Abeba contra el mariscal Graziani, suceso digno de una historieta de Hugo Pratt, amigo y maestro de Giardino.




Sara Canals (Andorra, 35 años) comenzó a finales de 2022 a cubrir para Cadena SER información desde Washington. Desde hace unas semanas, también se encarga del podcast Una Casa Blanca (SER Podcast). Con él aborda y analiza en profundidad temas en torno a la institución que no aparecen en la sección de noticias de última hora.

En el corazón de la Galería de Mamah Africa, el color no decora, vibra con una intensidad casi ritual. Sobre telas africanas de gran textura emergen rostros femeninos atravesados por líneas de ocre, escarificaciones simbólicas y miradas que parecen dirigirse simultáneamente al espectador y a otro lugar invisible. Son mujeres que sostienen, protegen, interceden o recuerdan. Mujeres que constituyen el eje de equilibrio de la comunidad bubi.


“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta”. Así empieza una de las novelas más importantes de la literatura universal contemporánea que, escrita por el autor ruso Vladímir Nabokov, introducía al lector en la mente de Humbert, un pederasta que narra la historia sobre cómo se obsesiona con una menor de edad. Durante la novela, su voz responde a la de un narrador no fiable, es decir, uno que hace dudar al lector de la veracidad del relato.
Si dejáramos hablar solo al dinero, no habría discusión: en estrictos términos pecuniarios, las semanas de la moda son, como el turismo, un gran invento. El impacto en las economías de las ciudades por donde pasa el gran espectáculo (digan circo, si prefieren) de la industria del vestir cada seis meses avala por sí mismo un sistema centenario de probada resiliencia ante cualquier vicisitud, ya sea la inestabilidad geopolítica, la desaceleración del consumo, los vaivenes de los mercados e incluso las crisis sanitarias. Ahí están los 400 millones de euros anuales que ingresa París entre las presentaciones de prêt-à-porter —mujer y hombre— y alta costura, según cifra la Federación de la Moda Francesa, que se disparan hasta los 1.200 millones sumando lo que dejan las ferias textiles celebradas a la par. O los cerca de 500 millones totales derivados de las pasarelas de Milán (239 millones solo con la femenina en septiembre de 2025, por ejemplo, un crecimiento del 12% respecto a la anterior de febrero, en estimaciones de la Camera Nazionale della Moda). Hasta las más mermadas Nueva York y Londres mantienen el músculo, con 800 y 300 millones de euros, respectivamente, que revierten en las arcas municipales y, por extensión nacionales, al año. Hoteles, bares y restaurantes, tiendas, servicios de transportes, agencias de producción y relaciones públicas, modelos y fotógrafos, estilistas, peluqueros y maquilladores, técnicos de luz y sonido —más de 600.000 puestos de trabajo directos e indirectos en París, alrededor de 560.000 en Milán, casi 200.000 en Nueva York—, aquí ganan todos. Menos quienes deberían ganar de verdad.
De joven, Adolfo Aguilera tuvo un accidente de moto en Madrid, cerca de Manuel Becerra. Entonces tenía muchos amigos, pero no se atrevió a llamar a ninguno para que recogiese su moto. Tuvo que pagar a un taller. “Yo salí dos veces del armario. La primera cuando me acepté como hombre gay y la segunda como motero. Entre mi círculo de amistades no lo comentaba, era una afición fuera del mundo gay. Pensaba que iban a decir: ‘Mira al tonto ese, que va de machito”, recuerda. Ahora tiene 66 años y una Honda VFR1200 gracias a la que ha conocido a grandes amigos y, sobre todo, a su actual pareja.