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En una TVE con los mejores resultados de audiencia en más de una década no parece haber hueco para las series en prime time. Desde el final de Ena en diciembre de 2025, ninguna ficción por capítulos producida por RTVE ha encontrado espacio en sus noches. Solo Anatomía de un instante, procedente de Movistar Plus+, ocupó una sola noche. No ocurre lo mismo en las tardes, donde Valle salvaje y La Promesa se han convertido en estandartes de la cadena pública gracias a su solidez y estabilidad. Pero, ¿qué ocurre con las series en el prime time de La 1?

Todos coinciden en que hay talento. También en que el desfile es necesario para conectar con la clientela potencial y como herramienta de comunicación, aunque la inversión económica sea importante y quizá le haga falta un poco más de ingenio al formato. Pero algo falla para que la moda española no acabe de importar del todo en el tablero europeo mientras países como Portugal o Dinamarca van ganando terreno y visibilidad. Falla el relato. “Acabo de ver la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, y la moda italiana ha ocupado un lugar central. Si esa ceremonia se hubiese celebrado en España, ¿la moda y alguna de sus figuras icónicas habrían estado presentes? Pues eso”, comenta Pepa Bueno, directora ejecutiva de la Asociación de Creadores de Moda de España. Pero no solo eso. En un país con una tradición textil y artesanal de siglos, faltan talleres, “y una educación acorde que sepa apreciar lo manual y lo productivo”, apunta Valentina S. Zuloaga, cofundadora de la web multimarca de moda española Es Fascinante y actual directora de la semana de la moda de Madrid.
“A todos sorprendió la tragedia, seguramente, pero más que a todos, a ese mundo pintoresco de la escena, donde se ríe y se llora por el oficio hasta el extremo de que cuando se tiene que reír y llorar de verdad, nadie sabe el valor de las lágrimas ni el valor de la risa”. Con estas palabras del periodista Ezequiel Endériz comienza Cómicos en guerra, un “retablo humano” donde Pedro Corral cuenta las vicisitudes de escritores, actores, empresarios teatrales, cantantes y cineastas, de Enrique Jardiel Poncela a Rafaela Aparicio, de Pepe Ysbert a Estrellita Castro, de Jacinto Benavente a la Argentinita, de Raquel Meller a Rafael Gil o Estrellita Castro.

La libertad sexual iba a traer todas las posibilidades, un catálogo infinito de opciones en ese terreno secuestrado tantos siglos por la moral. Pero como pasa en otros ámbitos, libertad no es igual a satisfacción y una vez que se obtiene empieza el trabajo de verdad: gestionarla, aprender a navegar el imprevisible oleaje del deseo y los afectos, las relaciones y sus sinsabores. Erich Fromm debería volver de su tumba y ofrecernos un nuevo arte de amar, a ser posible con un capítulo cuyo título podría ser “¿Cómo follar en el siglo XXI?” Porque parece que el tema se va complicando cada vez más. Marita Alonso, en SModa, daba cuenta, por ejemplo, de la realidad que viven muchas mujeres que tienen encuentros sexuales de los llamados “casuales”, esos rollos de una noche con desconocidos o casi: solo en el 10% de los casos ellas acaban llegando al orgasmo mientras que el porcentaje de las que tienen relaciones sexuales dentro de parejas estable lo alcanzan en casi el 70 %. Y es que el sexo no es casi nunca esa explosión de fuegos artificiales tan representada en los medios audiovisuales y los aquí te pillo aquí te mato suelen ser de lo más decepcionantes. Los amantes virtuosos, atentos y competentes no suelen estar en los baños de las discotecas ni en las aplicaciones de citas. La excitación del desconocido no lleva necesariamente al placer. El sexo también es cuestión de conocimiento, un conocimiento que se va teniendo de la posible pareja con el tiempo previo, esa danza que es la seducción mutua y que sirve para ir tejiendo complicidades. Follar con alguien de quien no sabes ni el nombre, incluso si físicamente está estupendísimo, es como follar con un pollo muerto y desplumado. Sin alma, que dirían los poetas.

Hay poetas que saben esperarte. Emily Dickinson llevaba lustros aguardándome. Hay obras que descubres cuando habías perdido la esperanza de entenderlas. Antes, nos rozan, se insinúan, se dejan ver de forma delicada. Después, un miércoles cualquiera, nos llaman por nuestro nombre. “Ya es la hora”, nos dicen, “léeme”. Durante años supe que Dickinson estaba ahí, en ese lugar geográfico de mi biblioteca, con una respiración tan baja que parecía no existir. Conocía algunos de sus versos (“el para siempre está hecho de ahoras”, por ejemplo), citados sin amor. Dickinson estaba bien, pero no era para mí. O yo no era todavía para ella. Faltaban derrotas, faltaban silencios, faltaba una cierta domesticación del asombro. Hay lecturas que exigen una edad moral, no biológica. Dickinson no pide entusiasmo sino atención; no pide adhesión sino disponibilidad. Sus poemas no avanzan: se detienen. No explican: interrumpen. Uno entra en ellos como quien entra en una habitación oscura, confiado en que algo se manifestará si logra que los ojos se acostumbren a la ausencia de luz.
Las bicicletas modernas están pensadas para volar. Son aerodinámicas, ligeras, inteligentes, incluso. Pero volar es cosa de unos pocos y la lentitud tiene sus recompensas: se puede reparar hasta en los detalles más nimios. Escalando las interminables pistas de grava, afortunadamente sin asfaltar, que conducen al corazón del parque nacional Sierra de las Nieves, en la provincia de Málaga, uno puede verse reflejado en el espectáculo de la naturaleza. Un escarabajo pelotero desplaza su bola perfecta de alimento con el mismo empeño con el que el ciclista se afana en moverse y con él su bici, ladera arriba, pedaleando hasta con la chepa a una velocidad tan reducida que el tiempo parece en suspenso. Apenas una hora antes, dejaba Marbella atrás siguiendo los pasos de Luis Ángel Maté, quien cerró sus días como profesional de la bici al término de la Vuelta de 2024 y que conoce bien los secretos de la Sierra de las Nieves, que en 2021 se convirtió en el 16º parque nacional.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sigue dándole la vuelta a su gabinete. La mutación de rostros había comenzado con cierta lentitud desde que asumió el cargo el pasado 3 de enero, pero la cirugía avanzó este miércoles a toda velocidad y ya afecta a más de un tercio del Ejecutivo. Solo este mes Rodríguez ha ejecutado reemplazos en las carteras de Defensa, Transporte, Hidrocarburos, Energía Eléctrica, Trabajo, Vivienda, Educación Universitaria, Turismo y Cultura. Semanas antes, había cambiado a los titulares de Industrias, Comunicaciones, Ecosocialismo y Aguas y Despacho de la Presidencia. Esto sin incluir los cambios en la jerarquía militar que han empezado a desencadenarse con la destitución de Vladimir Padrino como ministro de Defensa este miércoles.

En las calles reina un silencio espeso. Ramos de flores y velas encendidas se amontonan a los pies de los quioscos de helados, donde los banderines ondean a media asta. Es el fin de una era. El lunes amanecimos con noticias funestas. En la cuenta oficial de Instagram de La Menorquina, fabricante de helados desde 1940, se leía: “Nos despedimos de Punky. Deja nuestro catálogo. El mercado ha hablado: las nuevas generaciones buscan otras cosas y los adultos… bueno, os acordáis de él con cariño, pero os da demasiada vergüenza pedirlo en público. La timidez ha ganado a las ventas. Punky nos deja. Alza el vuelo. Gracias por tantos veranos”.
Abril de 2025. Indra, compañía de referencia en el sector de la defensa, desliza su interés por el pujante grupo español Escribano Mechanical & Engineering (EM&E Group). A nadie escapa que el presidente de Indra, Ángel Escribano, afronta un conflicto de interés galopante en tanto copropietario y fundador de la firma que se pretende adquirir. Aplicado el conveniente maquillaje en la gobernanza, los implicados entonan un sentido pelillos a la mar. El Gobierno -que controla el 28% de Indra a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI)- decide mirar para otro lado y defender las bondades de la transacción por tierra, mar y aire. Todo sea por la seguridad nacional. Hasta que, en febrero de 2026, según adelanta El Confidencial, inopinadamente, todo detona y la presidenta de la SEPI, Belen Gualda, en pleno consejo de administración, manda parar.
Tanteó opciones, encargó estudios de mercado y, con la decisión tomada, Stephan Winkelmann (Berlín, 61 años) escogió principios de año para comunicar el cambio de rumbo. Dio la noticia en una entrevista con el diario británico The Times: Lamborghini, la compañía de coches de lujo que preside, no hará modelos de cero emisiones, solo híbridos enchufables.